miércoles, 21 de marzo de 2012

"De las manos de Hergé, a las cámaras de Spielberg"

Título: The Adventures of Tintin (Las Aventuras de Tintín)
Año: 2011
Género: Animación, Acción, Aventura
Director: Steven Spielberg
Guión: Steven Moffat, Edgar Wright, Joe Cornish (escrita por), Hergé (serie de cómics "Las Aventuras de Tintín")
Duración: 107min
Reparto: Jamie Bell, Andy Serkins, Daniel Craig, Nick Frost, Simon Pegg
Produc.: Columbia Pictures, Paramount Pictures, Amblin Entertainment, WingNut Films, The Kennedy/Marshall Company, Hemisphere Media Capital, Nickelodeon Movies
Presup: $130 millones aprox

En Las Aventuras de TinTín: El Secreto del Unicornio, tras hacerse retratar en una feria artesanal, Tintín se topa con un vendedor que le ofrece la maqueta de un barco. El joven periodista se queda con la compra, a un precio que, más tarde, habrá pasado a sonar excesivamente barato, cuando descubra las increíbles aventuras que dicho navío le depara y de la fortuna a la que podría llegar a acceder, al final del camino. No obstante, claro está que nada de esto será de trámite fácil, cuando deba enfrentarse al temible Ivan Ivanovitch Sakharine, quien planea sabotear sus planes. Será así que Tintín deba valerse de la ayuda de su perro Milú, de su nuevo amigo, el capitán Haddock y de los policías, Hernández y Fernández, dos torpes, pero siempre bienintencionados servidores de la ley, para salir victorioso.
Con Las Aventuras de Tintín: El Secreto del Unicornio, el célebre director norteamericano Steven Spielberg se ha puesto, finalmente, manos a la obra, cumpliendo con su sueño de llevar a la gran pantalla al más reconocido personaje de historieta de la obra de Hergé, creado en 1929.
Largo rato tuvo que pasar antes de que este director se pusiera a trabajar en la película, si tenemos en cuenta que él ya poseía los derechos en 1983. Resulta, asimismo interesante saber, cómo fue que dibujante y director supieron, cada uno de ellos, acerca del otro. Por un lado, El Diablo sobre Ruedas (1971) fue la primera película que Hergé afirmara haber conocido de la filmografía spielberiana y, según sus propias palabras, la misma le habría gustado tanto, que desde ese momento procuraría no perderse ninguna otra.
Por el otro lado, Steven Spielberg conocería al dibujante, luego de que en 1981 estrenara Indiana Jones y el Arca Perdida. En una ocasión en que se encontraba viendo una crítica francesa, el director notó que en dicho texto se hacía constante referencia a un tal Tintín, por lo cuál decidió recurrir a alguien que le tradujera. De inmediato pudo enterarse de que, según la crítica, su película representaba un claro homenaje a Hergé. Sin embargo, lo curioso del hecho era que Spielberg nunca había oído de tal individuo, hasta ese entonces. Sería así que Steven decidiría informarse más al respecto y leer dicho cómic, algo que desembocaría en su inmediato fanatismo y su posterior adquisición de los derechos para adaptarlo. Algo que incluso serviría de aún mayor inspiración para este hombre, sería enterarse de que el propio Hergé lo considerara a él como el realizador ideal para hacer de su personaje una película. Según las propias declaraciones del autor: “Si alguien puede llevar satisfactoriamente a Tintín a la pantalla, es este joven director americano”. Esto había sido escrito por el caricaturista, poco antes de morir, en 1983, cuando las negociaciones entre este y Spielberg, acababan de iniciarse.
De esta manera, y aunque tras un, algo tardío comienzo, Spielberg finalmente dirigiría el rodaje de la película en marzo del 2009, en un total de 32 días, para cederle luego el material grabado a los expertos en efectos especiales, encargados de darle color a un trabajo hasta entonces, de sólo Captura de Movimiento. Cabe mencionar que en un principio Spielberg había querido adaptar a Tintín en una película de acción real, a lo que Peter Jackson tendría que disuadirlo de que una película con actores de carne y hueso no haría justicia al cómic. La idea de Jackson era que todos los personajes fueran diseñados en base a esta captura, con la excepción de Milú, a quien veía mejor, enteramente digital. Es así, que Las Aventuras de Tintín pasaría a ser el primer filme animado, dirigido por Steven Spielberg.
Pasando ahora a mis propias observaciones, creo que es importante saber distinguir entre “animación” y “argumento”. Tras verla, más de una vez cometí el error de expresar en voz alta: “Es Indiana Jones, pero en dibujos”. Esta afirmación, al final de cuentas, podría terminar pareciendo negativa, para todo aquel que se considerase fanático del cómic, además de errónea, si consideramos que Tintín surgió mucho antes que el arqueólogo y, en cuyo caso, lo correcto habría sido decir: “Es Tintín, pero con actores”. Pese a esto, he de aclarar que nunca fue mi intención rebajar esta adaptación cinematográfica de nuestro querido personaje, como tampoco menospreciar la tetralogía del doctor Jones. La que, en cambio, sí ha sido siempre, mi intención, era dar a entender que esta aventura, llevada al cine, guarda un muy notable parecido a las vividas por el personaje de carne y hueso, interpretado por Harrison Ford. De esta manera, cualquiera que la viera, ya fuera que se tratase o no, de un fan del cómic, creo yo, debería contemplarla con la suficiente lucidez, como para notar la indudable similitud entre ambos protagonistas. Y es que uno debería aceptar que ambos, cada cual dentro de su universo (uno, un periodista y el otro, un arqueólogo y profesor de historia), viven sus aventuras bajo el mismo modelo de circunstancias, como el estar siempre buscando tesoros, al borde de la muerte, el ser constantemente perseguidos y el estar siempre esquivando balas, por decir algunos ejemplos.
Fuera de esto, Las Aventuras de Tintín: El Secreto del Unicornio acaba por ser una película entretenida, para pasar el rato, pero que, en términos de animación, tanto a nivel de los escenarios, como de los personajes, recuerda mucho a lo hecho en películas como Avatar (2009) o Alicia en el País de las Maravillas (2010). Estas dos, sinónimos de sobresaliente calidad visual, y en donde las imágenes tridimensionales estaban dotadas de tal realismo, que incluso se hacía difícil creer que no hubieran sido hechas de filmaciones reales, sino, imágenes generadas.
Finalmente, pongo a colación lo que me significó a mi, ver esta película. Y no dudo que me pueda estar expresando como alguien que nunca ha tocado ni un solo cómic de Hergé y que carezca de un real entendimiento de la verdadera esencia de su personaje, cuando digo que, mientras la veía, hubo un momento en el que llegué a pensar: “Esto yo ya lo vi antes”. Lo que pasa, es que si uno se tomara el trabajo de quitarle a Tintín todo su misticismo, sería posible pensar que lo que uno está viendo es algo así como una quinta entrega de la franquicia de Indiana Jones, salvo que adaptada en su totalidad, al formato animado. Entonces, si obviamos por un instante todo lo que significa el maravilloso arte de la animación (y en este caso, en 3D), todo podría, perfectamente, reducirse a: joven aventurero que enfrenta los peores peligros, en busca del más oculto de los secretos y de la mayor de las recompensas. Visto desde esta perspectiva, Las Aventuras de Tintín acaba siendo mucho más sobre acción y adrenalina, que sobre un buen argumento, lo que no es, en realidad, algo malo. Esto simplemente significa, que no hay una intención de su creador (en este caso, del director) por explorar en el rubro de las relaciones humanas, porque no es eso a lo que se apunta.
En definitiva, y dicho lo dicho, Las Aventuras de Tintín: el Secreto del Universo, ya sea que uno la viera en 2D o en 3D, supone el entretenimiento asegurado, y no serán pocos los que le concedan a Hergé la razón sobre Spielberg.

Mi puntaje: 7/10


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martes, 13 de marzo de 2012

"Cuatro personas, cuatro paredes y mucho diálogo"

Título: Carnage (Un Dios Salvaje)
Año: 2011
Género: Comedia, Drama
Director: Roman Polanski
Guión: Yasmina Reza (basado en la obra de: Le Dieu du carnage"), Yasmina Reza, Roman Polanski (escrita por)
Duración: 80min
Reparto: Jodie Foster, Kate Winslet, Christoph Waltz, John C. Reilly
Produc.: SBS Productions, Constantin Film Produktion, SPI Film Studio, Versátil Cinema, Zanagar Films, France 2 Cinéma, Canal+, CinéCinéma, France Télévisions, Polski Instytut Sztuki, Filmowej, Wild Bunch
Presup.: $25 millones aprox.

Un día en una plaza, por una disputa entre niños, Zachary Cowan (Elvis Polansky) golpea a Ethan Longstreet (Eliot Berger) en el rostro, con un palo, desprendiéndole dos dientes. Tras el incidente, los padres de Zachary deciden visitar a los padres de Ethan para hacer las pases como adultos civilizados. Salvo que a ninguno de ellos le será sencillo mantener esa actitud tan educada.
Un Dios Salvaje es el título de esta película, en la que dos niños de once años no son más que una excusa para que veamos a sus padres enfrentarse. La escena del golpe nos es servida a modo de primer plato, luego de los créditos iniciales, pero nos es mostrada desde la distancia, a través de una cámara estática y en un encuadre apenas picado y abierto, desde el cuál vemos la acción que nos importa, a grandes rasgos.
En la escena siguiente ya pasamos a conocer a los dos matrimonios (Michael y Penelope Longstreet, y Alan y Nancy Cowan) que ocuparán la pantalla durante el resto del filme, estos, interpretados por John C. Rilley, Jodie Foster y por Christoph Waltz y  Kate Winslet, respectivamente. Concretamente hablando, han sido Alan y Nancy quienes decidieran pasarse por la casa de los Longstreet para demostrarles cuán civilizados son ellos, en respuesta al incidente que ha protagonizado su hijo.            
La verdad es que yo nunca he sido un gran seguidor de Polanski y, de hecho, esta es apenas, la segunda película que veo de este realizador, algo que me deja con muy pocas herramientas al momento de opinar sobre su obra. No obstante, sí me voy a tomar el atrevimiento de afirmar que, si acaso este señor es efectivamente el genio que tanto dicen (y seguramente, lo sea), lamento tener que señalar que, sinceramente, no he podido encontrar ni rastro de ese talento, en el abordaje que le dio a esta película. Considero que Polanski ha cometido un grave desacierto en su visión de esta cinta.            
La cosa es así: En toda película se nos ubica en términos de tiempo y espacio, se nos presenta a los personajes correspondientes y se nos explica cuál es el conflicto. Demás está decir que sin conflicto no hay relato. Sin embargo, tratándose de este caso, uno notará que ni siquiera es el conflicto lo que le interesa a este director, y que en cambio se nota que lo que lo ha terminado fascinando, ha sido la idea de tener a cuatro personajes metidos en una misma habitación durante el correr de 80 minutos. Este ha sido el reto que Polanski se propuso resolver, lo que acabó obligándolo a encontrar alguna manera de que atar a cuatro actores a trabajar entre cuatro paredes resultara atractivo, con un asunto previo a solucionar, diseñado tan sólo a modo de excusa y, cuya resolución, ya fuera para bien como para mal, en realidad nunca fuera de importancia.
Entonces, aquí la cuestión. Una vez que uno ha visto unos 15 o 20 minutos de película y que ha empezado a notar que algo raro está ocurriendo a nivel espacial (porque parecería que la pareja visitante ha sigo magnetizada hacia ese departamento), podría empezar a preocuparse de que el encerramiento de los personajes fuera más importante que la propia trama.
Voy a detenerme acá un segundo, para hacer un breve paréntesis, porque también quiero ser justo con Polanski. No estaría bien decir que, en su labor ha hecho “todo mal”, porque no es así. Con Un Dios Salvaje ha sabido mostrar una excelente capacidad para mostrarnos ciertos aspectos, sumamente interesantes de la conducta humana, por intermedio de diálogos y puntos de vista, que están bastante bien llevados, y en donde nos brinda la posibilidad de que nos enteremos de aquello que los seres humanos ocultan de los demás, aquello que se ve restringido por las barreras sociales de nuestra psicología. Esto que parece tan complicado, lo explico en otras palabras: Polanski muestra de manera muy precisa cómo es la gente en realidad, cuando dice lo que piensa. Y cierro el paréntesis.
Volviendo a mi planteo anterior, y para aquellos que hayan tenido la oportunidad de ver El hombre de la Tierra (2007), recordarán que esta se desarrollaba, también, casi completamente en una misma habitación, dentro de la cual un grupo de profesores se dedicaba a discutir, si acaso uno de ellos sería, efectivamente, un ser humano inmortal, nacido en tiempo del hombre de las cavernas. En esta película se hacía referencia a varios momentos de la historia de la humanidad, pero siempre para centrarse, puntualmente, en que uno de ellos afirmaba ser bastante más viejo que sus compañeros. Es decir, que la cuestión a resolver por los otros docentes era lo que comúnmente denominamos “conflicto”. En este caso: varios profesores escépticos, negándose a creer que estaban en presencia de un ser milenario, el Sr. John Oldman. Y así, también nosotros, espectadores, querríamos seguir la película hasta el último minuto, para enterarnos de la verdad sobre este sujeto, demente o mentiroso.
Otro ejemplo, también muy claro es 12 hombres sin piedad (1957) de Sidney Lumet. Quienes la hayan visto recordarán que se desarrollaba en un 99.9% dentro de la sala de deliberación de un jurado, en donde 12 individuos debían definir el destino de un muchacho, dictaminando entre todos, si el chico sería declarado o no, culpable. En esta película el conflicto era perfectamente claro desde el primer minuto, y seguramente nadie se haya preguntado si iban o no a salir de esa habitación, porque uno estaba demasiado compenetrado con el desarrollo mismo de la situación, de cómo la opinión de cada uno de los presentes iba cambiando o mostrando evidencia de duda, segundo a segundo. Entonces queda claro que las paredes que rodeaban a este grupo, poco importaban, más que para saber en donde se estaba llevando a cabo la escena.
Luego, si uno salta de 12 hombres sin piedad hacia Un Dios Salvaje, acaba entendiendo que, poco importa, realmente, si los padres del niño agresor van a hacer que su hijo se disculpe, o cómo va a ser que la situación se solucione. Lo que lleva a que al poco rato, la charla referente a los niños se torne terriblemente aburrida, porque bien sabemos que no vamos a ver a sus hijos haciendo las pases, que nos vamos a presenciar ninguna escena de diálogo serio entre padres e hijos, en donde reflexionen. Por el contrario, básicamente lo que vamos a ver será, a dos parejas intentando, por todos los medios, mantener la calma y mostrarse respetuosos, pero a su vez, sintiéndose ofendidos, insultados o atacados, y respondiendo a estas embestidas verbales, cada vez, de peor modo. Empero, no importa cuánto esto pueda prolongarse, cuán profundo puedan llegar a discutir, o cuánto, más o menos, pueda cada uno mantener la serenidad, porque nunca van a llegar realmente a una “resolución", ya que eso es algo secundario. Polanski ha aprovechado esta película para experimentar él mismo, con ciertos aspectos del comportamiento humano, de manera que cuando salgamos de la sala, aún no sabremos a qué se llegó con respecto a la agresión en el parque. En cambio, este director sí ha sabido mostrarnos cómo él estaba perfectamente capacitado para llevar a cuatro personas al límite y lograr que una se emborrachase, que otra vomitase, o que un tercero levantara la voz y le gritara e insultara otro. Pero en cuanto a tener un argumento, correctamente planteado… De eso, nada. Cuando salgamos de la sala, ¿qué vamos a decir que vimos? Una película sobre cuatro personas, peleándose en un living. No más que eso. Cuatro personas hablando del comportamiento de sus hijos, ya sea para defenderlos o reconocer sus errores. Pero, para en seguida salir con otros temas, hablar sobre los problemas en África, criticarse unos a otros sus formas de encarar la vida y terminar estresados. Ellos estresados y nosotros, aburridos.

Mi puntaje: 3/10


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lunes, 5 de marzo de 2012

"La historia de Winter, contada por ella misma"

Título: Dolphin Tale (Winter, el Delfín)
Año: 2011
Género: Drama, Familia
Director: Charles Martin Smith
Guión: Karen Janszen, Noam Dromi
Duración: 113min 
Reparto: Nathan Gamble, Cozi Zuehlsdorff, Harry Connick Jr., Morgan Freeman, Ashley Judd, Austin Stowell, Kris Kristofferson
Produc.: Alcon Entertainment, Arc Productions
Presup.: $37 millones aprox.

En Winter, el Delfín, Sawyer (Nathan Gamble) es un niño, quien tras encontrarse con un delfín nariz de botella varado en una playa, se comunica con un equipo de rescatistas. El equipo llega al lugar para trasladarlo hasta un acuario, en donde el animal deberá perder su cola para sobrevivir. Pronto, Sawyer se sentirá cada vez más compenetrado con el delfín y estará, así, asistiendo al Dr. Clay Haskett (Harry Connick Jr.), junto a su hija Hazel (Cozi Zuehlsdorff), en su cuidado. En cuestión de muy poco tiempo, Saywer y la, ahora bautizada Winter, habrán creado un vínculo muy fuerte.
Winter, el Delfín podría definirse como una de esas lindas peliculitas, que son para el disfrute de toda la familia. En este caso, mientras que uno se pone al corriente de las circunstancias que en su momento rodearan a Winter, luego de que el cetáceo fuera rescatado en diciembre del 2005 frente a las costas de la Florida.
La película se vale de ciertos personajes, que aunque nunca existieran en la vida real, ayudaron para generar el dramatismo que vemos en escena.
El primero a quien conocemos es a Sawyer, un niño desanimado y quien en el plano emocional, últimamente no ha estado pudiendo desenvolverse de la mejor de las maneras, ya sea con su madre, como a nivel de sus estudios. De modo que estamos ante un niño preocupante y que está necesitando de algo que lo entusiasme. Este “algo” llegará, precisamente, cuando una mañana, un pescador (Richard Libertini) ve a Sawyer desde la playa (en donde se encuentran, hombre y delfín) y le pregunte si por casualidad no tiene un celular para pedir ayuda. Sawyer, que sí tiene uno, baja de inmediato en su auxilio y al poco libera al delfín de una trampa para cangrejos. No mucho más tarde, los rescatistas llegan al lugar y se lo llevan a sus instalaciones. A continuación, y cuando ya la acción ha pasado de una primera locación secundaria, al lugar más relevante del argumento, todos los ingredientes habrán empezado a combinarse para que disfrutemos de una historia que, más que nada, pretende llegarle al público más chico.
Así es que Sawyer siente curiosidad por saber qué habrá sido del delfín, lo que lo lleva a adentrarse a una parte del acuario que está restringida al público. Aquí es cuando conocemos a Rufus, un pelícano que vive en el acuario y que es el encargado de ponerle cierta dosis de humor a la narrativa.
En seguida, Sawyer conoce a Hazel, niña con la que compartirá muchos momentos y quien será su mejor amiga (con excepción de Winter, por supuesto), durante toda la cinta. Como era de esperarse, Sawyer logra agradarle al padre de Hazel, quien le permite colaborar con Winter. De esta manera, el lazo entre Sawyer y el personal y vida marina del acuario, se vuelve muy estrecho, salvo que Sawyer procura mantenerlo a escondidas de su madre, quien al final acaba sabiendo y cediendo.
En Winter, el Delfín su director se preocupa, además, de no servirnos toda la información de una tirada, mostrándonos algunos aspectos muy generales sobre la ida y vuelta de Kyle (Austin Stowell), de la guerra. Kyle, primo de Sawyer, y figura a quien el chico admira, ha de ir a pelear, muy a pesar de la angustia que esto produce a Sawyer, para volver después malherido a ocupar una silla de ruedas.
El resto del filme se desarrolla con un Winter a quien le han amputado la cola, por su propia salud. Es ahora cuando Sawyer se vale de la colaboración del Dr. Cameron McCarthy (Morgan Freeman) -a quien conoce por su primo lisiado-, un experto en la elaboración de miembros ortopédicos. Sawyer le presenta el caso de su amigo, a lo que el hombre dice que verá qué es lo que puede hacer, aunque no hace promesas. Obviamente, Cameron será capaz de dar mucho más de lo que él mismo había pensado. Nosotros, por otra parte, iremos descubriendo como va resultando la relación entre el niño y el delfín, al tiempo que Cameron se dedica a conseguirle la nueva cola a Winter, y hasta llegar al momento de la verdad, en donde nos enteramos de si valió o no la pena, la espera.
Asimismo, Winter, el Delfín trata temas tan importantes como lo son el significado de la amistad, o del esfuerzo personal por lograr lo que uno quiere, y que nunca está demás traducirlo al lenguaje cinematográfico.

Mi puntaje: 6/10 



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martes, 28 de febrero de 2012

"Cuando el amor no tiene barreras"

Título: Viudas
Año: 2011
Género: Drama
Director: Marcos Carnevale
Guión: Marcos Carnevale, Bernarda Pagés
Duración: 100min
Reparto: Valeria Bertuccelli, Graciela Borges, Rita Cortese, Martín Bossi
Produc.: Aleph Media, Corbelli Producciones, Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), Patagonik Film Group, Tronera Producciones

En Viudas, una mañana, Elena (Graciela Borges) se haya dirigiendo un documental, cuando recibe un llamado urgente del hospital, en donde acaban de ingresar a su marido Augusto. Interrumpiendo la filmación, Elena llega al sanatorio en el preciso instante en el que se han cerrado las puertas del quirófano y Augusto ha sido internado por un infarto. Con todo, acompañando la camilla había una chica, su nombre Adela (Valeria Vertuccelli), a la que ahora ve alejarse y a quien Elena desconoce.
Elena, sentada en la sala de espera aguarda junto a Esther (Rita Cortese), su amiga y asistente, cuando ve, a través de la ventana, que en el patio está la chica a la que había visto un rato antes, y que se le ocurre que debe de ser quien lo encontró y lo llevó a la emergencia. Para quitarse las dudas, Esther decide salir a hablar con ella, en tanto que Elena las mira desde el otro lado y sin posibilidades de escuchar una palabra. Nosotros oímos una parte de la conversación, en donde una joven, excesivamente preocupada como para tratarse de una desconocida, le informa a Esther que ella no piensa retirarse, hasta que Augusto no se recupere. El resto de la conversación lo vemos desde el punto de vista de Elena y sólo a base a gesticulaciones físicas. Cuando, minutos más tarde, Esther vuelva adentro, cuidando sus palabras le dirá a su amiga que tenía razón y que la chica fue quien lo encontró y lo trajo.
Hasta aquí la situación parecería no tener nada fuera de lo común, salvo que en otra escena, una enfermera pide a Elena que saque a su hija de la cama de su padre, algo que Elena no comprende. Cuando, entonces, ella entra a la habitación y ve a esa desconocida acostada junto a su esposo, la hecha, inmediatamente, enfurecida.
De vuelta con su marido y ahora molesta, Elena le pregunta a un hombre, incapacitado para responderle, en su estado de inconsciencia, si él la estaba engañando, pero es de entenderse que lo que Elena, en realidad desea, es descargarse.
Más adelante, en la jornada del entierro, Elena y Esther se están retirando, tras el último adiós, cuando ven acercarse a Adela, ahora con un ramo de flores que entrega a Elena, quien a su vez se lo cede a Esther, de mal gusto.
Pasado el último encuentro y cuando ya ha quedado claro que Adela había sido la amante de Augusto, Elena se prepara para empezar a vivir, sin el que fuera el hombre al que amó, sin tener la menor idea de los problemas que se le vienen, ya que esa chica no piensa dejarla en paz. Seguidamente, en el día de su cumpleaños, Elena recibe a un inesperado e indeseado visitante. Adela, con un ramo de flores, espera a que le abran la puerta, pero Elena por intermedio de Justina, le pide que se vaya. Caída la noche, Adela vuelve a insistir, llamándola, esta vez, por teléfono y deseándole feliz cumpleaños, poniendo a prueba la tolerancia de una viuda, que quiere que la dejen en paz. Así el director nos sigue anticipando lo que se viene, en tanto que nos hace cuestionarnos cuál será el problema de la chica. ¿Acaso estará loca? ¿O será algún tipo de sicótica?
Finalmente, Elena recibe una llamada a la que responde que sí, que ella es a quien buscan, pero no, ella no tiene ninguna hija. Sin embargo, ahora las cosas han pasado a mayores y se la requiere urgente. Elena llega al apartamento que Adela había compartido junto con su esposo, para encontrarse con la afortunada sobreviviente de un intento de suicidio, echada en una cama y a pleno llanto. Dentro del entorno de ese apartamento Elena se ha convertido, sin desearlo, en madre de esa chica, luego de que, por algún raro motivo, se hubieran comunicado con ella, tras el intento de autoeliminación. Uno, a estas alturas, podría tratar de meterse en los pensamientos de esta pobre viuda y preguntarse que será lo que pretende la muchacha. Para colmo, Adela no deja de expresarle, cuánto siente molestarla, siempre entre lágrimas y como si fuera a servirle de consuelo a una Elena agotada. Empero, la cosa no se acaba allí, ya que a partir de aquí, Elena tomará a Adela bajo su techo de manera temporal, hasta que la muchacha se recupere. Porque, aparentemente, las opciones se reducen a eso o que la joven se quede en su propio apartamento, con el alquiler aún sin pagar y que la acaben echando.
Es así que, valiéndose de unas, muy concretas, situaciones, es como el director Carnevale ha sido capaz de mostrarnos cómo, por cosas del destino, estas dos mujeres, de realidades diferentes, pero que comparten un nexo en común, terminan siendo compañeras de piso, una, que lo aspiraba, y la otra, sin quererlo.
Una vez que Elena y Adela están juntas, es cuando nosotros al fin, nos enteramos de cuál es el verdadero conflicto de esta película, que no es el de una viuda que debe acostumbrarse a vivir sola, o el de una chica con comportamiento obsesivo. Acá el conflicto es el de una viuda (persona mayor que convive con las realidades normales de la vejez) que ha de aprender a sobrellevar su duelo, cargando con las penas de una muchacha que ha tenido el atrevimiento de enamorarse de “su” marido. Porque a su vez Augusto, siendo un hombre casado, tuvo el descaro, no sólo de engañarla, sino que tras morir, de dejarla al cuidado de su amante, que es casi una niña y que podría haber sido su hija.
Algo aquí a destacar, comprende a la relación que surge entre ambas mujeres, viviendo en casa de Elena. Si bien es cierto que en la película las vemos casi siempre distanciadas, una de la otra y en silencio, cada vez que las vemos juntas y dialogando, acaba siendo Adela quien le cuente a Elena, qué bien que la pasaban juntos él y ella, cómo reían, o cómo insistía Augusto en que él nunca podría imaginarse una vida sin Elena a su lado. Todo esto, a su vez, sería como un baldazo de agua fría para Elena, para quien probablemente fuese irreal, pensar en que su marido había compartido tantos momentos íntimos con esa jovencita.
Si quisiéramos ser más precisos, podríamos incluso definir un segundo tema de interés en esta película y que refiere a la idea de que el amor vaya más allá de la diferencia entre edades. Seguramente, a cualquier le resulte sencillo concebir que un hombre de alrededor de setenta años se vea atraído por una chica joven, pero no vea igual de normal, que una muchacha de unos treinta años se pueda sentir, sexual o emocionalmente atraída, por un señor mayor.
En Viudas se logra bastante bien, mostrarnos el choque de problemáticas que se produce entre estas dos mujeres y en donde una de ellas se ve obligada a ceder, si ambas quieren salir adelante.
También debe destacarse la actuación de Valeria Bertuccelli, como una Adela que se siente perdida, ya que la muerte de Augusto parece haberse llevado, también, parte de su alma.

Mi puntaje: 7/10


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lunes, 27 de febrero de 2012

"El Señor de los anillos: pero, sin anillos"

Título: Mi Primera Boda
Año: 2011
Género: Comedia, Romántica
Director: Ariel Winograd
Guión: Patricio Vega
Duración: 102min
Reparto: Natalia Oreiro, Daniel Hendler, Martín Piroyanski, Muriel Santa Ana, Clemente Cancela
Produc.: Film Suez, Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), Luz Libre Producciones, Televisión Federal (Telefé), Tresplanos Cine, surDream Productions

En Mi Primera Boda, Adrián (Daniel Hendler) debe hacer todo lo que tenga a su alcance para atrasar la ceremonia de su casamiento con Leonora (Natalia Oreiro), luego de que, por los nervios, perdiera ambas alianzas.
Adrián es judío y Leonora, católica. En principio tendrían que haber elegido entre una de las dos religiones, para llevar a cabo el ritual en el día de su matrimonio. Sin embargo, gracias a ciertas amistades, que no vienen al caso, ambos consiguieron dar, tanto con un sacerdote judío, como con uno cristiano, que no tuviesen inconvenientes en compartir la condición de anfitriones de la ceremonia. Partiendo de esta infrecuente situación y de otras situaciones, con las mismas características, será como esta comedia funcione y sepa mantenerse lejos de los chistes decadentes.
Por si sus diferencias en el plano religioso fuesen poca cosa, sumémosle a esto que él es un tipo manso y de carácter muy suave, y en cambio ella, una mujer de fuerte temperamento. Esta diferencia de caracteres es la razón de que todo suceda en la película, cuando Adrián queda aterrado, cuando su torpeza le hace perder ambas alianzas, si bien uno llega a ver como evidente que entre ellos hay un amor verdadero. Luego Adrián debe hacer todo lo posible por evitar que los maestros de ceremonia lleguen en hora a la fiesta, básicamente porque entiende que si su novia se entera de su accidente, lo estrangula.
¿Qué hacer para ganar tiempo? se pregunta el novio. Adrián se monta a caballo, galopa hasta un cartel, que indica el camino hacia la estancia y lo gira para confundir al chofer del remise.
De vuelta en el jardín de la estancia, Adrián ahora le cuenta a su primo Fede (Martín Piroyanski), joven de pocas luces, del lío en el que se acaba de meter y ambos se ponen en marcha a la búsqueda de la preciada alianza de Leonora.
En esta película uno tiene, además, la suerte de divertirse, no, con uno, sino con varios de los invitados. Este es el caso del tío Lázaro (José “Pepe” Soriano), quien no deja de pedirle mariguana a Adrián, o el caso de Inés (Muriel Santa Ana), joven lesbiana que no tarda en ficharse a otra chica. Y también está el caso de Esteban (Clemente Cancela), quien, aunque bastante mayor que Leonora, tuviera años atrás un amorío con ella, cuando él era docente y ella su alumna, y a quien le ha dado la cara para aceptar la invitación, apareciéndose en la fiesta y actuando como un cínico.
Finalmente, perdidos, camino a la estancia, tenemos al Padre Patricio y al Rabino Mendl, ambos divinamente interpretados, ni mas ni menos que, por Marcos Mundstock y Daniel Rabinovich, mejor conocidos por su excelente participación en el conjunto humorístico Les Luthiers. La actuación de estos dos hombres, que ya de por sí poseen una calidad propia para hacernos reír, nos lleva a preguntarnos, si acaso no habrán escrito sus propios diálogos. Tomando a cada una de sus religiones como punto de partida, hacen pasar el tiempo intercambiando distintas apreciaciones, con las que bromean muy finamente.
De modo que Mi Primera Boda trabaja un triple paralelismo (el novio, la novia y los sacerdotes), y va saltando de uno a otro, para que veamos cómo Adrián se enreda cada vez más; cómo Leonora empieza a cuestionarse si aún quiere casarse y cómo los dos hombre religiosos conviven, sin mayores quejas, por el retraso de su llegada.
Pasando brevemente a los aspectos fallidos, es cierto que, si bien el asunto de la alianza perdida es un buen material para explotar, llega un momento en el que el chiste se desgasta. Ya cuando Adrián y Fede llevan largo rato buscándola y encima pierden la otra, el dilema del anillo ya se dilató demasiado, dejando en evidencia que la creatividad se estancó ahí. Nosotros debemos conformarnos con lo que vemos, y por consiguiente esta comedia no pasará de ser una del montón.

Mi puntaje: 6/10 


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domingo, 26 de febrero de 2012

"¡Es un pájaro, es un avión. No... Es Arthur Christmas!"

Título: Arthur Christmas (Arthur Christmas: Operación Regalo) 
Año: 2011 
Género: Animación, Comedia, Drama 
Director: Sarah Smith, Barry Cook 
Guión: Peter Baynham, Sarah Smith 
Duración: 97min
Reparto: James McAvoy, Jim Broadbent, Billy Nighy, Hugh Laurie
Produc.: Aardman Animations, Sony Pictures Animation
Presup.: $100 millones aprox.

En Operación Regalo, Santa Claus (Jim Broadbent) y su equipo de elfos cumplen con la misión de entregar sus regalos a todos los niños del mundo, cuando un descuido lleva a que una niña inglesa esté a punto de ser la única que no reciba el suyo. Al percatarse del hecho, Santa y su hijo Steve (Hugh Laurie) ven como absolutamente imposible que, dada la falta de tiempo, puedan cumplir con la pequeña. A partir de ese momento correrá por parte de Arthur (James McAvoy), hijo menor de Santa, lograr que el regalo llegue a la niña, e impedir que esta deje de creer en la Navidad. 
Si he de ser sincero, debo decir que no tenía idea de, con qué me iba a encontrar. Lo que pasa es que si uno hiciera un seguimiento de todos los filmes navideños que se hacen, año a año, notaría que una gran mayoría de estos parecieran ser productos del "recorte y pegue", lo que lleva a que sean muy aburridos.
Cuando me enteré de su estreno, en seguida me surgieron dos corrientes de pensamiento, opuestas, una de la otra. Por un lado me cuestioné el hecho de que una productora hubiese decidido lanzar al mercado otro bodrio navideño, seguramente repleto de los típicos clichés. Por otro lado, en cambio, supe preguntarme si acaso en esta Operación Regalo no habría algún giro que la distinguiría de las otras películas del mismo estilo y al final me terminé llevando una sorpresa muy grata.
En esta nueva visión cinematográfica de las actividades de Santa, ya no se parte de la idea de que este sujeto gordito y de barba canosa sea un inmortal, quien durante siglos se haya estado dedicando a complacer a billones de niños en todo el mundo. Por el contrario, y al igual que en el resto de los mortales, Santa forma parte de una familia con varias generaciones y en donde cada tanto tiempo va surgiendo un nuevo San Nicolás.
Según lo que se nos muestra, y considerando el siglo en el que vivimos, Santa ha podido valerse, últimamente, de lo mejor en alta tecnología, para trabajar de manera más rápida, cómoda y segura, a bordo del espléndido S-1, una suerte de nave especial y fácilmente confundible con un OVNI. Al mismo tiempo, a Santa lo acompaña todo un equipo de pequeños y ágiles elfos, quienes conforman un elemento fundamental en cada operación.
Sobre el comienzo de la película nos enteramos de cómo viene a ser la compleja metodología de trabajo de Santa Claus, cuyos elfos se mueven, tal cual gimnastas olímpicos, entregando sus regalos al mejor estilo de Ethan Hunt en Misión Imposible. Por si fuera poco, Santa cuenta con unas impresionantes instalaciones, dignas de la NASA, desde las cuales se le está haciendo un completo y constante seguimiento, minuto a minuto, de sus avances alrededor del planeta. De estas instalaciones está al mando el inigualable Steve Christmas, hijo mayor de Santa, individuo que lleva de manera impecable el cumplimiento de sus tareas, pero de quien más adelante sabremos que carece de una verdadera noción de cuál es el significado de las fiestas. Luego, por otro lado conocemos a Arthur, encargado de recibir, responder y ordenar las millones de cartas que le llegan a su padre. Arthur, el menor de la familia, veremos que es bastante torpe, si bien cumplirá muy pronto un rol primordial en la película, por ser, de la familia, a quien mejor le quede el apellido, algo de lo que podrá sentirse orgulloso. 
Los problemas para Santa empezarán cuando, por un pequeño accidente, un regalo sea movido de su ubicación, de modo que, cuando los obsequios deban ser entregados, este (una bicicleta para una niña) pase desapercibido y no llegue a su destino. Al momento de acabada la misión y cuando Santa ya se ha ido a dormir, una elfa que se está encargando de la limpieza se topa con este, perdido entre la mugre y da la alarma en seguida. 
Llegados a este punto, y ya con Santa, Steve y Arthur y todos los elfos enterados del percance, surgirá entonces una disputa entre si será o no posible entregar esta bicicleta y, si acaso, por primera vez en la historia habrá que aceptar que, luego de tantas misiones, el perfecto y tan meticulosamente planeado plan de trabajo de los Christmas ha tenido una falla. 
La situación aquí no podría haber sido planteada de mejor manera, en donde tenemos por un lado a Santa y a Steve, un padre y un hijo que desean dar la misión por terminada, para irse a descansar, y que pretenden que Arthur, quien según ellos, poco entiende del asunto, comprenda que, considerando los varios millones de obsequios que se entregan, uno solo que no llegue a destino no debería molestarlo. Sin embargo, a uno le es mucho más fácil estar de acuerdo con Arthur, quien es el único que realmente vive el espíritu de la Navidad y el único que ha tenido la oportunidad de leer la carta de Gwen, en donde la niña le contaba a Santa que ella cree en él. Arthur sabe que ningún niño merece que lo dejen sin regalo, y que no podría existir peor dolor que el de ver despertarse por la mañana a una pequeña, para descubrir que su bicicleta no está debajo del árbol. 
Un preocupado Arthur termina hablando con el Abuelo (Bill Nighy) sobre el asunto. El Abuelo, que es uno de los personajes más interesantes de la película, un cómico viejito de 137 años, bajito y encorvado, que usa un bastón y una dentadura postiza. Acaba siendo, sumamente interesante, cómo este hombre, por el cual ninguno de sus familiares daría un peso, pasa a ser la voz de la sabiduría y de la experiencia, y quien guíe a su nieto en el camino hacia hacer las cosas como se deben.
El Abuelo propondrá a Arthur salir a entregar ese último regalo, pero no en una nave de avanzada, sino, en un trineo tirado por renos, y si bien Arthur no se muestra muy convencido al principio, al final acaba cediendo, aventurándose a lo que será, de aquí en adelante, prácticamente una road movie, interpretada, en gran parte, por ellos. A lo largo del camino hacia el pueblo de Trelew en Inglaterra (hogar de la niña), Arthur y su abuelo deberán pasar por un montón de situaciones descabelladas, que incluirán el tener que enfrentarse a una hambrienta jauría de leones (y cuya resolución será algo completamente disparatado), evadir a la policía, o el ir perdiendo, uno a uno, a cada uno de los renos que tiran del trineo, a lo largo de distintos escenarios, lo que los obligará a tomar medidas, primero absurdas, más luego, podría decirse que “extremas”.
Cuando la cinta esté acercándose a su desarrollo final será cuando, tanto Steve como su padre, puedan llegar a entender a qué se refería Arthur cuando insistía en la importancia de que todo niño recibiera su regalo y sin importar la dificultad que eso implicara. 
La inteligencia con que los directores han puesto en imágenes el planteo, es tan sobresaliente que uno podría incluso llegar a preguntarse “¿Porqué tuve que crecer y dejar de creer en Santa Claus?”. Fuera de los tantos finales, que como ya, antes dije, parecieran cosa del “recorte y pegue”, en este caso nos encontramos ante un guión que recurre a material e ideas frescas, para centrarnos en el significado de los obsequios y descubrir la magia que acompaña a ese momento en el que el niño abre el regalo y sonríe.

Mi puntaje: 8/10


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jueves, 9 de febrero de 2012

"Cine animado hecho en casa"

Título: Selkirk, el verdadero Robinson Crusoe
Año: 2011
Género: Animación, Aventura
Director: Walter Tournier
Guión: Walter Tournier
Duración: 80min
Produc.: Maíz Producciones, Patagonik, Cineanimadores, La Suma CineTV, Tournier Animation
Presup.: $1,2 millones aprox.

Selkirk, el verdadero Robinson Crusoe nos narra la historia de Alexander Selkirk, quien se une a la tripulación del capitán Bullock, para embarcarse rumbo a los mares del sur en busca de tesoros. No encontrando amenazas enemigas en el camino, los corsarios se entretienen apostando su dinero y el propio Selkirk termina siendo el afortunado ganador en cada apuesta. Es así que, no bien avistan tierra y bajan a aprovisionarse, Selkirk es abandonado en la soledad de la isla, como venganza, mientras el resto retoma con la travesía.
Tras muchas décadas llenando las salas de nuestro país, ya fuera ante películas, como por ejemplo Peter Pan (1953), el El Rey León (1994), Ratatouille (2007) o El Gato con Botas (2011), llega a los cines uruguayos lo que viene a ser nuestro debut en la categoría de largometraje animado, y no podríamos haber empezado de peor manera.
Walter Tournier, ya conocido por su trabajo en Los Tatitos, ha sido el encargado de escribir y dirigir este proyecto, que según pude informarme, supondría una inversión de algo más de 1 millón de dólares. Como curiosidad, vale destacar que Selkirk no sería desarrollada con las técnicas más tradicionales, el dibujo a mano, o la más reciente, animación digital. En el caso de esta película se recurriría a la llamada animación stop motion o cuadro a cuadro, en donde muñecos de entre 20 y 30 centímetros de estatura, de estructura interna metálica y recubierta en silicona, serían manipulados por distintos animadores, un total de 10 y divididos en 2 turnos, para conseguir (en base a la regla de los 24 cuadros por segundo) un promedio de entre 15 y 20 segundos diarios de película.
Con Selkirk Tournier nos trae a la gran pantalla un relato inspirado en Alexander Selkirk, personaje real, cuyas circunstancias inspiraran, luego, al inglés Daniel Defoe, para escribir su aclamada novela Robinson Crusoe.
Para analizar este filme es importante que se le divida en dos partes: por un lado, lo que concierne a la animación y, por el otro, a su guión. Con respecto a la primera, sólo puedo decir que el desempeño de todo el equipo dio sus buenos frutos, ya que esta producción no tiene nada que envidiarle a las animaciones norteamericanas del mismo estilo, como ser El Extraño Mundo de Jack (1993), Jim y el Durazno Gigante (1996) o La Novia Cadáver (2005). En cuanto al segundo punto, es como consecuencia de un muy mal guionado, que debemos de estar de acuerdo, en cuanto a que el cine animado uruguayo “ha empezado con el pie izquierdo”.
Resulta que el guión de Tournier es tan, pero tan malo, que seguramente haga que muchos se quieran ir de la sala a los 20 minutos. Como todos sabemos, el cine animado actual se caracteriza, principalmente, por su sentido del humor, que atrae a tanto niños como adultos, y la triste verdad es que son, contados con los dedos, los chistes que vamos a poder ver aquí. Por si fuera poco, los diálogos son tan planos y carentes de chispa, que aburren en todo momento, además de ser, cien por ciento explicativos.
Otro defecto bastante apreciable está en el manejo de los escenarios, ya que es mucho mayor el tiempo que se le dedica a las andanzas de Selkirk en el galeón, que lo que se le concede, después, a la isla. Esta es, precisamente, en donde debería haber estado el fuerte del relato, ya que es la problemática de este hombre como náufrago la que nos interesaba a todos, y no, su vida social con los otros piratas.
La pobreza narrativa es, también reconocible a nivel de la banda sonora, dentro de lo poco que hay para que llamemos efectivamente “banda sonora”, ya que hay apenas un par de cancionistas con algunas rimas, pero que carecen de todo posible atractivo.
Asimismo, hubo un elemento que, hacia el final de la película, me llamó mucho la atención. Lo comento porque no se trata de un detalle que vaya a revelar nada demasiado importante sobre la trama. Esto sucede cuando, bien a lo último Selkirk es rescatado, sube a un bote y dice algo así como: “Desde ahora ya no seré más Selkirk y me llamaré Robinson Crusoe”. Es increíble y lamentable que el director se haya valido de una frase tan sin gracia y tirada de los pelos, para explicarnos cómo su personaje se cambiaba de nombre, además de completamente innecesario, ya que el relato que se nos ha invitado a ver, es el de Selkirk, no el de Robinson Crusoe. En definitiva, Selkirk no es más que un cuentito tonto, sin emociones ni sorpresas.

Mi puntaje: 2/10


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