lunes, 8 de abril de 2013

"Terror estadounidense, con materia prima uruguaya"

Título: Evil Dead (Posesión Infernal)
Año: 2013
Género: Terror
Director: Fede Álvarez
Guión: Fede Álvarez, Diablo Cody y Rodo Sayagues (escrita por), Sam Raimi (guión de 1981)
Duración: 91min
Reparto: Jane Levy, Shiloh Fernandez, Lou Taylor Pucci, Jessica Lucas, Elizabeth Blackmore, Phoenix Connolly
Produc.: FilmDistrict, Ghost House Pictures, TriStar Pictures
Presup.: $14 millones apróx.

En Posesión Infernal, cinco amigos que llegan a una cabaña para intervenir a una joven drogadicta, terminan siendo víctimas de un demonio con planes macabros. 
1981 fue para Sam Raimi, un año muy bueno. Tras haber hecho varios cortos con amigos, había formado Reinassance Pictures junto a Bruce Campbell y Robert Tapert, con quienes haría un largometraje basado en su corto Within the Woods (1978). Sin mucho dinero, pero con creatividad, lanzarían lo que sería un éxito, tanto de público como de crítica, y luego esa historia se alargaría en otras dos entregas. Posesión Infernal se convertiría así, en un filme de culto. 
Tiempo más tarde, con la ola de remakes nacía el rumor de una nueva versión. Mala noticia para los fans, quienes reclamaban que su película no fuera tocada. 
Y acá es en donde yo me meto, para aprovechar mi “no fanatismo” y describirla por lo que realmente fue. De hecho, muy lejos, de un “producto inmejorable”, aunque sí, muy bien concebida, para la época y el poco dinero. El propio Raimi llegaría a decir, cuánto le gustaría ver rehacer el clásico con las nuevas herramientas. 
Cambiando a suelo uruguayo, nadie se hubiera imaginado que, tras Drexler, otro compatriota volviera a llamar la atención de los norteamericanos. Esta vez, no, para ser galardonado, sino para algo mucho mejor: sorprender en Hollywood, con un video clip, conseguir un contrato millonario y la chance de dirigir un remake que causaba controversia.
Pero Álvarez no solo tendría la oportunidad de su vida. Según sus declaraciones, el ahora director del Hombre Araña (2002) había depositado en él, su confianza, también como guionista, junto a dos colaboradores.
Culminada la producción, llegaría entonces a la salas, con muy buena recepción del público en general. 
Por mi parte, técnicamente hablando diría que esta versión supera a su antecesora, aunque, por lo demás, me desilusionó.
A diferencia de la original, ahora hay un argumento que es más sólido. Ya no se trata de ir a una cabaña a divertirse, sino que hay un motivo mucho más serio: salvar a Mia (Jane Levy) de las drogas. Para lo cual, su hermano y sus amigos la obligan a deshacerse de sus pastillas, tras lo que Mia empieza a sufrir del síndrome de abstinencia. 
En seguida, hallan en el sótano un libro antiguo. Entonces Eric (Lou Taylor Pucci) se pone a leerlo, en un idioma que le es ajeno y sin quererlo invoca a un demonio de muy mal carácter. En un momento de desesperación Mia se escapa en el auto, tiene un accidente y es poseída, dando inicio a la pesadilla. 
Como ya dije antes, esta remake es un lujo de efectos, pero que no la salvan de quedarse estancada en eso. Con correctas interpretaciones, lo que tenemos es un festín de gritos, muertes y amputaciones, para los amantes del morbo, y en donde, uno a uno, los muchachos van cayendo, pero sin que haya, nada más, que sea llamativo. 
Álvarez, que juega con personajes, que al principio no distinguen entre demonio y chica alterada, deja en evidencia que no tiene muchas más sorpresas. La cinta es fiel al cometido de asquear, pero peca por ser cuadrada en todo lo demás. Así es como a mí se me hizo imposible no pensar: “esto, yo ya lo vi antes.”. Creo que con más suspenso y mostrando menos, hubiera sido más efectivo al momento de conseguir lo que conmigo no pudo: asustarme. 
Al, su guión, no sobresalir, con respecto al terror convencional, la película entretiene, pero como lo han hecho tantas otras. 
Mucho me ilusioné con las primeras repercusiones, en tanto ahora me pregunto si un director de allá no hubiera hecho lo mismo y con la misma calidad. 
Pese a todo lo anterior, y por tratarse de un un realizador, nacido en mi país, le deseo todo el éxito del mundo.

Mi puntaje: 6/10


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martes, 26 de marzo de 2013

"Él, amaba a su familia. Ella, a su divinidad"

Título: Prayers for Bobby (Plegarias por Bobby)
Año: 2009
Género: Drama, Biográfica
Director: Russell Mulcahy
Guión: Katie Ford (adaptación para televisión), Leroy Aarons (libro)
Duración: 90min
Reparto: Sigourney Weaver, Henry Czenry, Ryan Kelley, Austin Nichols, Carly Schroeder, Shannon Eagen, Scott Bailey, Dan Butler, Susan Ruttan
Produc.: Daniel Sladek Entertainment, Once Upon a Time Films, Permut Presentations

Inspirada en hechos reales, Plegarias por Bobby cuenta como Mary Griffith (Sigourney Weaver), una fundamentalista religiosa que se niega a aceptar a su hijo homosexual, acaba conduciendo al joven Bobby (Ryan Kelley) al suicidio. 
Vi este drama hace mucho, cuan aún no tenía el blog, y aprovechando que ahora cuento con la cinta en mi videoteca, se me ocurrió verla de nuevo para refrescarme la memoria y así comentarla. 
Plegarias por Bobby arranca de lleno, con el momento más dramático de la película. Bobby, a sus 20 años y con tanto por delante, decide que vivir ya no vale la pena, si por ser homosexual no merece ser aceptado, ni por Dios ni por su madre. Bobby se arroja desde un puente, para ser atropellado y morir en el acto. 
El inesperado acontecimiento, obviamente impacta fuertemente en quienes lo querían, aunque no, en todos por igual. Precisamente, como su madre tiene dificultades para separar a este suceso de su creer religioso, no es capaz de lidiar con el temor de que Bobby no fuese aceptado en el cielo. 
La película no trata solamente del conflicto entre una madre y su hijo, sino que es el punto de partida para que Russell Mulcahy denuncie el problema social de la discriminación. 
Por si acaso, creo importante aclarar que yo no me opongo a la libertad de creencia, ya que creer es una elección como cualquier otra. No obstante, sí considero que, con o sin divinidades, es indispensable que uno pueda ser capaz de razonar por sí mismo, que es exactamente lo que Mary no hace. 
Tan devota es Mary que se deja guiar, en todo sentido, por su fe. Se la pasa recitando pasajes bíblicos y mide a la gente, juzgándola según su dogma. De pronto el menor de sus hijos resulta ser gay, lo cual contradice a todo lo que, para ella, es bueno y puro, y por ende es pecado, con lo que Mary siente que Bobby se ha alejado del buen camino. Su fanatismo religioso le impide tratar de entenderlo y respetarlo por lo que es, y actúa como alguien que quiere sólo lo que cree estar bien, a ojos de Dios. 
Por otro lado, revelado su secreto, Bobby Griffith halla todo, menos apoyo. En lugar de comprensión, se encuentra con una madre para quien su homosexualidad es algo inconcebible y un horror. Una falta inaceptable al plan divino, que ha de ser borrada, y nunca, aceptada. Tampoco su padre es de gran ayuda, por su escasa facilidad para comunicarse y por ser incapaz de detener a una mujer, que está resolviendo el asunto de mal modo. Es sólo recién, meses después de la muerte de Bobby, que Mary encuentra respuestas, pero cuando ya, la situación es irreversible. 
Russell Mulcahy critica acá a la iglesia, pero con propiedad, tomándose siempre el trabajo de enseñarnos sus matices. Busca además que sepamos que, pese a sus defectos, el catolicismo también tiene valores.
Mary, por ejemplo, va a Portland, en donde conoce al reverendo Whitsell (Dan Butler), quien le habla de no tomarse tan literalmente, lo dicho en la Biblia. Whitsell le explica que sus posibles interpretaciones pueden variar según la época, los grupos sociales y según cada uno, aunque lo más importante es que le da a entender que para Dios, una madre debe amar a sus hijos sin condicionantes. 
Pese a esto, también hay un lado, en extremo negativo. En la misa celebrada en honor a Bobby escuchamos hablar al reverendo Owens, quien realmente, deja mucho que desear. Lo increíble es que este hombre tenga el coraje para decir que el chico había sido tentado, para luego pecar, cuando la única pecadora había sido su madre, por no apoyarlo. Nadie, cuando Bobby vivía, se había molestado en preguntarle si él había elegido su orientación, mientras que, del mismo modo ahora se lo acusa, tan fácilmente, de ser impuro. Su muerte es, por supuesto, una pérdida espantosa. Pero Bobby murió siendo un pecador: por un lado por ser gay, y por otro lado, por auto eliminarse. 
Igualmente, Plegarias por Bobby apunta, más que nada, a poner en evidencia los defectos del catolicismo, siendo la discriminación a los homosexuales, sólo uno de los tópicos importantes. 
Mary, en su fanatismo, es incapaz de razonar, y ha elegido entender, al pie de la letra, los textos bíblicos, sin importar sus consecuencias. Y una cosa, en términos religiosos es transmitir ciertos valores y formar mentes pensantes, mientras que otra, muy distinta, es moldear fundamentalistas, que ni siquiera se cuestionasen sus enseñanzas. 
Al final, creo que, sin importar a qué religión uno respondiera, nuestras creencias religiosas jamás tendrían que superponerse a la aceptación de nuestros seres queridos.

Mi puntaje: 8/10


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viernes, 1 de marzo de 2013

"Un cambio de look, insalubre"

Título: La Moustache (El Bigote)
Año: 2005
Género: Drama, Misterio
Director: Emmanuel Carrère
Guión: Jèrôme Beaujour, Emmanuel Carrère (novela), Emmanuel Carrère (guión)
Duración: 87min
Reparto: Vincent Lindon, Emmanuelle Devos, Mathieu Amalric, Macha Polikarpova, Hippolyte Girardot, Cylia Malki, Fantine Camus
Produc.: Les Films de Tournelles, Pathé Renn Productions, France 3 Cinéma, Centre National de la Cinématographie (CNC), Cofimage 16, Uni Etoile 2, Région lle-de-France, Procirep, Canal+, Fondation GAN pour le Cinéma, TPS Star

En El Bigote, sentado en la bañera Marc (Vincent Lindon) pregunta a su esposa (Emmanuelle Devos) qué le parecería si se afeitara un bigote, que lleva usando desde hace mucho. 
Emmanuel Carrère, director de esta película, nos deja clara su intención de no extenderse en largas presentaciones y va derecho al grano. De modo que escuchamos en seguida la voz de Marc quien, desde la bañera consulta a su esposa sobre un posible cambio de look. Agnès, por su parte, le responde vagamente, no dándole un sí o un no, y yéndose a hacer mandados. Entonces, Marc decide hacer la prueba.
Agnès regresa, más tarde, para que su esposo se divierta en silencio. Al calzarse evita que Agnès vea el cambio, y tras ella ducharse, Marc sostiene la toalla en alto, quedando parte de su cara, escondida. Ambos se detienen frente al espejo, en donde Marc aguarda a ver el gesto de su esposa, cuando ella note lo que se ha hecho, pero eso no pasa. Ni tampoco le dice nada en el ascensor o en el auto, cuando esa noche van a la casa de sus amigos, Serge (Mathieu Amalric) y Nadia (Macha Polikarpova), quienes tampoco le dicen nada. 
Lo peor, sin embargo, aún está por venir. Porque Marc larga a su esposa la bronca que ha ido acumulando, hasta que, en la cama, Agnès se ve obligada a llamar a sus amigos. A altas horas de la madrugada recibe de ellos la confirmación de que, desde hace quince años, Marc nunca ha tenido bigote. 
Pero la seguidilla de situaciones irreales no termina allí. Los compañeros de trabajo de Marc tampoco notan su afeitada, aunque sí se dan cuenta cuando vuelve a fumar. Como si la locura sólo girara en torno a su bello facial. 
Marc se hace nuevas fotos y pide a una desconocida que les eche un vistazo, junto a la de su cédula. La chica acierta, en seguida, en señalar lo que ve distinto, con lo que ahora Marc comprende aún menos, lo que le pasa. 
Siguiendo con esto, qué mejor que buscar sus fotos del viaje a Bali, como evidencia de su cordura. Al ver el álbum, lo alivia poder confirmar su sensatez. No obstante, al momento de enseñárselo a Agnès, ella le hace muy poco caso, y yo quisiera saber porqué, pero realmente, ¿POR QUÉ?, él no le insiste. Si esta ha sido la manera de mantenernos el misterio, lamento decirlo, pero no ha sido buena. Porque permitirle ver a Agnès esa evidencia, era algo tan obvio, que lo contrario le quita sentido. 
Así y todo, el dilema del bigote llega a ser uno entre varios. Tras oír un mensaje de su padre en la contestadora, Agnès le dice que eso no es posible porque su padre está muerto. Marc también le menciona a Serge y Nadia, para que Agnès le asegure no conocerlos. Marc llega al punto de llamar a casa de sus padres para, que, de hecho, la línea figure fuera de servicio. A estas alturas, él parece estar viviendo un episodio de la Dimensión Desconocida. 
Desesperado y sintiendo que ha perdido noción de la realidad, Marc se escapa del apartamento antes de que Agnès consiga internarlo, y llega en taxis al aeropuerto, para marcharse, sin equipaje, hacia Hong Kong.
Marc llega a terreno hongkonés para hacer de esta ciudad su terapeuta, y buscando olvidar tanto sinsentido. Se instala en un hotel e inicia una nueva rutina, que Carrère nos describe, por varios minutos, hasta cansarnos. A dejado inconcluso su “largo episodio fantástico”, onda Rod Serling, para que uno se pregunte, ¿en dónde quedó lo que estábamos viendo? 
Con China sustituta de Francia, todo el misterio del bigote, del padre de Marc y de sus amigos es echo a un costado, quedando en una especie de stand by desconcertante. El Bigote sufre un cambio de rumbo que nos deja esperando por un hecho revelador inexistente, cuando, como mucho, Marc vuelve a dejarse el bigote y la barba. 
Observándolo en sus días de turistas me dieron ganas de acelerar las escenas. Hasta que un día él llega al hotel, para hallar a su esposa leyendo acostada, como si nada. Como si él se hubiera marchado en buenos términos. 
De noche se encuentran con una pareja, a la que conocieron, supuestamente, en ese viaje. Con ellos ven fotos de los cuatro en una cámara digital, y en cuyas instantáneas Marc advierte, como indiscutible, la presencia de su problemático bigote. Sin embargo él está convencido de nunca haber conocido a esa gente, previo a esa salida, y ni que hablar de que en su memoria no hay registros de esas fotos en las que sonríe.
Carrère, así, nos sigue sumando misterios, con respecto a lo vivido o no vivido por Marc, estando casado. No haciendo intento alguno por aclararnos nada y, sin tampoco darnos pistas, su película acaba parecida a como empieza, permitiendo que interpretemos como queramos. Y al contrario, creo que la idea del bigote daba para más que un cierre tan impreciso y para trabajársela más a fondo. Recuérdese sino, finales abiertos, pero bien elaborados, como en Contacto (1997) o La Separación (2011), en donde al menos uno sabía con que posibilidades manejarse y no era un sencillo e indistinto “vale todo”. 

Mi puntaje: 2/10


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jueves, 14 de febrero de 2013

"Un camión, dos destinos, tres pasajeros"

Título: Las Acacias
Año: 2011
Género: Drama
Director: Pablo Giorgelli
Guión: Pablo Giorgelli, Salvador Roselli
Duración: 82min
Reparto: Germán de Silva, Hebe Duarte, Nayra Calle Mamani, Mónica Coca, Lili López
Produc.: AireCine, Utópica Cine, Proyecto Experience, Armonika Entertainment, Hibou Producciones, Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), Instituto de Crédito Oficial (ICO), Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA), Tarea Fina, Televisión Española (TVE), Travesia Productions

En Las Acacias, Rubén (Germán de Silva) es un camionero que recibe el encargo de llevar a una desconocida (Hebe Duarte), desde Asunción hasta Buenos Aires, en un viaje de unos 1500 Km. 
Hace algún tiempo, y tras haberla oído mencionar en varias ocasiones, un amigo me convenció de que, a modo de ejercicio viera Whisky 2004, película uruguaya. Tratándose del cine nacional, yo hasta el momento había conocido sólo algunos títulos, por culpa del prejuicio. Algo que no expongo como “la” revelación, ni mucho menos. Sólo para dejar las cosas claras. 
Al igual que mucha gente, también he tendido siempre a inclinarme por la gran industria, por sobre lo local u otros tipos de cinematografía, algo en lo que, para bien o para mal, no me voy a explayar. Así que, a la hora de ver lo hecho por mis compatriotas, no he sido nunca tan abierto como desearía y lo reconozco. 
Pero, ¿a qué viene todo esto? A que creo que es triste que una persona tenga que enfrentarse a una película, no, como actividad recreativa, sino para poder decir después, que sí hizo el esfuerzo de verla. Que se sacrificó. Si partimos de la base de que, con el mundo audiovisual, en general buscamos entretenernos, que la experiencia resultase tortuosa no tendría ningún sentido, algo que muchos temen que suceda con lo sudamericano o lo europeo. 
Personalmente, Las Acacias no había llamado mi atención, hasta que, hace poco, otro amigo, tras verla me dijo, bueno… No voy a decir que recuerde sus exactas palabras, pero más o menos le había parecido una “linda peliculita minimalista, sobre un hombre llevando a un mujer a Buenos Aires”. Fin. 
Aún no muy convencido, decidí (aunque me costó) darle una oportunidad, y eh aquí, mi veredicto. 
Las posibilidades temáticas a rodarse son tan abarcativas como la variedad en sus escenarios. Además, y aunque parezca mentira, mientras que un director podría ubicarnos en un buque, otros podrían elegir un espacio algo más pequeño, como ser la cabina del camión, del filme de Pablo Giorgelli. Ahí es en donde vemos darse la relación entre Rubén y Jacinta, y de los límites de ese espacio, mucho, no se sale. ¿Es eso, bueno o malo? Del talento del director, creo yo, que eso depende. 
Ahora… Cuando digo que de allí dentro “mucho no se sale”, no lo hago de manera despectiva. Habrá a quienes guste ver extensas batallas, como también los habrá partidarios de algo más sencillo, como “historias mínimas”, que es este caso. ¿Quién dijo que un camionero y su pasajera no podrían ser interesantes? Es tanto igual de válido que el barco o que la guerra. 
Con todo, diría que a ningún director lúcido debería bastarle con tener a sus personajes en pleno viaje, no haciendo nada. Porque, haber… Todo lindo, con el minimalismo. Pero para ver a un tipo manejando y a su pasajera quieta, y quedarnos con eso, nos filmábamos a nosotros mismos y nos veíamos después. Quiero decir que, si quisiéramos hacer una película, mejor tener algo que contar y que realmente valiera la pena (ya fuera con acciones, diálogos, o lo que fuera), pero en definitiva, algo digno de verse. 
Lo que ocurre con Las Acacias es que Giorgelli lleva el minimalismo a sus extremos. Con escenas en donde la imagen se ve bastante limitada al plano contraplano, para que los veamos, a él, al volante, y a ella, mirando el camino, mientras cuida de su beba, Anahí (Nayra Calle Mamani).. 
En otro momento Rubén juega con la niña con su mano derecha, mientras conduce con la izquierda y Jacinta duerme. O en otra escena Jacinta le enseña a Rubén algo de guaraní.
A lo largo del recorrido, chofer y pasajera se van conociendo, aunque muy lentamente, debido a un Rubén reservado. Al principio, ni es capaz de preguntarle a la madre, por su nombre, o el de su hija. Habiendo muy poca conversación entre ellos (pero con un Rubén, cada vez más abierto) y con alguna parada en el camino, Giorgelli maneja un ritmo que hace que la película no se haga eterna, gracias a un sencillo, aunque eficaz montaje, y a la distribución que otorga a los diálogos y las acciones. Así es como consigue que nos interesemos por sus personajes y nos nos durmamos En cuanto al final, sin ser la gran cosa, igualmente logra hacerlo emotivo, cuando arriban a la capital argentina. 
No obstante, y pese a tener cosas positivas, Las Acacias no termina de convencer, porque la simpleza de su lenguaje es demasiada y porque falta explorar más un vínculo entre dos personas, que es tan escaso que no justifica casi una hora y veinti cinco minutos de película. 

Mi puntaje: 4/10


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viernes, 1 de febrero de 2013

"Cuidado con lo que sueñas. Podría hacerse realidad"

Título: Ruby Sparks (Ruby, la chica de mis sueños)
Año: 2012
Género: Comedia, Fantástica, Romántica
Director: Jonathan Dayton, Valerie Faris
Guión: Zoe Kazan
Duración: 104min
Reparto: Paul Dano, Zoe Kazan, Chris Messina, Annette Bening, Antonio Banderas, Aasif Mandvi, Steve Coogan, Elliott Gould

En Ruby Sparks, Calvin (Paul Dano) es un exitoso novelista que sufre de bloque creativo, hasta que, durmiendo, sueña con una chica imaginaria (Zoe Kazan) que, no sólo lo inspira, sino que, pronto cobra vida. 
Bajo ningún concepto pretendo defender a los premios de la Academia. No es que quiera decir que estos sean buenos o malos, ya que (negocio, o no negocio) se supone que sus miembros premian, votando, según los gustos subjetivos de cada uno, y yo ahí, no veo nada de malo. Luego, que lo votado por esta gente no sea, de hecho, la verdad absoluta, ya es otra cosa. 
El 2006 fue para la independiente Pequeña Miss Sunshine, un año positivo. Sería nominada al Oscar en cuatro categorías, quedándose con las de mejor actor secundario y mejor escritura.
Y repito, que la opinión de esta gente no debería significar absolutamente nada. Sin embargo, personalmente, igual me animo a reconocer cuando se destaca, lo que ha sido, a mi parecer, una buena escritura. Merecido, o no, el galardón, el guión de Michael Arndt había sido estupendo. Algo que no volvería a repetirse con el libreto de su sucesora, Zoe Kazan, colaborando con los mismos directores.
Ruby Sparks significaría tomar un rumbo distinto. Ahora con un joven novelista, a quien, ni su terapeuta (Elliott Gould) lograba ayudarlo a plasmar sus ideas. Algo para lo cuál, tendría que recurrir al mundo onírico.
Una chica le habla a Calvin. Nosotros no entendemos demasiado de lo que dice, pero eso no importa, porque Calvin se despierta en su sofá, súper inspirado, y corre a su máquina de escribir (algunos, aún las prefieren, a las computadoras), en donde escribe a toda velocidad. 
En otra sesión, a Calvin le cuesta expresarle al Dr. Rosenthal, eso, muy raro, que le está ocurriendo, hasta que se anima. Sucede que, quien ha vuelto a iluminarlo es una muchacha que ni siquiera existe y de la que, para peor, se está enamorando. Calvin es capaz de describir a Ruby, su nuevo personaje, con claridad de detalles, tanto a nivel físico, personalidad, o de su biografía. Pero lo más importante es que la escritura ha vuelto a fluirle. 
Hasta que algo extraño ocurre. 
Ruby aparece, de pronto, en su casa, dirigiéndole la palabra (como si fuera lo más normal), a lo que Calvin enloquece. 
Un par de situaciones que le siguen, una con su hermano (Chris Messina), y otra, con una admiradora, dan entender que su Ruby es tan real como se la ve. Junto a Harry hace un experimento y descubre que todo lo que escriba sobre ella se materializa. Algo que es genial, pero alocado. 
Desafortunadamente, este buen concepto es rápidamente tirado abajo por Kazan, quien también interpreta a Ruby. 
Calvin no tarda en dejar su asombro, para aceptar a Ruby como la chica con quien vive. A partir de esto, lo que se nos muestra es cómo evoluciona el vínculo, con sus buenos y sus malos momentos, convirtiendo a la película, en gran medida, en un típico drama juvenil, sobre roces de pareja. Todo lo que, dentro de lo fantástico, podría haber habido de genial, se pierde, y casi todo lo que sigue es un desperdicio.
Ruby Sparks pasa a tratarse de los conflictos entre una chica, que no parece ser capaz de comportarse adecuadamente, y su novio celoso y posesivo, que se adapta a una nueva novia, como si nada. 
Con los problemas entre Ruby y Calvin, yendo y viniendo, Kazan tarda un montón en mostrarnos lo que a nosotros, más nos interesa, que es el cómo funciona una chica que salió de una hoja, escrita en tinta. O sea que Kazan no concede al aspecto mágico, el espacio necesario. 
El planteo que se maneja, es que Calvin, a tal punto es incapaz de dialogar con Ruby, que opta por equilibrarla con la escritura. Recién en los últimos minutos es que es llevado al extremo de lo posesivo. Cuando las diferencias entre ellos se han vuelvo demasiadas, es que resuelve enseñarle a Ruby los aspectos más extraordinarios de su existencia. En una última escena, en donde Calvin se vuelve agresivo (aunque no, en lo verbal o físico) usa su máquina de escribir para enloquecerla, obligándola a hacer lo que él quiera, con tan sólo tipear en ella. 
A modo de conclusión, creo Kazan podría haber hecho del poder mágico, de la palabra escrita, el elemento vigente a hacer hincapié, y la película habría mejorado. 
No puedo, sin embargo, dejar de mencionar el excelente destino que Kazan le da a Ruby, cuando ha llegado el momento, para Calvin, de decir: ¡ya basta!

Mi puntaje: 3/10


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lunes, 28 de enero de 2013

"Nueva casa, nueva familia... viejos recursos"

Título: Paranormal Activity 4 (Actividad Paranormal 4)
Año: 2012
Género: Terror
Director: Henry Joost, Ariel Schulman
Guión: Christopher B. Landon (escrita por), Chad Feehan (escrita por) y Oren Peli (personajes)
Duración: 88min
Reparto: Kathryn Newton, Matt Shively, Katie Featherston, Bradley Allen, Aiden Lovekamp, Alexandra Lee, Stephen Dunham 
Produc.: Room 101
Presup.: $5 millones apróx. 

En Actividad Paranormal 4, cinco años después de los sucesos de la segunda parte, Katie y Hunter (ahora Robbie) se han mudado a otra casa. Serán sus vecinos de enfrente quienes empiecen a sentir una extraña presencia. 
El género del terror es el que más sufre, y de fea manera, por culpa de la ambición de los productores. 
Si pensáramos en la animación, con cada nueva entrega difícilmente un espectador se tomara el trabajo de cuestionarla, ya sea por su tendencia a ir mejor encaminadas, o porque acá no existe tanto prejuicio. 
Volvamos, entonces, de vuelta al otro género, y veamos qué es lo que pasa, en las mismas circunstancias. Podría decirse que con este cine se cumple, casi siempre, una misma regla: si la primera dio resultado, la fórmula ha de repetirse hasta el agote. 
Precisamente, Actividad Paranormal 4 es un ejemplo de exprimir (alargar) una franquicia, hasta que ya no tuviera sentido, pero porque los números alcanzados satisfacían. 
Tuvimos primero a Katie (Katie Featherston) y a Micah, y sus problemas con los demonios. 
Tuvimos luego, y para no repetir, a Kristi y a su marido.
Desgastado el presente, se recurriría, entonces, al pasado. A los hechos ocurridos durante la infancia de Katie y Kristi. Con un costo de producción muy bajo y más de 200 millones en ingresos, era de saberse que este tampoco sería el cierre. 
Y aquí, el asunto. Quien creyera que tres filmes ya habrían consumido las opciones, seguramente no había imaginado el plan B. 
AP 2 (2010) acababa con una Katie poseída, secuestrando a Hunter, su sobrino bebé, para desaparecer, supuestamente, para siempre. En base a eso se nos sorprendería más tarde en AP 4, con su retorno, en una nueva casa, y en el caso del Hunter, con una nueva identidad: su nombre, Robbie. Tía y sobrino no son ahora más que títeres de un ser maligno, y sus vecinos de enfrente, la presa perfecta. Así, cuando de pronto Katie es llevada por la emergencia, será que estos vecinos sean los únicos, para Robbie, con quienes quedarse. 
El rol protagónico en AP 4 pasa a recaer en adolescentes. Esta vez Alex (Kathryn Newton), la hija mayor de Holly (Alexandra Lee) y Doug (Stephen Dunham), y su amigo Ben (Matt Shively), son quienes perciben que algo anda mal. También cambia, en cierta forma, el modo en que vemos lo que ocurre, ya que toda la película es vista desde las webcams de esta familia. 
Cuando una noche, la computadora de Ben, en grabado automático (y sin él, saberlo), guarda lo registrado por la cámara de su amiga, pronto tienen material para divertirse… o asustarse. Es que ver a Robbie meterse en el cuarto de Alex, mientras ella duerme, no puede ser menos que inquietante. 
Wyatt (Aiden Lovekamp) y el visitante crean un vínculo tenebroso, volviéndose el primero tan extraño como el segundo. Por otra parte, ruidos y cosas que se mueven sin contacto humano, se hacen presentes en varias partes de la casa. Como en todas, en AP 4 se trabaja mucho con el suspenso prologado, que antecede a cada evento, aunque esta vez, sin los mismos resultados. Los intentos de asustarnos son en vano, porque todo es ya, muy predecible. 
La idea de la tía y su sobrino, reubicados, es tan rebuscada, que se hace difícil tomarla en serio. Encima, al niño lo vemos con otro nombre, cosa que no tiene ningún sentido.

Mi puntaje: 3/10


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miércoles, 9 de enero de 2013

"¿Nacido de un repollo? No. Pero, casi"

Título: El extraño caso de Timothy Green 
Año: 2012 
Género: Comedia, Drama, Fantástica 
Director: Peter Hedges 
Guión: Peter Hedges (escrita por), Ahmet Zappa (historia) 
Duración: 105min 
Reparto: Jennifer Garner, Joel Edgerton, CJ Adams, Odeya Rush, Shohreh Aghdashloo, Rosemarie DeWitt, David Morse, M. Emmet Walsh, Lois Smith, Dianne Wiest, Ron Livingston 
Produc.: Monsterfoot Productions, Scott Sanders Productions, Walt Disney Pictures 
Presup.: $25 millones apróx. 

En La extraña vida de Timothy Green, Cindy (Jennifer Garner) y Jim (Joel Edgerton) no pueden ser padres, por sus propios medios. Entonces, una noche entierran en el jardín de su casa, una caja con todos los deseos que querrían ver cumplidos en un hijo propio, escritos en su interior. Esa misma noche atestiguan un resultado milagroso, en la forma del pequeño Timothy (CJ Adams). 
Sólo como curiosidad, quienes sigan, más o menos de cerca, la filmografía de Jennifer Garner, podrán haber notado que esta es la segunda vez, en cinco años, en que interpreta a una mujer que no puede tener familia. Su rol anterior había sido en Juno (2007), como el personaje secundario de Vanessa Loring, quien aguardaba al bebé de una adolescente. 
Jim y Cindy Green son de esos matrimonios, para quienes ser padres sería la frutilla de la torta. El haber constituido la familia soñada.
El tema es, que mientras que a algunos, los hijos les llegan tan fácilmente como los resfríos, otros, como los Green, ven pasar el tiempo sin que ocurra nada. Es entonces, cuando los médicos se han dado pro vencidos, que ellos vuelven a su casa, en donde han de conformarse con ser los únicos bajo su techo. 
Esa noche en particular, y no habiendo ya, nada que perder, Jim decide jugar a que juntos describan al hijo perfecto, al tiempo que anotan cada una de sus ficticias, enormes cualidades, en las hojas de una libreta. Por un momento fantasean, dejándose llevar, y sumándole, cada vez más atributos, a alguien que es, cien por ciento, inventado. Seguidamente, salen en la oscuridad, a enterrar esas cualidades en el jardín, dentro de una caja. 
Ambos están durmiendo cuando el viento se levanta y una inusual lluvia se desata sobre su terreno. Al poco, esta cesa, pero ya habiéndoles dejado un muy especial obsequio. 
Alguien aparece de improviso, en la cama, junto a Jim, pero desaparece tan rápidamente como llegó, dejando sucio de tierra. Acto seguido, Cindy y Jim se ponen a buscar al intruso. Así acaban encontrándose con un niño de unos diez años, cubierto de barro, y que no saben de donde proviene. Misterio que resuelven en seguida, al mirar por una ventana. Un pozo con las dimensiones del pequeño, revela el mismo punto en donde antes enterraran la caja.
Para hacer del suceso, aún más sorprendente, el niño tiene hojas verdes prendidas a sus piernas. 
Lo más seguro es que, para muchos, toda esta secuencia contenga una magia emocionante. Con una pareja que arrancaba desconsolada; que se ponía, luego, a jugar, para olvidar sus penas; y que acababa siendo tocada por manos divinas. Y no dudo que fuera ese, el objetivo de Peter Hedges. Con todo, se me hace que, aún siendo un relato fantástico, hubiera sido interesante atar algunos cabos, antes de seguir, para dar mayor solidez a los hechos venideros. Detalles como, que al matrimonio le cueste tan poco, convencerse de que el niño salió de la tierra, y que, además, es hijo de ellos, no ayudan a tal causa. O que, al descubrir que tiene hojas en los pies, no piensen que pueda ser parte de una broma, tampoco es muy creíble. Cualquiera podría pensar que eran muy ingenuos.
Tras recibir un baño caliente y presentarse como Timothy, un niño que no siente, ni miedo ni vergüenza, los llama de inmediato “papá” y “mamá”. Algo a lo que, ninguno de los dos, tarda en acostumbrarse. 
Ya, a la mañana siguiente, los Green dan a conocer a su nuevo integrante, en una reunión con familiares y amigos, en donde ambos asumen, demasiado pronto, el rol de padres, lo que tampoco es verosímil. Como si conociesen a Timothy desde siempre, y no, desde hace apenas, unas horas. 
De aquí en más, madre y padre procurarán hacer que cada día sea valioso. Tratarán de transmitir su cariño y enseñanzas, como si el niño fuese común y corriente, y olvidando un detalle mayor: Timothy no nació dentro de un vientre materno.
Este enviado del cielo ayuda al matrimonio, no sólo a quitarse las ganas de ejercer la paternidad, sino, a que, en muy corto plazo puedan cometer errores, desde esa posición, para aprender de ellos. Timothy los ayuda, incluso, a enfrentarse a sus propios demonios, cuando nunca antes habían tenido el coraje.
Pero, no todo lo que brilla es oro. Y las hojas verdes de Timothy, también empiezan a marchitarse. 
Algo que nunca termina de convencer, es para qué, exactamente, es que llega el niño a ellos. Si el matrimonio iba, luego, a querer adoptar, bastaría con que fuesen adultos responsables y sinceros, sin enfermedades terminales, problemas psicológicos o financieros, para que los trámites se dieran con éxito. 
Toda la película es contaba en un flashback, a medida que la pareja narra su historia con Timothy, a Evette Onat (Shohreh Aghdashloo), la supervisora. Acá, obviamente, lo que tenemos es a un dúo que ansía comprensión y empatía. Sin embargo, Onat demuestra ser una veterana sensata, que no está para graciosos. A ella se la convence con hechos que expresen verdades, y no, con niños nacidos entre las plantas. Lo mismo, le hubieran dicho que era traído por la cigüeña, y ¿con eso, qué? ¿Acaso, debería entenderse que les creyera, sólo por ver sus caras angustiadas? 
Llegados a este punto, Hedges elige, en definitiva, un final que tiene agujeros, pero que es feliz y saca sonrisas. Recordemos que su contrato era con la Disney, y el filme, para grandes y para chicos. 

Mi puntaje: 4/10


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