lunes, 13 de agosto de 2012

"Romper las tradiciones requiere valentía"

Título: Brave (Valiente)
Año: 2012
Género: Animación, Acción, Aventura, Comedia
Director: Mark Andrews, Brenda Chapman, Steve Purcell (co-director)
Guión: Brenda Chapman (historia), Mark Andrews, Steve Purcell, Brenda Chapman y Irene Mecchi (guión)
Duración: 100min
Reparto: Kelly Macdonald, Billy Connolly, Emma Thompson, Julie Walters, Robbie Coltrane, Kevin McKidd, Craig Ferguson, Steven Cree
Produc.: Walt Disney Pictures, Pixar Animation Studios
Presup.: $185 millones aprox.

En Valiente, Mérida en una princesa escocesa del clan DunBroch, que se niega a cumplir, estrictamente, con su rol en la tradición familiar. Una vez que ella decida cambiar esta situación, será cuando las cosas se le vuelvan, patas para arriba.
Esta nueva aventura, surgida de la colaboración entre Disney y Pixar, llega en un momento en el que, creo que, se hacía imprescindible, dada la sobre abundancia de secuelas. Pero, que no se me malinterprete. Salvo casos excepcionales, diría que no se ha dado, prácticamente nunca, que una animación de los grandes estudios llegara a decepcionar.        
Hoy es el caso de Valiente, que, por primera vez tiene como protagonista a un personaje femenino, desarrollándose, además, en la Alta Edad Media.
Mérida (Kelly Macdonald) es una joven adolescente, hija de Fergus (Billy Connolly), padre guerrero, y de Elinor (Emma Thompson), madre elegante y de buenos modales. De su padre ha heredado el espíritu para la acción y de su madre... aún está por verse.
Justo en este momento, Elinor está nerviosa, ya que los jefes de tres clanes vecinos están por llegar a su reino con sus hijos, los príncipes, para que estos compitan por la mano de Mérida. Elinor, lo que quiere, es que su hija se comporte, actúe con educación y acepte su destino, ya preestablecido.
A Mérida, obedecer a su madre se le hace difícil, ya que esa es una tradición que ella no comparte. Elinor se ha visto siempre a sí misma como una dama, educada y refinada. Incapaz de comer, usando las manos, sentarse encorvada o mancharse la ropa. Todo lo contrario, al modo de ser de su hija. La relación entre la una y la otra es de perros y gatos. Un vínculo con el que, seguramente, muchos se sientan identificados.
En un acto de rebeldía, y luego de que los príncipes se batieran en arquería, Mérida se presenta para competir por su propia mano. Según las reglas, los pretendientes deben ser primogénitos y ella también lo es. Se sobre entiende que esto no es válido, pero a Mérida, poco le importa. Furiosa, e impulsada por una madre rezongona, apunta a los tres blancos y acierta a los tres en el centro.
A estas alturas, para Mérida su madre se ha vuelto un ogro, y ella, una incomprendida. En un clímax temprano, en donde ambas discuten, Mérida rompe un tapiz, tejido por su madre, en el que ella y sus padres aparecían juntos, luego de lo cual huye a caballo hacia el bosque. Pronto, Mérida da con la cabaña de una anciana (Julie Walters), parte bruja y parte vendedora, y consigue hacerse con un hechizo prometedor. Con este podrá cambiar a su madre, su manera de pensar, con sólo darle a probar un pequeño pastel. Lo que la anciana, sin embargo, olvida mencionarle, es que este cambiaría también, su imagen física. No al tanto de esto, Mérida convierte a su madre en un oso, animal al que su padre había jurado venganza.
Los hechizos y las luchas por acabarlos, ya son algo muy visto. Tómese, por ejemplo, el caso de La Bella y la Bestia (1991). La diferencia aquí radica, en que este tipo de conflicto, entre madre e hija, es mucho más cercano y real para muchos.
Elinor y Mérida no quieren escucharse. Elinor cree ser ella la incomprendida y no entiende en que falló, cuando de hecho es su hija, la perjudicada. Lo triste es que tuvieran que llegar al punto, en que la madre acabara abandonando su condición humana y su capacidad de diálogo, para que ambas, finalmente se entendieran.
Hija y madre (ahora oso), salen del castillo para poner a Elinor a salvo de un marido, que desconoce del hechizo. Es a partir de ahí, en medio del bosque, que ambas se dan la chance de hacer un cambio radical en su relación, aunque sea obligadas por circunstancias extremas. Mérida es ahora la única que puede expresarse. Su madre sólo puede oírle o rugirle. Acá se hace muy gracioso ver como una Elinor que, peluda, de unos dos metros de alto y con patas, en vez de piernas, sigue manteniendo la misma conducta impecable de una perfecta señora, además de aún llevar consigo la corona.
A lo largo de la película, el humor, los enredos y algunos datos importantes sobre el pasado mismo del clan, son siempre acompañados por esta buena lección de convivencia, que dicta que por algo tenemos dos oídos y sólo una boca.
Pese a todo, tampoco es que, necesariamente, uno tuviera que ir al cine para darse por entendido sobre ciertas obviedades. La película sólo refuerza conceptos que ya todos conocíamos. Porque es algo desafortunado, pero real, que muchos padres, sin pretenderlo, cometan el error de querer decidir siempre por sus hijos. No permitiéndoles a ellos vivir sus vidas a su manera.

Mi puntaje: 6/10


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viernes, 10 de agosto de 2012

"El hombre que desafió a Alcatraz"

Título: Escape from Alcatraz (Escape de Alcatraz)
Año: 1979
Género: Acción, Crimen, Drama
Director: Don Siegel
Guión: J. Campbell Bruce (libro), Richard Tuggle (guión)
Duración: 112min
Reparto: Clint Eastwood, Patrick McGoohan, Roberts Blossom, Jack Thibaeau, Fred Ward, Paul Benjamin, Larry Hankin, Bruce M. Fischer, Frank Ronzio, Fred Stuthman, David Cryer, Madison Arnold
Produc.: Paramount Pictures, The Malpaso Company
Presup.: $8 millones aprox.

En Escape de Alcatraz se nos cuenta la verdadera historia de Frank Morris (Clint Eastwood), quien junto a otros dos presos llevara a cabo, el que se cree hasta hoy, el único escape satisfactorio de esta prisión.
El 20 de enero de 1960 y tras, ya haber circulado por distintos centros penitenciarios, Morris llegaba a Alcatraz. Nacido en 1926, Morris había empezado su historial de antecedentes con apenas 13 años, luego de lo cual sería detenido por su comportamiento delictivo en sucesivas oportunidades. Sus crímenes iban, desde la posesión de narcóticos, hasta el atraco a mano armada.
Don Siegel dirigió esta película, que, salvando las distancias, acabaría teniendo ciertas similitudes con la superproducción de 1997, Titanic. En ambas se partía de la base de que estas maravillas arquitectónicas (un barco y una cárcel) eran inviolables. Se pensaba imposible burlar la seguridad de Alcatraz, y Frank Morris lo haría. Se creía imposible que el barco más grande del mundo se fuera a pique, y eso, también pasaría.
Escape de Alcatraz supuso una dramatización, que buscaría recrear todo lo previo a la hazaña y el propio acontecimiento. Siegel, muy decidido a no dejar escapar ningún detalle, nos dejaría ver cada movimiento llevado a cabo por el recluso. Este, tan capacitado para lograrlo, como para no tener descuidos. Precisamente, con un coeficiente intelectual superior al normal, Morris contaba con ventajas que otros no tenían.
Una vez adentro, Morris sería desnudado, aseado y puesto al tanto de las regulaciones, antes de entrar a su celda. Más tarde conocería al resto de los presos, algunos de los cuales se volverían sus amigos.
 A nivel narrativo, sería fundamental que Siegel describiera el panorama interno del lugar, para que fuera claro que buscar la libertad era sólo uno de varios motivos para querer dejar esa cárcel. Es que, lejos de ser un lugar tranquilo, aquello podía convertirse en un infierno. Una de dos cosas, eran las que allí podían sucederte: o que te tranquilizaras y te portaras bien (congeniando con algunos y haciendo de tu estadía, más llevadera), o que te metieras con los otros o te enloquecieras, de alguna manera. Y si tú eras de los mansos y te topabas, recurrentemente, con un agresivo, tendrías que cuidarte las espaldas. Habría una escena en las duchas, en donde Wolf (Bruce M. Fischer), uno de los más violentos, se detenía ante Morris con una actitud y una sonrisa, que lo dejaban a uno dudando entre si sería él un homosexual, con problemas de temperamento, o acaso, simplemente, un matón.
Fuera de este tipo de incidentes, lo que entenderíamos en seguida era que, si siendo libre habías sido un chico malo, en Alcatraz no tardarías en enderezarte, o de lo contrario, sufrirías las consecuencias. English (Paul Benjamin) o Litmus (Frank Rozio), por ejemplo, eran dos tipos, que afuera habían obrado mal, mientras que ahora se comportaban con disciplina, incapaces de mover un dedo si lo vieran peligroso. Otro de los reclusos, el veterano Doc (Roberts Blossom), mataba las horas expresando su talento en sus pinturas. No veríamos, de este modo, a delincuentes con mala pinta, sino a un montón de hombres asustados, temerosos de que hubiera algo peor al hecho mismo de estar allí.
Desconozco si habrá sido por motivos creativos, realidad o casualidad, pero esta cinta no se salvaría de la tendencia de mostrar al director de la prisión como alguien de mal carácter. Aquí el guardián de la prisión (Patrick McGoohan), si bien no sería exactamente “el” villano, sí daría a entender, por momentos, que de cuando en cuando tenía, con los reclusos, algún problema personal.
Volviendo a lo central, Siegel se preocuparía por mostrar a cada uno de quienes, ya fuera en mayor o menor medida, hubieran llegado a dar una mano a Morris. Dentro de una institución de este tipo, hay algo que siempre ha existido y es la posibilidad de tener acceso a determinado tipo de herramientas, siempre y cuando, supieras cómo negociarlas. A Morris, por ejemplo, un poco de ayuda le costaría la totalidad de sus postres, a la hora de la comida.
Morris, entonces, sería valiéndose de mucha paciencia, horas de trabajo y hábiles estrategias de distracción, que lograría, junto a otros dos compañeros, Clarence y John Anglin (Jack Tibeau y Fred Ward), elaborar el plan perfecto, del cual él era la mente pensante. 
Con respecto a lo más flojo, diría que Siegel cometió el error de no profundizar en aspectos de la psicología misma de Morris. Haciendo memoria, en el drama ficticio carcelario Cadena Perpetua, del 94, Darabont se había tomado su tiempo para que conociéramos a Andy Dufresne lo mejor posible. Entonces, luego viviríamos toda la secuencia de su fuga, casi como si fuésemos nosotros, los que estuviéramos dejando atrás Shawshank. Esto en Escape de Alcatraz también ocurre, pero en mucha menor escala y quitándole así magnitud a la última secuencia. No deja de ser cierto que la hazaña de Morris fuera bastante menos impresionante, que lo hecho por Dufresne. Pero eso no quita que dependiera de Siegel, el que la parte del escape tuviera en nosotros el mismo efecto conseguido por Darabont.

Mi puntaje: 6/10


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viernes, 3 de agosto de 2012

"Acción - Reacción"

Título: Les Choristes (Los Coristas)
Año: 2004
Género: Drama, Musical
Director: Christophe Barratier
Guión: Georges Chaperot y René Wheeler (historia de 1945 "La Cage aux rossignols"), René Wheeler y Noël-Noël (guión de 1945 "La Cage aux rossignols"), Christophe Barratier (historia en pantalla), Christophe Barratier y Philippe Lopes-Curval (guión)
Duración: 97min
Reparto: Gérard Jugnot, Jean-Baptiste Maunier, Maxence Perrin, François Berleand, Marie Bunel, Grégory Gatignol, Kad Merad
Produc.: Vega Film, Banque Populaire Images 4, CP Medien AG, Canal+, Centre National de la Cinematographie (CNC), Dan Valley Film AG, France 2 Cinéma, Galatée Films, Novo Arturo Films, Pathé Renn, Productions, Procirep
Presup.: €5.500.000 millones aprox.

En Los Coristas, Pierre Morhange (Jacques Perrin) es un director de orquesta francés, que se haya en Nueva York, cuando debe de volver a su país por la muerte de su madre. Tras el entierro se reencuentra con Pépinot (Didier Flamand), antiguo compañero del internado, y con quien rememorará aquellos tiempos, cuando sus vidas fueran tocadas por el maravilloso Clément Mathieu (Gérard Jugnot).
Llaman a la puerta. Pierre le abre a alguien a quien él no reconoce. Su visitante, en cambio, parece muy seguro de que esto no es así. Para sorpresa de Pierre, se trata de Pépinot. Es que hace cincuenta años que no se ven.
Pierre invita a Pépinot a pasar, momento en el cual empiezan a charlar sobre su época de pupilos. Pierre siente especial interés por saber qué fue de Mathieu, de cuyo diario él nunca ha oído hablar y que el propio Pépinot le da a conocer.
Este es el prólogo de la película, en donde sus vivencias en Fond de L 'Étang (Fondo del Tanque) nos son contadas a través de este diario.
Todo se remonta a un día sábado de 1945, cuando Mathieu llega a los portones del internado. Allí se topa con un niño muy quieto y callado quien, tras el portón, parece esperar a que algo ocurra. Mathieu más adelante se enterará de que el niño es Pépinot. Un huérfano que aguarda cada sábado, a la llegada de un padre que él se niega a aceptar que haya fallecido.
Mathieu se presenta como el nuevo vigilante, ante un personal que no se molesta en darle una bienvenida cálida o en hablarle bien de los pupilos. Muy por el contrario, sólo saben describirle a chicos indisciplinados, que carecen de respeto por los adultos.
Uno como espectador, aún sin haber visto todavía nada, ya debería ir haciéndose una idea de, cómo son realmente las cosas. La infancia es la etapa en que necesitamos, más que nunca, ser entendidos y escuchados, y la atención y la comprensión son algo que estos niños desconocen. Sucede que Rachin (François Berleand), el director del internado, es un cretino, un ególatra y un completo malhumorado. Sus asuntos personales lo han llevado a descargar su bronca sobre quienes no lo merecen y a regirse bajo un código implacable de: “acción – reacción”, en donde cualquier mala conducta es penada severamente. Rachin y sus subordinados parecieran estar siempre expectantes a las indisciplinas, como si el confinamiento en el llamado “calabozo” fuera el mayor de sus placeres. Son muy buenos, penando los errores, y muy malos, recompensando los pocos aciertos.
Mathieu empieza a cumplir con sus funciones, a lo que descubre de inmediato, que lo que le habían dicho antes no era mentira. Allí adentro sí que hay problemas. Pese a esto, a él le cuesta acostumbrarse a eso de la “acción – reacción”, ni le agrada que a los niños se los encierre. Pero entonces, claro... Mathieu, a diferencia del poco capaz de Rachin, con o sin problemas, él sí tiene paciencia y capacidad de escucha. Ambas indispensables, si se pretende sacar algo bueno de estos niños. En seguida se le enciende la lamparita y se propone a sustituir el castigo por la música. Básicamente, quiere hacerles darse cuenta a los niños, de que sí, que ellos valen, y que sí, que ellos sirven para algo.
El nuevo vigilante comenta a Rachin su intención de formar un coro, ya que no es cosa de llegar un día y empezar a hacer lo que le plazca. El director, amargo como siempre, nunca le sonríe o lo anima por su idea. Sólo se limita a mostrarle su desdén y a advertirle de lo que podría ocurrirle si las cosas se le saliesen de control.
 Pronto, Mathieu ha probado a los niños, los ha separado según el tipo de voces y ha formado su coro. Pronto, también, ciertos incidentes llevan a que Rachin le prohíba seguir con su experimento. Que es cuando la cosa se pone aun más interesante, porque Mathieu desobedece y practican, entonces, a escondidas.
De aquí en más, cada vez que los niños canten será un momento mágico, de pura belleza, y en donde Rachin se habrá convertido, momentáneamente, en algo lejano e inofensivo. Mathieu, asimismo, establecerá, a lo largo de la película un muy especial vínculo con dos de sus alumnos, Morhange y Pépinot. Que son quienes nos narran la historia desde un principio.
En una oportunidad, leí una famosa frase de Alfred Hitchcock, en la que este decía: “Nunca trabajes con niños, con animales o con Charles Laughton”. La verdad es que sobre Laughton carezco de detalles, pero sí se de lo nervios que pasó Hitchcock filmando con niños y con perros. Lo que me dice que este inglés debió de ser un realizador de poca paciencia. Es que luego de disfrutar del coro de pupilos de Christophe Barratier, se hace difícil pensar que estos chicos pudieran ser tan alborotadores.
La dirección de actores acá es magnífica. Lo mismo que la manera en que los chicos se meten en sus personajes. Lo que me hace pensar que, a no ser que estos niños fuesen luego, doblados por otros coristas, Jean-Baptiste Maunier y sus compañeros debieron de haber amado esos momentos en los que el director decía acción, para que ellos, con sus voces, pudieran divertirse.
En Los Coristas cada escena tiene a unos niños actores que, lejos de ser de piedra, uno puede entender lo que sienten, ya sea que sufran o que reían. Uno puede ver cómo Mathieu pasa de ser profesor, no sólo a  convertirse en director de coro, sino que también, en terapeuta. Porque a veces, no es un máster en psicología lo que se precisa para ayudar, sino que el saber compadecer y escuchar al otro.

Mi puntaje: 8/10


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lunes, 23 de julio de 2012

"Está lloviendo, y no son gotas"

Título: Shoot ‘Em Up (Matar o morir)
Año: 2007
Género: Acción, Comedia, Crimen
Director: Michael Davis
Guión: Michael Davis
Duración: 86min
Reparto: Clive Owen, Paul Giamatti, Monica Bellucci, Stephen McHattie
Produc.: New Line Cinema, Angry Films
Presup.: $39 millones aprox.

En Matar o morir, Smith (Clive Owen) es un misterioso y solitario pistolero quien, sin quererlo, se ve intentando desbaratar una conspiración en el gobierno.
Smith está tranquilo. Disfruta de uno de sus pocos placeres, comer zanahoria, mientras descansa en un banco en la vereda.
De pronto, Smith se ve enfrentando un panorama poco usual. Una joven embarazada (Ramona Pringle) aparece corriendo, muy agitada y sigue de largo hacia un callejón. Cualquiera que la viere no habría dudado en ayudarla. Esto, sin embargo, no parece afectar a este hombre, que no da señales de ir a hacer algo. No hasta no ver que la dama es perseguida por alguien armado y con cara de pocos amigos. Ahí recién, es que hace cambiar sus prioridades. Pero no, sin antes darle un mordisco a su alimento vitamínico.
Smith sigue a víctima y atacante al callejón, aún cuando él mismo se encuentra desarmado. Segundos más tarde, el delincuente ya tiene a la joven en la mira, a punto de liquidarla, instante en el que aparece Smith. En medio de una balacera, Smith se las ingenia para llevar adelante un trabajo de parto, tras el cual enseña a la madre un rincón que el cree seguro, pero no lo es, para ella y para su hijo. Mientras tanto, él seguirá procurando salvarles a ambos el pellejo.
La escena inicial nos muestra a este buen ciudadano, poniéndolo de primera, entre la espada y la pared. El resultado acaba siendo la feroz persecución entre un hombre y un batallón de asesinos a sueldo, todos ellos liderados por el temible Hertz (Paul Giamatti), quien, si no te quiere, te lo dice, pero con el gatillo.
Hay mucha acción y muchos tiros. Y un sujeto tan genial, que hasta se hace con un arma ajena para su beneficio. Luego, para terminar con la primera escena adrenalínica no podía faltar el espectacular salto desde una terraza, hasta un apartamento, que Smith hace con el pequeño en brazos. Es de esas circunstancias en las que sólo faltaría que el malo gritara algo como: “¡me vengaré!”, pero que, por suerte, no pasa.
A medida que la trama avanza, el pasado de Smith no es, necesariamente, demasiado importante, aunque sí conocemos algunos detalles desmotivantes.
Acá lo que tenemos es a un tipo que se ha metido en donde no debía, pero quien, casualmente posee amplio conocimiento del uso y anatomía de las armas de fuego, técnicas de combate o vías de escape. Por qué, no decirlo: una suerte de MacGyver. Y todo por querer salvar a un recién nacido, que al final, sí, se ha quedado huérfano.
Partiendo de esta premisa es que fluye todo el resto, en donde cada situación es una constante de disparar y recibir disparos, y en donde sin importar, que sean decenas de asesinos contra uno solo, nuestro héroe es siempre quien sale con las de salir victorioso.
Debe destacársele al director, el que todas las escenas funcionaran a base de tiros, con metralletas o pistolas, y sin recurrir a otros elementos. Conjuntamente, Davis lleva a su héroe al extremo, pero sin hacer el ridículo. El que, sí, fuera, por ejemplo, el caso del Darius Stone de XXX 2, quien hacía andar un vehículo sin llantas sobre una vía de tren, lo cual ya era un exceso.
Con esto lo que estoy diciendo es que es sabido que un director pueda, y muchas veces “deba” tomarse ciertas libertades para con sus personajes, aunque siempre, considerando que “tiene”, también, que haber un límite marcado.
Davis no se olvida tampoco, del componente femenino. Donna Quintano (Monica Bellucci) es una prostituta que acaba siendo el único apoyo de Smith y que permite que haya un componente erótico y romántico.
Matar o morir es acción y balazos, de principio a fin. Es, el bueno contra el malo. Ambos construidos bajo los típicos estereotipos, pero acá, contando con el buen toque de Michael Davis. Quien, si bien no descubrió la pólvora, ciertamente, supo usarla.

Mi puntaje: 5/10


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domingo, 22 de julio de 2012

"Hasta que los zombis nos separen"

Título: [Rec]³ Génesis
Año: 2012
Género: Drama, Terror, Thriller
Director: Paco PLaza
Guión: Paco PLaza, Luis Berdejo
Duración: 80min
Reparto: Leticia Dolera, Diego Martín, Mireia Ros, Ismael Martínez, Emilio Mencheta, Álex Monner, Javier Botet, Ana Isabel Velásquez, Blai Llopis, Itziar Castro, Claire Baschet, Xavier Ruano, Borja Glez. Santaolalla
Produc.: Canal+ España, Filmax, Ono, Rec Génesis A.I.E., Televisió de Catalunya (TV3), Televisión Española (TVE)
Presup.: €4 millones aprox.

En [Rec]³ Génesis, lo que había empezado como una bellísima boda para los novios, Koldo (Diego Martín) y Clara (Leticia Dolera), pronto se va al infierno cuando los invitados son infectados por un virus.
Paco Plaza se ha encargado este año de demostrarnos porqué la palabra “secuela”, muchas veces es tan mal vista.
Si retrocediésemos al 2007 veríamos un ejemplo, de cuándo filmar al estilo de La bruja de Blair Witch, y metiendo en el medio a unos cuantos muertos vivos, sí tenía sentido. Sumémosle, además, que todo iba a sucederse en un edificio en cuarentena, lo que hacía que las condiciones para generarnos miedo fueran idóneas. 
Con [Rec] ², estrenada dos años más tarde, el escenario sería el mismo, sólo que cambiando los protagonistas. Ahora se le concedía el protagonismo a un equipo SWAT que, provisto, tanto de armas, como de cámaras con visión nocturna, entraban al edificio a limpiar la amenaza. 
Esta secuela tendría también su dosis de suspenso y de sobresaltos, pero que no se acercarían al nivel antes logrado. Por mucho que sus directores trataran de darle un ritmo adecuado, ya la idea carecía de novedad y era relativamente fácil, saber qué iba a pasar y en qué momentos. Encima, ahora habían entremezclado elementos religiosos, tales como la posesión y los crucifijos. Así, la película tenía, sí, lo suyo, pero solo hasta cierto punto. 
Entre la segunda y la tercera parte habría de alargarse el margen de espera y para ver lo que sería un filme con ciertas variantes. Para empezar, ya no dirigen a dúo, Plaza y Balagueró, sino que ahora ha quedado en manos del primero. Por si esto fuera poco, su guión tampoco corre a cargo de tres individuos. Ahora, sólo de dos de ellos. Balagueró, por su parte, ha optado, esta vez, por producirla. 
Hablar del resultado, supongo que sería referirse a lo que ha acabado siendo para muchos, una verdadera decepción. Ocurre que [Rec]³ tiene más de Grindhouse de Robert Rodríguez, que del verdadero cine de terror. Con escenas como esa en la que Clara, con su inocente y hermoso vestido de novia, se arma de furia para destripar zombis con una moto sierra (aparecida, precisamente, en el lugar y momento perfecto), y que, da más para disfrutar a las risas, entre amigos, que para taparse los ojos. 
No estoy diciendo que la película sea mala. Es más, si nos olvidáramos de que es, efectivamente, una secuela, lo más probable es que no hubiera tantas quejas. Pero entonces, el problema viene por ese lado. [Rec]³ “es” una secuela. Una continuación que falla estrepitosamente, por no ser capaz de seguir con una estética ya marcada, que era lo que querían sus fans. 
Paco Plaza sustituye el suspenso por las vísceras y mucha sangre. No es ni si siquiera capaz de mantenerse en el planteo, de que nosotros veamos sólo lo que filman sus personajes con sus cámaras a mano. Algo que sucede, únicamente al principio, que dura poco y que hace que el título mismo, carezca de sentido.
La acción, como ya dije, se desarrolla en el entorno de un casamiento, iniciando a poco del momento de la unión entre los novios ante Dios, en la iglesia, y con la gran importancia que toma después el cura. Aquí, Plaza ha optado por seguir pronfundizando en lo religioso, y en que el todopoderoso no esté excento, en todo esto, de cierta culpa. En realidad, basta con tener en cuenta la otra parte del título.
Dejando de lado todo este análisis, si hay algo que destacar, esa sería Clara, la novia. Personaje interpretado por Leticia Dolera y que, una vez que ha llorado, que se la corrido el maquillaje, que se ha enchastrado de sangre, que ha echado a andar la moto sierra y que se ha quitado, de manera grosera, parte del vestido, resulta realmente inigualable. Una magnífica y bizarra combinación, entre la “pérdida de la inocencia” y la “mujer rebelde”. Una joven que no duda ni un instante en cortarle la cabeza a uno de los invitados, recién mordido, cuando estando este, aún vivo y consciente, ambos saben que es solo cuestión de tiempo.

Mi puntaje: 5/10


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miércoles, 18 de julio de 2012

"Herzog en tierras del Kilt"

Título: Incident at Loch Ness (Incidente en el Lago Ness)
Año: 2004
Género: Aventura, Comedia, Terror
Director: Zack Penn
Guión: Werner Herzog, Zack Penn
Duración: 94min
Reparto: Werner Herzog, Zack Penn, Gabriel Beristain, Russell Williams II, Kitana Baker, Michael Karnow,  David A. Davidson, Robert O'Meara, Steven Gardner
Produc.: Eden Rock Media
Presup.: $1.400.000 millones aprox.

En Incidente en el Lago Ness, Werner Herzog y un grupo de realizadores se embarcan hacia las aguas del famoso lago escosés, para ser documentados por John Bailey.
Año 2004. Los Ángeles. Un camarógrafo registra cada movimiento del veterano realizador alemán quien, en su casa, apronta, junto a su esposa, todos los preparativos para recibir a la visita. John Bailey, que es el hombre tras la cámara, sigue a Werner mientras hacen la comida y, también, cuando en su despacho, Werner le cuenta a él y a nosotros, de que se trata, exactamente, la película.
Para la ocasión han sido invitados Zack Penn, Jeff Goldblum, Crispin Glover, Gabriel Beristain, Ricky Jay o Russell Williams II, entre varias figuras importantes, todas ellas vinculadas al mundo del cine. No todos, aunque sí algunos de los presentes, viajarán con Herzog y con Penn al continente europeo para averiguar si el monstruo del Lago Ness, es o no es, solamente, un mito.
A primera vista, a muchos podría parecerles una tomada de pelo. Tratándose de un individuo tan serio como Herzog, que lo que tuviera para nosotros fuera a ser un documental sobre una criatura, cuya inexistencia, a estas alturas, ya ha sido para la  mayoría, más que corroborada.
Entonces, si es así: ¿Qué demonios es lo que veríamos? Es aquí, precisamente, en donde debemos hacer un alto y profundizar un poco al respecto. Nada de esto es más que un gran juego para divertirnos un rato. Un típico “falso documental”.
Algo que resulta interesante, es que desde el inicio sea Herzog quien lleva la batuta, a quien siempre sigue la cámara y quien dirige la expedición, cuando en realidad es Zack Penn quien tiene las riendas, ya que en los créditos finales es él el que dirige. Herzog no viene a ser más que el “falso director” de una “tripulación ficticia”.
Se le ha dado extrema importancia a que la línea entre la ficción y la realidad no sea fácilmente detectable. Lo que se nota claramente, ya que Beristain y Williams son los dos, verdaderos profesionales en sus respectivas áreas. El primero es camarógrafo y director de fotografía, y el segundo, sonidista y mezclador de sonido, y ambos van a ser tripulantes en esta fantasía, en la que hacen de ellos mismos.
También entre los miembros del Discovery IV (la embarcación) podrá verse a Kitana Baker, como operadora del sonar y a Michael Karnow, como el criptólogo a bordo, ambos contratados por Zack, como “parte de la ficción”. Ellos tendrán, también, una directa implicación en algunos de los conflictos que se vivan a bordo, al darle a la película, cómicos (para nosotros), y a la vez terribles e insultantes (para Herzog), giros en el argumento.
Pero, en caso de que aún no se haya entendido, hagamos un breve repaso.
Incidente en el Lago Ness es un “falso documental” dirigido por Zack Penn, escrito por Herzog y por Penn (esto, lo agrego ahora), y protagonizado por gente que hace de sí misma. Herzog, que a su vez hace de director del documental, “dentro” de la ficción de este falso documental. Penn, que hace de productor del documental, tanto fuera como dentro de la ficción. Con el resto del reparto (los otros tripulantes) sucede lo mismo en casi todos. Aunque hay algunos detalles que se hace mejor que yo no revele.
Herzog y Penn combinan comedia, suspenso y terror, pero sobre todo debe destacarse que se parodian a ellos mismos y a la propia industria cinematográfica. La comedia, en este caso, puede verse por ejemplo, cuando Herzog pretende hacer una toma, hablándole a la cámara, y el criptólogo, a quien él no ha invitado a aparecer, se le mete en el encuadre. O basta con verle las curvas a la chica que Penn ha puesto al mando del sonar. Realmente parece una mala broma.
Hay, para completar, una auto referencia a un supuesto incidente, ocurrido en una anterior película de Herzog y que envolvía un arma de fuego.
En fin. Penn y Herzog nos plantean, cómo los tripulantes de un barco podrían empezar a tener roces entre ellos, al discrepar sobre cómo hacer las cosas. Todo esto, mientras se encaminan, además, a un incluso peor destino, que incluye un final muy movido y a una Nessie enojada. Una bestia, que si pocos han visto, tal vez eso sea por algo.
Incidente en el Lago Ness no es una gran película, pero entretiene, y eso, creo, ya es bastante.

Mi puntaje: 6/10 


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lunes, 16 de julio de 2012

"Viviendo vidas ajenas"

Título: The Final Cut (La memoria de los muertos)
Año: 2004
Género: C. Ficción, Thriller
Director: Omar Naim
Guión: Omar Naim
Duración: 104min
Reparto: Robin Williams, Mira Sorvino, Jim Caviezel, Mimi Kuzyk, Stephanie Romanov, Michael St. John Smith
Produc.: Lions Gate Entertainment, Cinerenta Medienbeteiligungs KG, Industry Entertainment, Final Cut Productions

En La memoria de los muertos, en un mundo en el que los recuerdos son retenidos por implantes de memoria, Alan Hakman es un montador, especializado en comprimir miles de horas de material a sólo segmentos reducidos, una vez que hemos fallecido.
Muchas veces una película pasa desapercibida. Lo que acaba siendo una verdadera injusticia, si el argumento que se contaba era bueno, como en el caso del director Omar Naim, quien tendría que contentarse con sólo cuatro semanas en cartelera.
En Octubre del 2004 esto es lo que sucedería con lo último de Robin Williams, quien personificaba a Alan Hakman, montador de recuerdos de vidas ajenas. Algo muy, pero muy delicado.
La película nos adentraba en una realidad imaginaria, en donde sólo algunos, aquellos que pudieran costearlo, tendrían acceso a unos implantes de memoria, invento desarrollado por el programa Zoe y cuya función era registrar todo aquello captado a través de nuestros ojos, desde nuestro nacimiento hasta el momento de nuestra muerte. De aquí, que la gran interrogante fuera de orden ético.
Convivir toda la vida con una suerte de chip, dispositivo, o como quisiera uno llamarle, tenía en principio un objetivo medianamente útil. Al morir, el implante sería entregado a un montador (en este caso, Robin Williams), quien desde su isla de edición vería el material, seleccionaría lo que creyese más agradable y adecuado y eliminaría todo lo otro. Lo elegido sería proyectado en el “rememorial” del funeral, espacio de un par de horas donde los presentes podrían ver al ser amado, para recordarlo de la mejor manera.  
La idea en sí, no parecería mala. Ir al velatorio de un pariente o un amigo, en un momento en el que estábamos destrozados y verlo, de repente, riendo una última vez. Acaso disfrutar de lo mejor de su niñez, de su adolescencia o de su adultez. Todo muy lindo.
Pero nada de esto quitaba que las vivencias grabadas en el chip ya no serían personales. Hiciese uno lo que hiciese, desde lo más trivial hasta lo menos, o incluso lo más horrible, todo sería, al final, una gran película a ser vista por un montador, quien tendría que obviar cualquier clase de juicio de valores y nunca hablar de ello. La pregunta acá sería entonces, ¿con qué derecho?
Si el difunto fuere, por ejemplo, un asesino o un violador, sólo bastaría con pulsar un botón para desechar todas las pruebas y crear así una falsa imagen, de alguien que sería recordado, no por lo que había sido, sino por lo que sería visto en la mentira de su montaje.
En la película, Mira Sorvino sería Delila y Jim Caviezel, Fletcher. Ella funcionaría para Alan como su apoyo emocional, y él, cómo un problema. De Delila podría agregarse, que faltó saber más sobre su personaje. De Fletcher, únicamente, que es quien se empeñaría en adquirir el último implante obtenido por Alan, correspondiente a un tal Charles Bannister, un fallecido delincuente.  
Por último podría recalcarse, que si bien ha sido un concepto de lo más original, la historia escrita por Omar Naim tiene una pequeña inconsistencia. Puesto que el chip mantiene registros tan largos, es intrigante cómo un montador pudiera sea capaz de ver todo ese material en tan corto plazo, antes de un funeral. Un error que, aunque le quita a la trama cierto realismo, resulta más conveniente pasarlo por alto y darle a su director el visto bueno por el intento. 
Como dato curioso, sólo decir que esta sería la segunda de las incursiones de Robin Williams dentro del género de la ciencia ficción en un largo, pero sobre todo, tocando conceptos polémicos. Ya antes había sido un extraterrestre en la serie Mork y Mindy (1978-1982), pero tratándose de una comedia. En cambio, su anterior trabajo dramático, también sobre cuestiones con controversia, había sido la cinta de 1999, El hombre bincentenario, de Chris Columbus, en donde Williams hacía de robot.

Mi puntaje: 7/10


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