viernes, 30 de marzo de 2012

"Estresante, pero magistral"

Título: Jodaeiye Nader az Simin (La Separación)
Año: 2011
Género: Drama, Misterio
Director: Asghar Farhadi
Guión: Asghar Farhadi
Duración: 123min
Reparto: Peyman Moadi, Leila Hatami, Sareh Bayat, Shahab Hosseini, Sarina Farhadi, Merila Zare'i, Ali-Asghar Shahbazi, Babak Karimi
Produc.: Asghar Farhadi
Presup.: $800 mil dólares aprox 

En Nader y Simin, una separación, luego de varios años de matrimonio Simin (Leila Hatami) desea irse de Irán con su esposo e hija, para empezar un nuevo estilo de vida. Por otro lado, Nader (Peyman Moadi) se niega a abandonar el país, en donde además, convive con su padre, un hombre mayor que sufre de Alzheimer y quien necesita de un cuidado intensivo. Por más que concurren juntos a un juzgado, buscando el divorcio, este no se les concede, razón por la cuál Simin decide marcharse a vivir con sus padres. Complicado con su trabajo, Nader se ve obligado a contratar a una empleada que cuide del anciano, mientras él no está en la casa. Es entonces que, una tarde, cuando Nader regresa de su jornada, se encuentra con que el anciano ha sido atado a la cama y que no hay rastros de la empleada. Cuando la mujer regrese, será que las cosas empeoren.
            Asghar Farhadi ha logrado con esta película dejar en claro que es un genio, al construir un drama cuyo excelente guionado, sumado a unas muy convincentes interpretaciones, y a un difícil, pero bien conseguido trabajo de cámara en mano, consiguieran que uno se meta, completamente, en el dilema y el estrés de dos parejas.
            La historia que Farhadi creó para Nader y Simin constituye una pesadilla continua, que ya vemos desde la escena inicial, y que no acaba, hasta que no finaliza la última. Lo primero que se nos muestra es un plano medio frontal de ambos, en donde Nader y Simin, ubicados en sendas sillas, discuten y argumentan con un juez acerca de la posibilidad de divorciarse, planteando la situación que los enfrenta y las discrepancias que los tienen molestos al uno con el otro. Por un lado tenemos a Simin, quien desea marcharse ya mismo del país, y por el otro lado, a su marido, quien no quiere irse a ninguna parte, y menos, con su padre enfermo. Cuando la reunión con el juez acabe, seguirán todavía en la misma.
            Simin se marcha, temporalmente, con sus padres, en tanto no se solucionen las cosas, obligando a Nader a contratar a una señora para que cuide del suyo y así es que conoce a Razieh (Sareh Bayat). Arreglado este asunto, todo parecería ir bien, salvo que, ante un descuido en sus quehaceres el anciano desaparece, siendo Razieh lo suficientemente afortunada como para encontrárselo a un par de cuadras del departamento, en donde este buscaba el periódico en un quiosco.
            Razieh informa luego a Nader, de que algunas cuestiones personales le impedirán concurrir a trabajar, pero que él puede contar con su esposo, y así es como Nader y Hodjat (Shahab Hosseini) se conocen. Más luego, Razieh es quien finalmente termina volviendo a cumplir con su trabajo.
            Poco más tarde, un día Nader llega a su casa, para ver que su padre ha sido atado, de manos a la cama y yace en el suelo, y que a su vez la mujer no está presente. Afortunadamente, el hecho solo le supone un susto, tanto a él, como a su hija, que se pone a llorar. De inmediato, apenas Nader ve nuevamente a su empleada (de quien ahora tiene razones para desconfiar) y dadas las circunstancias, se superpone, además, una cuestión de un dinero faltante, llevándolo a agredir verbalmente a Razieh y, lamentablemente, pasando también a mayores. Ante la insistencia de Razieh por negar el acto delictivo, Nader se ve llevado al extremo de empujarla por la puerta principal, consiguiendo que ella se golpeé en las escaleras, de mal manera.
            Con esto, Farhadi nos ha abierto las puertas hacia un conflicto que, si bien ya se había puesto intenso, podríamos igualmente afirmar que, recién estaba en pañales.
            De vuelta en su apartamento, Simin comenta a Nader que Razieh lo ha acusado de golpearla y que ahora yace internada en un hospital. Ambos se dirigen a visitarla, encontrándose, en cambio, con un marido molesto, quien afirma que su mujer estaba embarazada, y quien, junto a Nader, en seguida se batirán en una disputa a puño limpio. Así, el director nos ha mostrado el “no va más” de la situación, momento en el que se hace imprescindible que intervenga la justicia.
            De aquí en más, todo el desarrollo argumental irá transcurriendo en base a una estresante trifulca, en donde uno como espectador no tiene, al principio, mucha idea de quién es quien tiene razón, quién ha de ser condenado con cárcel o multa, ni porqué, y en donde todo es muy confuso. Se trata de dos familias de situaciones económicas bastante desfavorables. En el caso de Razieh y Hodjat, que son los que están en peores condiciones, y si Hodjat fuera encarcelado no tendría chances de salir a ganarse el pan de cada día.
Farhadi concede a sus personajes ciertos momentos de descanso, que dan cabida, tanto a su reflexión como a la nuestra, pero sólo para volver luego, otra vez a la pelea, los gritos, los insultos y la angustia. Farhadi se maneja hábilmente, a la hora de llevar al límite la capacidad de lucha de sus personajes, por ser los dueños de la verdad, y frente a un juez (Babak Karimi), quien, sin importar, sus respectivas situaciones financieras, no tiene otra que ser completamente imparcial al respecto. Este trata, por ejemplo, de valerse del testimonio honesto y objetivo de la hija de Naber y Simin, a modo de prueba para el caso.
Llegados a un punto, ya ni siquiera queda claro cómo han ocurrido realmente las cosas, con versiones que parecerían ir variando, minuto a minuto. Para colmo, también ocurre que Razieh les revela que la vez en que el anciano se le escapara, al salir a buscarlo había sido atropellada por un vehículo. Entonces esto aumenta las interrogantes. ¿Acaso perdió el embarazo por ser atropellada, o fue por culpa de Nader? ¿Fue tan violenta y salvaje, la agresión cometida por Nader, o es que Razieh miente? ¿Sabía o no, Nader, del embarazo? Por si todo esto fuera poco, estamos al tanto, también, de que Razieh, por ser una mujer religiosa, no podría darse el lujo de mentir ante la justicia para salir impune, o de lo contrario acabaría temiendo a ser castigada por el Dios en el que cree fervientemente. Pero, conjuntamente, es posible que necesitase mentir para salvarse a ella y a su marido, de mayores desgracias familiares.
Con este largometraje, Farhadi nos recuerda que los argumentos más atractivos pueden estar, perfectamente, a la vuelta de la esquina, y que no hace falta que vayamos más lejos que eso. Además de tratarse, por otro lado, de asuntos muy duros y complejos que podrían presentársele a cualquiera, y que por eso resulta, relativamente sencillo, sentirse identificado con sus personajes. Asimismo, si bien la película se desarrolla en un país del continente asiático, podría perfectamente, haber sido situada en Montevideo, si uno así lo quisiese.

Mi puntaje: 10/10


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