viernes, 4 de enero de 2013

"Más enfermiza, más aterradora y más divertida"

Título: El Ciempiés Humano II: Secuencia Completa (The Human Centipede II: Full Sequence) 
Año: 2011 
Género: Terror 
Director: Tom Six 
Guión: Tom Six
Duración: 88min
Reparto: Lawrence H. Harvey, Ashlynn Yennie, Maddi Black, Kandace Caine, Dominic Borrelli, Lucas Hansen, Lee Nicholas Harris, Dan Burman, Daniel Jude Gennis, Georgia Goodrick, Emma Lock, Katherine Templar, Peter Blankenstein, Vivien Bridson, Bill Hutchens 
Produc.: Six Entertainment Company 

En El Ciempiés Humano II: Secuencia Completa, Martin es un guardia de seguridad, quien inspirado por el ficticio Dr. Heiter (Dieter Laser) se prepara a llevar a cabo su propia versión del insecto. 
Noviembre de 1957. Plainfield, Wisconsin. La policía que investiga la desaparición de Bernice Worden, chequea la casa de Edward Theodore Gein, a quien ven como posible sospechoso. Cuando ingresan a su propiedad se encuentran con el cuerpo de Worden colgando de los tobillos, decapitado y abierto por el torso. Pero, eso no es todo. Hallan también diez cabezas de mujer, a las que falta la parte superior, pantallas de lámpara y asientos hechos con piel humana, y platos de sopa hechos con calaveras, entre algunas disparatadas artesanías. Tras ser detenido, Ed Gein es declarado enfermo mental y encerrado en un psiquiátrico. 
Setiembre de 1987. Jeffrey Lionel Dahmer conoce a Steven Toumi en un bar gay, en donde beben juntos, para luego retirase a un hotel. A la mañana siguiente Dahmer halla a Toumi muerto, sin recordar cómo fue que lo mató. En seguida compra una maleta, en donde lo lleva hasta el sótano de su abuela. Allí mantiene relaciones con el muerto, para después descuartizarlo y tirarlo a la basura, con excepción de la cabeza, a la que hierve y blanquea, para exponerla como trofeo. 
Las descripciones anteriores corresponden a breves segmentos de la obra de dos de los más famosos asesinos seriales de Estados Unidos, y que a diferencia de Tom Six, “sí” que estaban locos. 
Muchos son los que han catalogado a este director de anormal, por lo grotesco de su cine. Yo, por el contrario, no creo haber visto nada que pudiera demostrarme otra cosa, que su enorme capacidad imaginativa. Creo que llevar al horror a nuevos extremos no debería ser sinónimo de demencia, ni motivo de rechazo. Tratándose además, del género de lo macabro, nada mejor que un director dispuesto a retorcernos los intestinos. 
Eso sí… El día en que me entere de que Six realmente experimenta con personas, ahí sí, que cambio de parecer. Mientras tanto, mantengo mi postura.

La imagen es en blanco y negro. Dos chicas, unidas a un cadáver, sufren por culpa de un cirujano retirado a quien le faltan algunos jugadores, más no, conocimientos de anatomía. La cámara entonces retrocede para alejarnos de la escena y dar paso a los créditos finales. Uno no puede evitar sentirse confundido, hasta que, de pronto, todo se aclara. Six nos ubica en la caseta de Martin, el guardia de seguridad de un estacionamiento, quien, en su notebook, acaba de ver la película. 
De pronto, uno nota que la crominancia sigue sin aparecer. Es que Six había tenido, desde un principio, la intención de rodarlos así, a ambos filmes. Sin embargo, recién ahora lo ha implementado. Su impresión de que el blanco y negro agregaría un mayor toque de horror, no era errada. 
La elección de Lawrence R. Harvey como Martin, no podría haber sido más perfecta. Obeso, de mediana altura, ojos grandes y frente amplia, resulta más que adecuado para el papel del criminal.
Mientras corren los nombres del equipo técnico, Martin, pensativo, se toma levemente el labio inferior. Estamos ante un hombre que ha visto algo asqueroso y que ahora medita sobre ello. ¿Qué podría salir de esto? Seguro que, nada lindo. 
Desplazándose en su silla, Martin se aleja hacia su otro monitor, en donde figura lo captado por las cámaras de vigilancia. Justo es testigo de una pareja en plena disputa. Martin toma un fierro, con el que se pone de pie, y practica el golpe que planea asestarles, aunque también lleva consigo un arma. 
Six incluye además, parte de su vida hogareña. Martin convive con una madre gritona que lo destrata, y que llega a expresarle, a él y a otro vecino desquiciado, sus ganas de morirse. En una escena ella pretende matarlo mientras duerme, pero al final es ella la sentenciada. Nada sabía ella, de lo que su hijo era capaz. 
Todavía no hemos visto lo más interesante, pero Six ya nos ha dado algo para la impaciencia. 
Hasta el momento El Ciempiés Humano II casi carece de diálogo. Tanto sea que Martin esté en su casa, como afuera, sólo lo oímos proferir gruñidos o gritos de rabia. Gran elección de un director, que ha sabido como valerse de los silencios. 
Mucho antes de que llegue la secuencia del título, Six dedica su buen espacio, a la recolección de víctimas, y no exagera. De esta forma apreciamos la decadente salud de Martin, a quien la muy buena interpretación de Lawrence asegura un clima tenebroso y un personaje que asuste. Se nos deleita, además, con algunas escenas de tensión y de suspenso, que Six incluye sin reparos. Cuando sudoroso, atacado por el asma, e imposibilitado de golpear a una mujer embarazada, Martin recurre al inhalador, Six ha logrado que su personaje nos produzca hasta repugnancia. Sucede que Martin es feo, estéticamente desagradable, tiene una pinta de pervertido, visible a la legua, y encima de todo, falta que haga su proyecto. 
Una vez que hemos asimilado todos estos rasgos, comprendemos que ningún atlético y bien vestido Patrick Bateman Psicópata Americano (2000), habría tenido el mismo efecto.
A Martin podrían criticársele muchas cosas, pero nunca, la falta de empeño. Su estudio minucioso de la cinta de Tom Six, lo ha llevado a hacerse una carpeta con notas. En ella es donde conserva sus dibujos, sobre cómo realizar los procedimientos. 
Cada día Martin reúne a nuevos desafortunados en su escondite, a quienes entrega a la oscuridad del casi abandono, a escuchar los gritos ahogados de otros, o para unírseles. 
En una ocasión en la que prepara a uno de los cuerpos, otro víctima logra gritarle ¡es sólo una película!, desde su posición desfavorecida, y como si eso fuera a cambiar algo. 
Llega entonces, el momento tan esperado. Martin ya tiene consigo a las doce piezas. Estas, desperdigadas por el piso, aguardan aterradas, a que acontezca lo inevitable, amordazadas, transpiradas, mugrientas, llorosas y muertas de hambre. El juego más divertido en el que Martin jamás haya participado, está por comenzar. De aquí en más, superará con creces al del Dr. Heiter. Lo único, eso sí, es que será más desprolijo. Martin nada sabe de anatomía, sus víctimas no serán sedadas antes de unirlas, ni su método demostrará habilidad alguna.
Con su primera película, Six daba forma, lo que empezara como un chiste entre amigos, aunque sin exprimirlo lo suficiente. Con esta secuela consigue en cambio, dar nueva forma y mejores (y mayores) dimensiones, a su idea, para espantarnos y al mismo tiempo, deleitarnos. Six descarta la fotografía colorida y usa la palabra hablada, sólo como último recurso.
Si tuviera que mencionar algún problema, diría que el hecho de que Martin se viera inspirado por una película, ha estado, sinceramente, de sobra. Se nos da a entender que él recoge la idea del ciempiés, tras haber visto El Ciempiés Humano I de Tom Six. O sea que Six ha diseñado un universo en el que abita Martin. Individuo que está, en efecto, trastornado, y dispuesto a imitar, ahora sí, lo visto en un producto de la ficción, escrito, dirigido y producido por este director. 

Six podría haber dejado que tanto Heiter como Martin pertenecieran al mismo universo, y así evitarnos  ver su nombre en la notebook de su guardia.

Mi puntaje: 8/10


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viernes, 7 de diciembre de 2012

"Verla fue un infierno"

Título: Demandando al Diablo (Suing the Devil)
Año: 2011
Género: Comedia, Drama
Director: Timothy A. Chey
Guión: Timothy A. Chey
Duración: 106min
Reparto: Malcolm McDowell, Bart Bronson, Roslyn Gentle, Shannen Fields, Tom Sizemore, Chad Lammers, Annie Lee, Gabrielle Whittaker, Gemma Kaye, Robin Querre, Jeff Gannon
Produc.: Mouthwatering Productions

En Demandado al Diablo, Luke (Bart Bronson), un hombre cristiano y estudiante de derecho lleva al Diablo (Malcolm McDowell) a juicio, por creerlo responsable de todo, cansado de sus problemas y de la sociedad caótica. 
La película inicia con un texto blanco en fondo negro, en donde leemos un pasaje de la Biblia, que alude al rey de los cielos y al de las tinieblas. 
Apreciamos ahora, el logo de Mouthwatering Productions, seguido de imágenes de Sydney y de la voz de Luke, hasta que aparece en escena. Él trabaja de día y estudia de noche, aunque últimamente, la muerte de su madre lo ha desanimado. 
Luke se queda dormido en la biblioteca. Después, en su casa se lo ve intranquilo, por todo el caos descrito en el informativo. En la cocina discute al teléfono y preocupa a Gwen (Shannen Fields), una esposa que tose mucho. 
Bart Bronson nos demuestra que es incapaz de actuar, cuando habla a Gwen sobre el Diablo y sus maldades. Además, el libreto que le han dado es insufrible, y su monólogo, totalmente descartable. Timothy A. Chey nos está presentando a un fundamentalista religioso, necesitado de ayuda psicológica. 
Poco antes de perder, definitivamente la razón, Luke, en su camioneta, va en busca de venganza, con revólver, pero sin balas. Algo que no ha pasado con su Biblia, que aguarda en la guantera, a ser usada.
Sin detenerse a meditarlo, decide ir por su demanda, que incluye repartir volantes, invitando a Satanás a dar la cara. Acá es muy gracioso, como entrega algunos, a adoradores del Diablo, como si supieran su paradero. 
A cargo del caso está la jueza Woods (Roslyn Gentle), que al principio no sabe si es broma, o si el hombre está loco. Cuando se percata de que, va en serio, el proceso continúa. 
Un día antes de que culmine el juicio por rebeldía y para sorpresa del propio Luke, un tipo alto, delgado y canoso aparece en la corte, afirmando ser él el demandado. Woods se ríe, reconociendo el buen sentido del humor, y pregunta por las cámaras ocultas, que de hecho, no existen. 
En este momento, el inesperado visitante argumenta que no hay pruebas de que él sea el Diablo… pero tampoco, de lo contrario. Afirmación, que aunque insostenible, en cualquier película sensata, puede dejarse correr, como sus otros, tantos horrores. 
El Diablo también hace ver el alcance de sus poderes, al elevar la temperatura de la sala sin mover un solo dedo y dejando claro de lo que es capaz. Así nos damos cuenta de que este sujeto no es normal, aunque nadie en el filme lo note, como si fueran todos ciegos. 
Dada la índole del caso, este es televisado a nivel mundial. Entonces, desde todas partes podrán divertirse con la incompetencia de los abogados. Habiendo ya jueza, jurado, demandante y demandado, todo lo que sigue es una muestra de que Timothy A. Chey no tenía idea de lo que hacía. Su nulo sentido común se ve en un filme repleto de baches. Tantos, que asombra que este director recibiese apoyo financiero. 
Previo al juicio, El Diablo conoce a quienes suponen ser los diez mejores abogados del país. Todos ellos, de altos coeficientes y superdotados de la materia, brindan respuestas impecables a sus preguntas. Con todo, se sobre entiende que él sólo busca divertirse. Si no, ¿para qué querría alguien con sus poderes, poner a sus servicios a esos seres despreciables, cuyas reglas, para él no valen nada, y para tener, luego, que pagarles? 
Respecto a su contrincante, Luke es, o muy ingenuo, o de muy pocas luces. Porque “el que se defiende a sí mismo, tiene a un tonto por cliente” y, si bien consigue el respaldo de una amiga, es él quien acaba yendo al frente. 
A medida que el juicio avanza, las coherencias argumentales brillan por su ausencia. Este es el caso de un sujeto capaz de cambiar el color de sus ojos, transparentarse o escupir fuego, pero a quien nadie teme acercársele, o se convence de que dice la verdad. 
Tampoco hay que olvidarse del atrevimiento del director, al tomar entera una de las mejores frases de Algunos Hombres Buenos (1992). No solo, Timothy A. Chey no ha escrito un buen libreto, sino que ha elegido copiar de otros. 
Cada nueva sesión de “Luke o´Brien vs El Diablo” parece un chiste, con abogados a quienes podría arrebatárseles el título. Tal es así que, uno a uno, se van turnando, a medida que fallan los argumentos de la defensa. Lo que, de todos modos, no es para alarmarse demasiado, porque el propio Luke O´Brien no sabe manejarse. 
Se vuelve hasta contradictorio, comprender como estos talentos son incapaces de distinguir al anticristo de un impostor, incluso tras su despliega de poderes. Y peor aún. En este grupo no son siquiera capaces de coincidir unos con otros, al punto de enfrentarse entre ellos o desautorizarse.
Una vez que hemos llegado al tramo final, lo único potable es la interpretación de un Malcolm McDowell, que podría haber dado clases, al resto del elenco. 
Casi sobre el final, Luke aún la sigue peleando, y ahora a sabiendas de que su esposa tiene un tumor. Por eso, su tos. Sin embargo, él prioriza la demanda, a la condición de su esposa.
Si hasta acá, el trabajo de A. Chey era para reírse, tampoco sería raro que no nos diera ni un respiro. Tanto el cierre del juicio, como lo que viene después, sería como para nunca darle una cámara de nuevo. Lo único que A. Chey consigue es que nos preguntemos qué rayos quiso hacer. 
Demandando al Diablo quizás pueda resumirse, a una muy errada propaganda religiosa, que aburre y, por sobre todo, ofende, por sus carencias. 

Mi puntaje: 1/10


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domingo, 11 de noviembre de 2012

"Teddy te quiere: amigos para siempre"

Título: Ted
Año: 2012
Género: Comedia, Fantástica
Director: Seth MacFarlane
Guión: Seth MacFarlane, Alec Sulkin y Wellesley Wild (escrita por) y Seth MacFarlane (historia)
Duración: 106min
Reparto: Mark Wahlberg, Seth MacFarlane, Mila Kunis, Joel McHale, Giovanni Ribisi 
Produc.: Universal Pictures, Media Rights Capital, Fuzzy Door Productions, Bluegrass Films, Smart Entertainment
Presup.: $50 millones aprox.

En Ted, John Bennett (Mark Wahlberg) es un niño solitario e impopular, que en la mañana de navidad recibe un oso de peluche (Seth MacFarlane). Esa misma noche John pide un deseo, sin tener idea de que este acabará por cumplirse. 
A sus 8 años de edad, a John (Bretton Manley) le cuesta relacionarse. Cada vez que trata de acercarse a otros niños, estos lo rechazan, convirtiéndolo en alguien solitario. Llega la navidad y con ella, un regalo especial. Un oso de peluche. 
Ningún otro regalo podría ser más inofensivo. Sin embargo, cuando su oso pasa a sustituir a los otros niños, la cosa ya es distinta. Un peluche que sólo sabe decir “Teddy te quiere” es ahora su único amigo, y su cariñoso mensaje grabado, algo que a John hace sentirse apreciado. 
Si ya de por sí, la situación no era buena, John pide de noche un deseo, de características similares al del Geppetto de Pinocho (1940). Claro que, quién se hubiera imaginado que se le cumpliría. 
MacFarlane pasa, en pocos minutos, de mostrarnos cómo es que el nuevo Ted, espanta primero a los padres de John, se convierte luego, en figura pública, y acaba por último siendo un ciudadano más, sólo que, peludo y más bajito. Si algo el director no ha pretendido, es que este oso sobresaliese. 
Mostrados los créditos y el título iniciales, MacFarlane salta directamente a la que ha pasado a ser, en la actualidad, la relación de compadres, entre hombre y oso. Ya en los primeros planos, distinguimos en el dúo, claros signos de decadencia. 27 años después de que los tan inocentes John y Ted se conocieran, su amigo de felpa es ahora un desordenado, un mal hablado y un ávido amante de las drogas. John, por su parte, ha tenido algunos avances. Se trata con sus compañeros de oficina, además de que tiene a su novia Lori (Mila Kunis).
Como elemento determinante para que la película falle, está que, entre conflicto y conflicto haya escenas demasiado largas y que terminan no siendo funcionales. Yo sobre esto, lo único que puedo decir es que, para verla y comprenderla, se requiere de paciencia. Evidentemente, el director no buscó siempre darnos información, sino que a veces esperó a que el público sencillamente se riera.
Ya cuando uno se ha mentalizado respecto a lo que se tiene delante, advertirá que John es un personaje, a quien aferrarse a su muñeco de la infancia le ha dificultado madurar. Con Ted a su lado, a John le es imposible mantener un vínculo responsable con la mujer que ama, por seguir aún estancado. 
Hay también una sub trama, sobre un padre (Giovanni Ribisi) que quiere darle a su hijo (Aedin Mincks) ese oso que él, tras ver en la tele, de niño, nunca consiguió. Con la inclusión de estos dos personajes, se nos da algo más de suspenso, con un secuestro y una persecución en auto, pero sobre todo, que por un breve momento tengamos otra perspectiva de infancia sufrida. 
Más allá de su excesiva duración y de algunas situaciones forzadas, Ted de todos modos tiene una resolución que da para pensar, además de contar con algunos aciertos. Ver como ese peluche, que antes distanciara a John de Lori, es a lo último lo que los une, no tiene desperdicio. 
Lamentablemente, en lo global, la falta de seriedad de MacFarlane como libretista es netamente visible, en un filme que tiene demasiados minutos omitibles. 

Mi puntaje: 4/10


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jueves, 8 de noviembre de 2012

"¿Homenaje.... o imitación?"

Título: Alien Trespass 
Año: 2009 
Género: Comedia, Terror, C. Ficción 
Director: R. W. Goodwin 
Guión: Steven P. Fisher (escrita por), James Swift y Steven P. Fisher (historia) 
Duración: 90min 
Reparto: Eric McCormack, Jenni Baird, Robert Patrick, Jody Thompson, Dan Lauria, Aaron Brooks, Sarah Smyth, Andrew Dunbar, Sage Brocklebank 
Produc.: Rangeland Productions, Accelerator Films 

En Alien Trespass, Urp (Eric McCormack), el extraterrestre, se ve obligado a adoptar forma humana para mezclarse entre los habitantes de un pueblo y salvarlos de los Ghota. 
Si uno se detuviese a pensar en cómo era el mundo hace seis décadas, se encontraría con una sociedad que era muy distinta de la actual y en la que muchos de los avances que hoy suponemos de uso cotidiano, aún ni existían. Piénsese, por ejemplo, en los teléfonos celulares, las computadoras, o en la posibilidad de salir al espacio e ir a la luna. 
Sería en esa sociedad, aún lejana al siglo XXI, en donde surgirían también películas como Con Destino a la Luna (1950), El Ser del Planeta X (1951) o La Mancha Voraz (1958). 
Indudablemente, el referirse hoy a ese cine, es hablar de algo primitivo. De la misma manera en que antes, ciertos adelantos tecnológicos ni siquiera eran imaginables, eso era a la par traducible al séptimo arte. Seguramente nadie hubiera sido capaz de soportar las casi dos horas de Alien: el octavo pasajero (1979) de Ridley Scott. Película para la cual, la sociedad tendría primero que pasar por una serie de cambios, tanto sociales como psicológicos. O dicho en otras palabras: el público de los 50s aún debía evolucionar. 
Es así que si nosotros, gente del nuevo milenio, viéramos de pronto este cine de antaño, más que asustarnos, de seguro terminaríamos a las risas. Porque lo que antes impresionaba a un adulto, hoy, con mucha suerte, perturbe a un niño. Aunque, teniendo en cuenta todas las posibilidades de consumo audiovisual que tienen ahora los más pequeños, en realidad, la veo difícil. 
R. W. Goodwin dirige este producto, del cual, lo único que he podido rescatar, es que se tratara de un fallido homenaje al cine de terror y ciencia ficción, de su juventud. Por lo demás, diría que ha sido un desperdicio. 
¿Qué es, exactamente, lo que nos propone? El típico cuentito sobre invasores del espacio, y que aplica todo lo visto en tiempo de nuestros abuelos. Aliens usurpando cuerpos humanos para mezclarse entre nosotros; armas de rayos láser; monstruos de un solo ojo; y jóvenes que dicen la verdad, pero a quienes la policía trata de mentirosos. Por si esto fuera poco, se ve a adolescentes besuqueándose en un auto, cuando ahora los tendríamos haciendo mucho más que eso. 
Como ya dije antes, con ella se ha pretendido homenajear al cine de extraterrestres de otra época. Sin embargo, homenajear no debe confundirse con copiar. Y acá, es básicamente eso lo que se logró. Creo que todo tributo debería necesariamente contar con cierto sello personal del director y no ser una mera imitación. Tener algún chiste, o “algo” distintivo, con lo cual se nos dejara claro que no iba a tratarse de una reproducción de idénticas características, en este caso, a las de un cine, ya pasado de moda. Por el contrario, usar en el 2009 un lenguaje que directamente no encaja con las nuevas audiencias, dudo que tenga mucho sentido. ¿Para qué filmar algo así, habiéndolas ya montones de películas del estilo? 
A tener en cuenta, es qué sucedería si viajáramos al pasado y la proyectáramos en una sala y en blanco y negro. Se me ocurre que lo único que llamaría la atención, sería el reparto desconocido. Por lo demás, estarían viendo lo acostumbrado. 
La manera de narrar Alien Trespass está tan fuera de su tiempo, que resulta en que se vuelva aburrida y predecible, desde su mismo comienzo, y que con esto, todo el suspenso se disuelva de inmediato. Pero repito. Cinco décadas atrás, probablemente habría encantado a los aficionados al género. 
Como mucho, pueden destacarse la muy buena reconstrucción de fines de los 50 y la elección en la paleta de colores. Es decir, sólo en esos términos, sobresale. Fuera de eso, no vale la pena. 

Mi puntaje: 2/10


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miércoles, 24 de octubre de 2012

"A veces quisiéramos que viniera la cigüeña"

Título: The Babymakers
Año: 2012
Género: Aventura, Comedia
Director: Jay Chandrasekhar
Guión: Peter Gaulke, Gerry Swallow
Duración: 95min
Reparto: Paul Schneider, Olivia Munn, Michael Yurchak, Wood Harris, Kevin Heffernan, Nat Faxon, Jay Chandrasekhar
Produc.: Duck Attack Films, Alliance Films, Automatik Entertainment, IM Global

En The Babymakers, Tommy (Paul Schneider) y Audrey Macklin (Olivia Munn) son un joven matrimonio, que en la fecha de su aniversario deciden que quieren ser papás. Algo con lo que tendrán sus inconvenientes.
Primera escena. Tommy y Audrey duermen en su dormitorio, con la puerta abierta, cuando se oye llorar al bebé. Audrey, aun medio dormida, indica a Tommy que es su turno, y él, no, en mejores condiciones, se levanta, la cierra y vuelve a la cama. El bebé de los vecinos vuelve a ser sólo, problema de los vecinos.
Tommy retoma a su descanso, y Audrey, por su parte, se queda angustiada y pensativa.
Segunda escena. Ambos están en un restaurante, a donde han ido a celebrar sus tres años juntos. Para Audrey esta noche es doblemente significativa. Sonriendo, le expresa a su marido que ya está lista para el próximo paso. Tommy se muestra de acuerdo, aunque luego nos enteraremos de que no hablan de lo mismo. Ella se refiere a la maternidad, y él, a probar nuevas variantes en la cama.          
Con esta introducción se logran dos cosas. Se nos revela, creativamente, del vacío que siente Audrey, a falta de hijos. Para luego pisotear esa buena labor, con un Tommy desubicado y muy poco romántico. Nos hace preguntarnos, cómo es que alguien elegiría una velada así, para hablar, con tan poca delicadeza, de algo tan íntimo.
No hace mucho, tuve la oportunidad de ver Cómo hacer bebés (2000). Cinta británica que tocaba exactamente el mismo tema. En ella abundaba un humor sobrio, que aunque, compuesto por chistes picantes, procuraba siempre priorizar las preocupaciones de Sam (Joely Richardson) y Lucy Bell (Hugh Laurie), los personajes principales. Uno podía reírse, pero no se olvidaba nunca, de que ellos sufrían.
Desafortunadamente, Jay Chandrasekhar se equivoca de camino, olvidándose, él sí,  de la problemática real de Tommy y Audrey. Estos, que de haber evolucionado debidamente, habrían sido determinantes para construir una buena película. Por el contrario, el director opta por la pavada, creando situaciones inverosímiles, que sólo ayudan a que uno vaya perdiendo el interés, con el paso de los minutos.
Al principio, en ambos filmes se parte de la necesidad de los exámenes médicos, y que otorgan resultados idénticos: Lucy y Audrey están en perfectas condiciones, en tanto que son Sam y Tommy quienes fallan. El director inglés nos mantiene aferrados al conflicto marital, mientras que su símil americano prefiere ponerse gracioso.
Sin entrar en excesivos detalles, descubrimos que el Tommy de ahora no es, reproductivamente hablando, el mismo de antes. Ese, aún soltero, que se convirtiera en donante de esperma, para hacerse de algún dinero y costear un anillo de compromiso. Conjuntamente, esos donativos pre matrimoniales habían sido de los buenos, y los que Tommy, ahora, quiere de vuelta. Desde el momento en que él da con la última pareja beneficiaria, es que la película ya no es más, contada con propiedad.
Tommy conoce a los afortunados. Dos homosexuales, demasiado contentos con su compra, como para hacerle un reembolso. Uno de ellos, sin embargo, termina mostrándose más flexible, pero a cambio de que Tommy lo haga feliz. Por cierto que su pareja no tiene porqué enterarse.
Un chiste como este hasta podría ser pasable, si acaso Tommy hubiera dicho que no, desde el comienzo. Como en cambio lo consulta con Wade (Kevin Heffernan), su mejor amigo, hace que la gracia se pierda y se vuelva estúpido.
De aquí al final, abunda más que nada, la pavada, con Tommy y sus poco inteligente camaradas, Wade y Zigzag (Nat Faxon), planeando un robo a un banco de esperma. Para eso entablan contacto con Ron Jon, un indio mafioso, interpretado por el propio director, y cuyo aporte frente a cámaras, quizás mejor, se hubiera evitado.
Si a alguien quedaran dudas sobre si verla vale la pena, sólo con decir que durante el robo, Wade resbala en semen, en una escena que es un mamarracho, creo yo, debería ser suficiente como para saber la respuesta.

Mi puntaje: 3/10


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martes, 16 de octubre de 2012

"Ahora los clientes tienen aletas"

Título: Carnada (Bait)
Año: 2012
Género: Acción, Terror, Thriller
Director: Kimble Rendall
Guión: John Kim y Russell Mulcahy (escrita por) y Shayne Armstrong, Duncan Kennedy, Shane Krause y Justin Monjo (escritura adicional)
Duración: 91min
Reparto: Xavier Samuel, Sharni Vinson, Julian McMahon, Phoebe Tonkin, Cariba Heine, Alice Parkinson, Lincoln Lewis, Alex Russell, Dan Wyllie, Richard Brancatisano, Joel Amos Byrnes, Ashton Chen, Adrian Pang
Produc.: Bait Productions, Screen Australia, Media Development Authority (MDA), Pictures in Paradise, Blackmagic Design Films, Blackmagic Design, Story Bridge Films
Presup.: AUD 30 millones aprox.

En Carnada, luego de un tsunami, varias personas quedan atrapadas en un supermercado. Los sobrevivientes deberán hallar la forma de salir, sin ser devorados por los tiburones blancos que ha traído la corriente.
La mañana posterior a una despedida de soltero, Josh (Xavier Samuel), que es salvavidas, no logra salvar al hermano de su novia, de un ataque de tiburón. Ese día él los pierde a ambos, ya que Tina (Sharni Vinson) se las toma con él.
Seis meses más tarde, Josh llega a su trabajo en un supermercado, en una jornada que estará llena de sorpresas. De pronto, dos encapuchados han irrumpido en el lugar, ejecutando de inmediato a una mujer. Algo que es poca cosa, comparado con lo que se viene. Momentos después, un gigantesco tsunami se lleva por delante, playa y ciudad, inundando el supermercado.
Los sobrevivientes allí dentro deberán ayudarse, unos a otros, para salir del agua hacia lugares seguros. Los afortunados han sido Tina y Steven (Yuwu Qi), su nuevo novio; Jaimie (Phoebe Tonkin) y Todd (Martin Sacks), su padre policía, Collins (Damien Garvey), Josh y Naomi (Alice Parkinson), empleados del local; y Doyle (Julian McMahon) y Kirby (Dan Wyllie), los asaltantes. 
Tampoco el estacionamiento ha corrido mejor suerte. Es que Ryan (Alex Russell), novio de Jaimie, ha quedado atrapado en su furgoneta, al igual que los jóvenes Heather (Cariba Heine) y Kyle (Lincoln Lewis), parejita atrapada en su propio auto. Lo único que resta, en ambos escenarios, es que se den cuenta de que ya no están solos. El tsunami ha traído consigo a dos tiburones de casi cuatro metros.
Yo no sé ni se habrá debido a poca inteligencia, falta de interés en el argumento, o a un total desconocimiento de la psicología humana, pero ninguno de los personajes va a demostrar estar demasiado nervioso por lo que ocurre. Casi se mueren ahogados y ahora podrían ser comidos vivos, y aún así, son incapaces de temblar, llorar o gritar del miedo. No digo que tuvieran que ocurrir las tres, pero sí, al menos una. Con comportamientos que no pegan con la situación, e interpretaciones lamentables, de por sí, se hace difícil que uno pueda sentir por ellos empatía. En cambio, algunos sobrevivientes encuentran tiempo para hacerse los héroes, o para sacar a relucir sentimientos reprimidos. Incluso Steven, resulta ser un asiático con ideas de supervivencia tan ridículas, que asombra que los demás lo escuchen.
Viviendo una situación semejante tenemos a Heather y Kyle, quienes dentro de su auto parece que estuvieran metidos en acuario, con una interesante vista panorámica de 360º. Al principio ellos escuchan ruidos o creen ver movimientos en el agua. Una vez que descubren cual es la amenaza, en lugar de aterrarse, prefieren discutir por idioteces. El animal los embiste en un par de ocasiones, siendo estas, las únicas veces en que Heather o Kyle gritan. Por lo demás, es fácil darse cuenta de que sus personajes han sido escritos para hacer reír, algo que no va con la película.
Pasemos ahora a los personajes más destacados. Porque acá los escualos tampoco se salvan. Me quedará por siempre la duda, de si habrá sido por problemas presupuestarios, o por la poca voluntad del equipo de FX y al desinterés de su director. Como sea, creo haber distinguido, tanto animatronics, como tiburones digitales, y en el segundo de los casos no se ha salido del básico y más elemental diseño en 3D, insuficiente, para transmitirnos el dramatismo.
Puedo, sin embargo destacar, que al menos se le pusiera cierto empeño a los ataques. La muerte del señor Jessup, con el animal saltando desde el agua y arrancándole medio cuerpo, debe considerarse de lo mejor. Una vez que el tiburón vuelve a zambullirse, puede verse en detalle a qué ha sido reducido el hombre, por debajo de la cadera. Sólo carne expuesta, sangre chorreante y tripas, es lo que hay ahora en lugar de sus piernas.
En definitiva, la película no es buena y tiene muchos más defectos que virtudes. La única razón para no abandonarla antes del final, creo yo que sería el morbo de ver a los grandes blancos al ataque, o el humor (aunque, fuera de lugar) de Kyle y Heather.

Mi puntaje: 2/10


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jueves, 27 de septiembre de 2012

"Un camino que no tomó sólo un día"

Título: Hacia el Oeste (Into the West) 
Año: 2005
Género: Western, Aventura, Drama, Histórica 
Formato: Miniserie
Director: Robert Dornhelm, Simon Wincer, Sergio Mimicca-Gezzan, Michael W. Watkins y Timothy Van Patten
Guión: William Mastrosimone, Cyrus Nowrasteh, Craig Storper y Kirk Ellis 
Duración: 552min 
Reparto: Matthiew Settle, Skeet Ulrich, Michael Spears, Tonantzin Carmelo, George Leach, Zahn McClarnon, Simon R. Baker, Sean Blakemore, Josh Brolin, Garey Busey, Will Patton, Francesco Quinn, Geno Silva, Alan Tudyk, Beau Bridges, Jessica Capshaw, Emily Holmes, Robert Maloney, Keri Russell, Jay Tavare, Nathaniel Arcand, Sean Astin, Irene Bedard, Gil Birmingham, Tyler Christopher, Balthazar Getty, Daniel Gillies, Graham Greene, Christian Kane, Russell Means, Matthiew Modine, Tyler Posey, John Terry, Sheila Tousey, Rachael Leigh Cook, Annabella Piugattuk, Tom Berenger, Wes Studi
Produc.: Dreamworks Television, Voice Pictures
Presup.: $50 millones aprox.

En Hacia el Oeste, por intermedio de dos familias, una de blancos y la otra de nativos americanos, se nos cuenta el proceso mediante el cual, el hombre blanco acabaría adueñándose de la totalidad del territorio de los Estados Unidos. 
Steven Spielberg ejerce de productor ejecutivo en esta miniserie de seis partes, que va desde 1820 a 1890. En ella se muestra la interminable pelea, mantenida entre estas dos razas, durante la conquista del oeste y la final caída de los indios. 
Jacob Wheeler (Matthiew Settle) es un joven ruedero, que a comienzos de siglo, vive y trabaja en la ficticia Wheelerton, en Virginia, junto a su familia. Un día, un montañero le habla maravillas de la frontera oeste y Jacob decide dejar su hogar e ir a conocerla. Lo acompaña en este viaje su hermano Nathan (Alan Tudyk). 
En otro entorno tenemos a los Lakota, cuyo anciano curandero, Oso Que Gruñe (Gordon Tootoosis), ha tenido una visión preocupante. En ella se le ha informado de lo que habrá de suceder, si las cosas siguen su rumbo actual. Muy pronto llegará el día en que ya no haya búfalos en las praderas. 
Ante algo tan controversial, Águila de Alto Vuelo (Gerald Auger), su aprendiz, logra convencer a la tribu, de ignorar esa profecía. Mientras tanto, el pequeño Pluma Blanca (Chevez Ezaneh) se propone a investigar esto por su cuenta. Poco antes de morir, Oso Que Gruñe le hace entrega de un collar que simboliza a la rueda medicinal de los Lakota. Este irá pasando de generación en generación, en cada episodio. 
Retomando con Jacob, nuestro personaje logra dar con el legendario explorador Jedediah Smith (Josh Brolin), en donde se combinan la ficción (Jacob) con la realidad (Smith). Luego de hasta enfrentarse juntos a la muerte, ellos se separan. Jacob termina tomando parte en una subasta, en donde se vende a una joven india. Él, al igual que los otros postores, arroja cifras, cada vez más altas, no dudando en aclarar su objetivo de liberar a la cautiva, y que a nadie causa gracia. Jacob es retado a un duelo y sale victorioso, y luego él y la india Mujer Corazón de Trueno (Tonantzin Carmelo) toman camino hacia los Lakota. Ya en la tribu, Jacob expresa su deseo de hacerla su esposa, no encontrando opositores. Jacob y ella contraen matrimonio y pocos años más tarde, ellos son los felices padres de: Abraham Lobo Alto , Jacob Jr. Nube Alta y Margaret Luz Que Brilla. 
Cada capítulo supone una oportunidad para interesarse y aprender sobre el pasado histórico de los Estados Unidos, mientras que uno se entretiene con espectacularmente recreadas, escenas de batalla, entre indios y blancos. Asimismo, están las distintas sub tramas, que siempre están uniendo, unos con otros, a los varios personajes principales. Con el avance de la narración, ya dejan de ser los primeros protagonistas, blancos o lakotas, los que sean directamente afectados por las circunstancias, pasando a ser las nuevas generaciones, las que viven los nuevos cambios. 
Gracias a un trabajo de escritura extremadamente cuidadoso, ha sido que los tiempos que esta miniserie concediera a cada detalle, fueran correctos. Desde la llegada a California y a Oregón, llevada a cabo por Jedediah Smith y su grupo de jinetes (1826), hasta momentos tales como la invención del telégrafo (1844), la elección de Lincoln (1860) o el patentado del alambre de púas (1874).
No obstante, y más allá de lo anecdótico de cualquier fecha significativa, debe quedarnos claro cuál es el propósito central buscado. Aquí, más que nada se pretende que veamos y entendamos, cómo sería exactamente, que el hombre blanco llegaría a catalogar como “suyo” a este territorio, que de hecho, ya tenía dueño. Por suerte, tampoco se comete el error de mostrar a todos los blancos como mala gente, algo que hubiera sido injusto, además de falso. La miniserie trabaja mucho con los matices, mostrando a aquellos cuyo deseo había sido, claramente conquistar, y a aquellos que sólo habían querido la paz. Se explican, además, las varias razones que impedirían a los indios, de poder vencer a tan cruel enemigo. 
Hacia el Oeste es, para mi gusto, el más entretenido de los cursos de historia. De esos que uno no quería nunca, que acabaran. 

Mi puntaje: 9/10


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