jueves, 9 de febrero de 2012

"Cine animado hecho en casa"

Título: Selkirk, el verdadero Robinson Crusoe
Año: 2011
Género: Animación, Aventura
Director: Walter Tournier
Guión: Walter Tournier
Duración: 80min
Produc.: Maíz Producciones, Patagonik, Cineanimadores, La Suma CineTV, Tournier Animation
Presup.: $1,2 millones aprox.

Selkirk, el verdadero Robinson Crusoe nos narra la historia de Alexander Selkirk, quien se une a la tripulación del capitán Bullock, para embarcarse rumbo a los mares del sur en busca de tesoros. No encontrando amenazas enemigas en el camino, los corsarios se entretienen apostando su dinero y el propio Selkirk termina siendo el afortunado ganador en cada apuesta. Es así que, no bien avistan tierra y bajan a aprovisionarse, Selkirk es abandonado en la soledad de la isla, como venganza, mientras el resto retoma con la travesía.
Tras muchas décadas llenando las salas de nuestro país, ya fuera ante películas, como por ejemplo Peter Pan (1953), el El Rey León (1994), Ratatouille (2007) o El Gato con Botas (2011), llega a los cines uruguayos lo que viene a ser nuestro debut en la categoría de largometraje animado, y no podríamos haber empezado de peor manera.
Walter Tournier, ya conocido por su trabajo en Los Tatitos, ha sido el encargado de escribir y dirigir este proyecto, que según pude informarme, supondría una inversión de algo más de 1 millón de dólares. Como curiosidad, vale destacar que Selkirk no sería desarrollada con las técnicas más tradicionales, el dibujo a mano, o la más reciente, animación digital. En el caso de esta película se recurriría a la llamada animación stop motion o cuadro a cuadro, en donde muñecos de entre 20 y 30 centímetros de estatura, de estructura interna metálica y recubierta en silicona, serían manipulados por distintos animadores, un total de 10 y divididos en 2 turnos, para conseguir (en base a la regla de los 24 cuadros por segundo) un promedio de entre 15 y 20 segundos diarios de película.
Con Selkirk Tournier nos trae a la gran pantalla un relato inspirado en Alexander Selkirk, personaje real, cuyas circunstancias inspiraran, luego, al inglés Daniel Defoe, para escribir su aclamada novela Robinson Crusoe.
Para analizar este filme es importante que se le divida en dos partes: por un lado, lo que concierne a la animación y, por el otro, a su guión. Con respecto a la primera, sólo puedo decir que el desempeño de todo el equipo dio sus buenos frutos, ya que esta producción no tiene nada que envidiarle a las animaciones norteamericanas del mismo estilo, como ser El Extraño Mundo de Jack (1993), Jim y el Durazno Gigante (1996) o La Novia Cadáver (2005). En cuanto al segundo punto, es como consecuencia de un muy mal guionado, que debemos de estar de acuerdo, en cuanto a que el cine animado uruguayo “ha empezado con el pie izquierdo”.
Resulta que el guión de Tournier es tan, pero tan malo, que seguramente haga que muchos se quieran ir de la sala a los 20 minutos. Como todos sabemos, el cine animado actual se caracteriza, principalmente, por su sentido del humor, que atrae a tanto niños como adultos, y la triste verdad es que son, contados con los dedos, los chistes que vamos a poder ver aquí. Por si fuera poco, los diálogos son tan planos y carentes de chispa, que aburren en todo momento, además de ser, cien por ciento explicativos.
Otro defecto bastante apreciable está en el manejo de los escenarios, ya que es mucho mayor el tiempo que se le dedica a las andanzas de Selkirk en el galeón, que lo que se le concede, después, a la isla. Esta es, precisamente, en donde debería haber estado el fuerte del relato, ya que es la problemática de este hombre como náufrago la que nos interesaba a todos, y no, su vida social con los otros piratas.
La pobreza narrativa es, también reconocible a nivel de la banda sonora, dentro de lo poco que hay para que llamemos efectivamente “banda sonora”, ya que hay apenas un par de cancionistas con algunas rimas, pero que carecen de todo posible atractivo.
Asimismo, hubo un elemento que, hacia el final de la película, me llamó mucho la atención. Lo comento porque no se trata de un detalle que vaya a revelar nada demasiado importante sobre la trama. Esto sucede cuando, bien a lo último Selkirk es rescatado, sube a un bote y dice algo así como: “Desde ahora ya no seré más Selkirk y me llamaré Robinson Crusoe”. Es increíble y lamentable que el director se haya valido de una frase tan sin gracia y tirada de los pelos, para explicarnos cómo su personaje se cambiaba de nombre, además de completamente innecesario, ya que el relato que se nos ha invitado a ver, es el de Selkirk, no el de Robinson Crusoe. En definitiva, Selkirk no es más que un cuentito tonto, sin emociones ni sorpresas.

Mi puntaje: 2/10


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martes, 7 de febrero de 2012

"La venganza puede cambiar a las personas"

Título: La Piel que Habito
Año: 2011
Género: Drama, Thriller
Director: Pedro Almodóvar
Guión: Pedro Almodóvar, Agustín Almodóvar (colaborador), Thierry Jonquet (novela "Tarantula")
Duración: 117min
Reparto: Antonio Banderas, Elena Anaya, Jan Cornet, Marisa Paredes
Produc.: Canal+ España, El Deseo S.A., Instituto de Crédito Oficial (ICO), Televisión Española (TVE)
Presup.: $13 millones aprox.

En La Piel que Habito Antonio Banderas interpreta a Robert Ledgard, un excelente cirujano quien, tras la violación de su hija Norma (Blanca Suárez), decide secuestrar a Vicente (Jan Cornet), muchacho responsable del acto, para vengarse.
Previo a esta película, la verdad es que me había costado mucho, entrar en el tan particular universo de Pedro Almodóvar. Dados algunos comentarios, llegados a mi por parte de personas, a quienes el cine de este artista no les estaba gustando, hubo un momento en el acabé por tomarle rechazo, por crearme un prejuicio infundamentado, hacia un director cuyo trabajo ni siquiera me había tomado el trabajo de mirar para juzgar.
Al final, terminé viéndome tres de sus últimas propuestas, en un período de tiempo muy corto. Me vi Todo Sobre mi Made (1999), La Mala Educación (2004) y Hable con Ella (2002). En la primera se me mostraba a un padre travesti y a una monja con sida, en la segunda se me contaba la historia de amor homosexual entre un cura y un niño, y en la tercera se me hablaba de un enfermero, quien tras violar a una mujer comatosa, la dejaba embarazada. De manera que este director español poseía una cierta afinidad por el cine con contenido erótico y algo retorcido, y una cierta atracción hacia los argumentos bastante macabros, lo cual podría hacer que uno le sintiera rechazo. Por mi parte, estas tres películas sí me resultaron algo descabelladas, aunque, no por eso, menos interesantes, puesto que Almodóvar me había mostrado tener la capacidad y el talento suficientes, como para hacer de sus historias, atractivas.
Posteriormente, cuando supe de su última y más reciente incursión en el séptimo arte, enseguida me propuse chequear, por pura curiosidad, qué puntaje promedio le habría concedido la gente en el sitio IMDB. Lo cierto es que, hoy 7 de febrero del 2012 La Piel que Habito cuenta con un 7.7/10. Nada mal, la verdad.
Finalmente, me puse a mirar esta película, careciendo de noción alguna sobre su temática. La cinta, entonces, empezó bastante rara, con un Robert Ledgard observando a una bella chica, su nombre Vera Cruz, (Elena Anaya) a través de la pantalla gigante de un televisor, mientras que esta ocupaba una amplia habitación, de la que en ningún momento se la veía salir. Al mismo tiempo, Robert y Marilia (Marisa Paredes), su empleada, eran presentados como los guardianes a cargo de que la chica, dentro de su aislamiento, estuviera cómoda, de que nada le faltara, pero, también, que no tuviera posibilidades de escapar. Y aquí, todo seguía en misterio. Es que Almodóvar no se apuraría nunca, a la hora de irme revelanado, poco a poco, los detalles de la historia, cada uno en su momento y en el orden qué él sabía, sería el más preciso.
La trama de la película comenzaría luego a desenvolverse, a partir de un plano con enfoque cómico, en el que un hombre joven y pelado, y vestido en un disfraz de tigre, cruzaba la calle para buscar a Marilia, con quien llevaba tiempo sin verse. Una vez dentro de la casa, Zeca (Roberto Álamo) vería a Vera, gracias a un televisor en la cocina, para luego inmovilizar a su madre, atada y amordazada en una silla, y dirigirse, ,rápidamente, a buscar a la cautiva. Es así que, de la mano de Robert, es que Almodóvar mostraría gran parte del contenido erótico de la película, el cual no podría hacerse esperar demasiado.
No obstante, no sería sino hasta que Robert accediera a dejar a Vera salir del confinamiento, que Marilia se daría el tiempo de ponerla al tanto de los hechos que concernían al dramático pasado vivido por Robert, primero con la muerte de su esposa, más luego con la tragedia de su hija Norma (Blanca Suárez). A partir de aquí, la película se iba a transformar en una constante de flashbacks y vueltas al presente, conociendo, nosotros en detalle, las circunstancias que habían llevado hacia la violación de la chica, su posterior internación en una clínica y la furia de un padre vengativo, convertido, de pronto, en un secuestrador enmascarado, capaz de cualquier cosa. Almodóvar consigue poner en imágenes, de manera impecable, lo que ha de ser el dolor de un padre a quien se ha violentado, lastimándolo en donde más le podría doler, un sufrimiento incluso mayor que si le hubieran quebrado algunos huesos, para que Ledgard sacase a relucir lo peor de él como hombre.
Sin entrar demasiado en cuestiones que sería mejor que uno conociese, no, a través de una crítica, sino por intermedio mismo de la película, puedo decir que Robert nos dejará bien en claro hasta que punto ha podido desarrollarse como cirujano y cuan extraordinario es su conocimiento del cuerpo humano.
En La Piel que Habito, conoceremos el vínculo muy perturbador que una a Robert con Vicente, y luego, al mismo Robert, pero con Vera, a quien retenga en una suerte de Gran Hermano.

Mi puntaje: 9/10


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miércoles, 1 de febrero de 2012

"Conociendo a los amos de la noche"

Título: Vampires (Vampiros)
Año: 2010
Género: Comedia
Director: Vincent Lannoo
Guión: Vincent Lannoo, Frédérique Broos
Duración: 88min
Reparto: Carlo Ferrante, Vera Van Dooren, Pierre Lognay, Fleur Lise Heuet, Julien Doré, Batiste Sornin
Produc.: Left Film Ventures

A modo de falso documental, Vampiros nos lleva hasta Bélgica, en donde un equipo de filmación, acompaña a una familia de vampiros en su vida cotidiana. Aquí tenemos a Georges (Carlo Ferrante), el padre; Bertha (Vera Van Dooren) la madre; Samson (Pierre Lognay), el hijo; y Grace (Fleur Lise Heuet), la hija. 
De la mano del director Vincent Lannoo nos llega este producto, que toma para la comedia y el humor negro, el diario vivir de los chupa sangre. Al igual que en tantos otros casos, aquí se parte de la idea de que, supuestamente, estaremos viendo un verdadero documental, lo cuál, obviamente, no es cierto. También es dejado bien en claro que es realmente un privilegio que tengamos acceso a este material, ya que tres fueron las veces en que el equipo de filmación tratara de adentrarse en territorio vampiro, fracasando las primeras dos: fueron atacados. 
Dentro de la ficción de este documental, se entiende que el equipo de filmación llega, finalmente, a un acuerdo, para que, una vez adentrados con el enemigo, el depredador procure, al menos por esta vez, no atacarlos. 
La idea del falso documental, hoy ya muy vista, es combinada con el género vampiro, que, por su parte, por lo menos yo, no tengo recuerdos de que hubiera sido abordado así, anteriormente. De modo que estamos ante algo distinto y frente a una comunidad de muertos vivos de costumbres muy interesantes, quienes al igual que el mismísimo Drácula duermen en ataúdes, le temen a la luz del sol y a los crucifijos y no pueden llorar, amar o reproducirse. También tienen sus conflictos entre vecinos, al igual que sus leyes de convivencia. 
Con todo, diría que el aspecto más llamativo está en la naturalidad con que estos se comportan, ya que se enfrentan a sus problemas e inquietudes (para nosotros, muy raras; mas, para ellos, normales), de una manera que hace que no parezca que el documental fuera falso, porque toda situación que vemos sucede con total autenticidad. Hay un ejemplo muy bueno, cuando Samson, estando en clase (y considerando su apariencia a simple vista, el muchacho ha de estar cursando secundaria) tiene que aprender a morderle la yugular a los humanos, practicando con un muñeco sobre una mesa. Por mucho que lo intenta, Samson no consigue satisfacer a su profesora, quien furiosa le reprocha su incapacidad para seguir con las indicaciones. La incompetencia de Samson, más el enfado de su docente, podrían recordarnos, perfectamente, a nuestros días en la escuela primaria, con esas maestras que eran insoportables y que nos hacían pasar un mal rato. 
Pese a tanta originalidad, Vampiros cae en un problema de estructura. Desde el momento en que el equipo de documentalistas llega a ese entorno desconocido, la película se traduce en que asistamos a sus distintos espacios sociales, pero sin molestarse en establecer, para nosotros, un argumento preciso. De modo que, por un lado hacemos un seguimiento de sus vidas, en tanto que, por otro lado, nunca nos es posible saber hacia dónde se pretende conducirnos, ya que se carece de una base firme, de un conflicto específico, a partir del cual desarrollar todo lo que sigue. Justamente, llegado un momento, uno probablemente ya se haya cansado de conocer a esta gente y quiera que ocurra alguna problemática nueva que deba resolverse. Lo que ocurre, es que nosotros tendemos a buscarle a las película un comienzo, un desarrollo y un final, que aquí no están muy bien precisados. Como falso documental, este producto tienes buenas intenciones, pero termina quedándose en eso, y siendo además, demasiado lento. 

Mi puntaje: 3/10


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miércoles, 18 de enero de 2012

"¿Adivinen quién viene a cenar?"

Título: Lars and the Real Girl (Lars y la Chica Real)
Año: 2007
Género: Comedia, Drama
Director: Craig Gillespie
Guión: Nancy Oliver
Duración: 106min
Reparto: Ryan Goslin, Emily Mortimer, Paul Scheinder, Patricia Clarkson
Produc.: Metro-Goldwyn-Mayer (MGM), Sidney Kimmel Entertainment, Lars Productions
Presup.: $12 millones aprox.

Lars y la Chica Real es la historia de Lars (Ryan Goslin), un joven tímido y solitario, que no da indicios de que vaya a encontrar a su media naranja. Hasta que un día, sin embargo, dice a su hermano Gus (Paul Schneider), que hay una muchacha que le gustaría presentarle. Salvo que esta novia es una muñeca de tamaño real, pedida por correo electrónico.
Aquí se toca un concepto realmente interesante. Se pregunta y luego contesta, sobre lo que haríamos si un día nos viéramos enfrentados a una situación tan disparatada, tan fuera de lo ordinario, que acabáramos preguntándonos, porqué eso nos tuvo que pasar a nosotros. Porqué a mí, y no, al vecino.
Lo que es en efecto disparatado, y no es algo menor, si de pronto, nuestro hermano menor empezara a relacionarse con una muñeca, la cual dentro de su trastorno psicológico, además le contesta. Como primera reacción ante tal bizarreada, Gus se muestra impotente, perturbado, mientras que su esposa Karin (Emily Mortimer), es a quien más fácil se le hace mantener la calma. A partir de este momento, lo más inmediato es llevar a Lars a un psicólogo y ver desde ahí como lidiar con semejante trastorno.
Lo interesante de la película pasa por el tipo de recibimiento que obtiene Lars de sus parientes, amigos y vecinos. Algunos se muestran contrarios a la idea de juntarse con semejante “lunático”, y otros, en cambio, comprenden que lo mejor es tomar el otro camino y tratar a Lars como a un ser humano, con respeto, y ayudar a sus familiares en todo aquello posible. Es en este punto en donde la película hace su mejor trabajo, mostrándonos que todas las personas somos diferentes y que, de nada sirve el rechazo. Además se pone énfasis en que no hay nada de malo en tener miedo, mientras tengamos a alguien a quien pedir ayuda. Uno, también ha de tener en cuenta que la enseñanza de esta película es, en muchos sentidos, bastante obvia, si bien muchas veces necesitamos que se nos repita el mensaje más de una vez y en más de una forma.
Otro elemento muy bien presentado, refiere a la propia personalidad de Lars. Él nos es descrito, no sólo como un tipo introvertido, sino como alguien que no aparenta tener intenciones de expandir su abanico de relaciones humanas. Alguien que tras recibir una flor con el mensaje “Dásela a alguien agradable”, se deshace de ella, apenas puede y justo frente a Margo (Kelli Garner), una chica agradable y atractiva, quien le ha hecho bien claras sus intenciones.
Pese a esto, más adelante entenderemos que Lars no deja ver a otros, precisamente lo que siente, cuando se aparezca con una chica que vio, por primera vez, en la web, y que  conoció, personalmente, tras abrir una caja. Lo que, de manera brillante nos muestra la película, es la enigmática psique de un individuo, quien ha traído a su muñeca porque es su única manera de expresar unos sentimientos que tiene muy aferrados y no consigue exteriorizar, y que no dejará ir a Bianca (la muñeca) hasta no ver solucionadas estas inquietudes.
Asimismo, Lars y la Chica Real se vale de algunos simbolismos muy ocurrentes, a la hora de contar, aún mejor, el relato. Uno se ve cuando Lars se pone a leer a Bianca, y si uno le presta mucha atención, el libro que tiene en sus manos es “Don Quijote”, cuyo personaje principal padece, también, problemas de cordura. El otro es un simbolismo que vemos desde que Bianca aparece en escena y que nos llega por intermedio de su figura misma. Si se está atento a su rostro, uno puede ver que su expresión se va modificando a medida que van cambiando, también, las circunstancias con las que Lars se enfrenta, de manera que podemos entender mejor cómo él se está sintiendo a través de su muñeca, llamémosle, “terapéutica”.
A modo de redondeo, no debe quedar afuera algo tan vital como es que las personas que rodean a Lars se vean predispuestas a ayudarlo, al punto de tratar a Bianca como si de un ser humano, de carne y hueso, se tratase. Karin, por ejemplo, llega al punto de ponerse a bañar ella misma a Bianca o de vestirla, también, para dormir. Lo que nos lleva al momento culminante de la historia, en donde inclusive los paramédicos del pueblo se muestran dispuestos a formar parte de esta gran ilusión. Todo sea por apoyar a Lars en su conflicto.

Mi puntaje: 9/10


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"Cuando el humano subestimó al simio"

Título: Rise of the Planet of the Apes (El Planeta de los Simios: la Revolución)
Año: 2011
Género: Acción, Drama C. Ficción
Director: Rupert Wyatt
Guión: Rick Jaffa, Amanda Silver, Pierre Boulle (sugerida a partir de la novela “La planète des singes”) Duración: 105min
Reparto: James Franco, Freida Pinto, John Lithgow, Brian Cox, Tom Felton, David Oyelowo, Tyler Labine, David Hewlett
Produc.: Twentieth Century Fox Film Corporation, Chernin Entertainment, Dune Entertainment
Presup.: $93 millones aprox.


El Planeta de los Simios: la Revolución nos cuenta la historia de Will Rodman (James Franco),  un científico dedicado a buscar la cura del Alzheimer, que acaba teniendo en sus manos el cuidado de un bebé chimpancé, cuya estructura cerebral ha sido químicamente alterada, y que terminará siendo quien lidere toda una ofensiva, de simios contra hombres.
El año pasado tuve el privilegio de ver en mi casa la película original de El Planeta de los Simios de 1968 y que fuera protagonizada por el reconocido Charlton Heston. Al principio tenía mis dudas respecto a qué era lo que me iba a encontrar, considerando que se trataba de una producción muy anterior a mi época. Por consiguiente, me intrigaba todo lo relacionado a los efectos especiales de ese entonces, o, también, el ver cómo habían sido resueltos los maquillajes de los simios, obviamente primitivos, si los comparáramos con los avances de hoy en día.
Pronto, Charlton Heston y sus otros dos compañeros de misión eran capturados, y fue así como pude ver a los simios, sin sentirme en absoluto, decepcionado por sus maquillajes de finales de los sesenta. Pero sobre todo, me llamó gratamente la atención encontrarme con un guión increíblemente bueno y en donde cada una de las secuencias era de por sí atrapante. Y sobre todo, que tras una película tan buena, su final implicaba un giro sorpresivo en la historia.
La razón por la cual hago este repaso, es mi objetivo de realizar una breve comparación entre la cinta del 68 y su precuela, curiosamente rodada muchos años más tarde. Es, a mi parecer, la mejor manera de saber cómo valorar, correctamente, la última de las dos propuestas. Lo que ocurre es que, si uno ya ha visto la primera película, entonces, la segunda, seguramente le resulte un mero entretenimiento. No estoy diciendo que eso sea malo, aunque sí, esta El Planeta de los Simios carece del excelente nivel de su predecesora. Tampoco sería correcto decir que la cinta de Rupert Wyatt no haya sido muy bien pensada, puesto que el planteo que se hace para que los simios se revelen y se escapen, es convincente. Sin embargo, la principal falencia de este nuevo guión, recae en la exagerada importancia concedida a los efectos especiales. Wyatt no deja de dedicarle sus momentos, tanto al comportamiento y razonamiento animal, como a la relación entablada entre Will y su simio César, pero luego, también, dedica muchos minutos a mostrar animales digitales, conduciendo una ciudad al caos. Es aquí cuando la historia pierde su componente más interesante, para convertirse en una simple batalla entre oprimidos y opresores. Tratándose, además, de un producto creado para llenar butacas, se ha hecho todo lo posible para que las escenas de mayor acción fueran en extremo sorprendentes. De ahí que los simios fueran capaces de cruzar un puente, incluso por lugares en donde en la vida real les hubiera sido imposible, o mostrarnos a un orangután saltando desde un puente a un helicóptero.
Finalmente, podemos dedicarle un breve comentario a la resolución final de la película, y sobre la cual puedo hacer dos acotaciones. Por un lado, recalcar que a diferencia de la cinta del 69, acá se hace muy predecible cómo va a acabar. Ya desde que César mira el puente a lo lejos, desde lo alto de un árbol, sabemos que lo que está contemplando es su vía de escape. Lo segundo es más que nada mencionar una flaqueza en el guión, ya que se explica que los simios escapan de la ciudad para llegar a un monte, que será luego el lugar estratégico en donde sigan evolucionando, se organicen y terminen por dominar al ser humano. Sin embargo, este lugar no queda ni remotamente lejos del suelo enemigo. Siendo así la cosa, sería ridículo pensar que estos animales disponen de la mínima oportunidad de iniciar allí su acenso al poder, ya que sería sólo cuestión de horas para que los americanos enviaran a su ejército y acabaran con estos simios rebeldes, quienes se están recién encaminando, hacia encontrar su mayor fortaleza unidos. Esto quiere decir que se hace más verosímil que la raza humana se vaya a extinguir por culpa de un virus transmitido por los primates (como se sabe al final), que creer que el motivo mismo que llevará a estos primates a crecer como comunidad autónoma para auto gobernarse recaiga, no sólo en su independencia, sino, además, en su nueva re locación geográfica, pegados a la sociedad de su cazador, un hombre que con armamento ya desarrollado.
De todos modos, en líneas generales esta película está bastante bien contada y cada uno de los efectos especiales, ya sea en la escena del puente, como en los simios agregados por computadora desde el minuto uno, han sido impecablemente diseñados, producto de lo mejor en tecnología digital. Demás está decir, que uno no tiene tiempo para aburrirse.

Mi puntaje: 6/10


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martes, 3 de enero de 2012

"De Joanne Rowling a J.K. Rowling"

Título: Magic Beyond Words: The JK Rowling Story
Año: 2011
Género: Biografía
Director: Paul A. Kaufman
Guión: Jeffrey Berman, Tony Caballero, Sean Smith (basada en su libro)
Duración: 85min
Reparto: Poppy Montgomery, Emily Holmes, Antonio Cupo, Janet Kidder
Produc.: Commotion Pictures, Lifetime Television

Magia Más Allá de las Palabras nos cuenta la biografía de la escritora best seller J.K. Rowling (Poppy Montgomery), desde sus comienzos. Empezando por su infancia, la película nos enseña algunos momentos cruciales de su adolescencia, pasando luego a su inserción en el mundo laboral y, finalmente, a las circunstancias que conducirían a la publicación de Harry Potter y su posterior llegada a los cines.
De la mano de Lifetime Television puede ahora uno conocer más a fondo, acerca de la vida Joanne Rowling. Una escritora que, habiendo nacido en una familia muy humilde, tuvo que luchar contra viento y marea, llegando a pasarla muy mal en el proceso, pero valiéndose de una voluntad de acero y de las palabras, siempre presentes, de su madre, para llegar a convertirse (como se la daría a conocer por la editorial Bloomsbury en el 96) en J.K. Rowling.
Creo certero pensar que, cada vez que una productora decide lanzar al mercado la biografía de alguna personalidad, hay una tendencia a conseguir el buen recibimiento por parte del público. Lo que ocurre es que, una vez que uno ha leído y se ha sentido atrapado por las novelas de un determinado escritor, o se ha pasado largas horas escuchando las canciones de algún músico, o ha llevado a cabo, en su casa o en cualquier otra parte, la simple acción de apretar un interruptor, para ver encenderse una lamparita, luego si nos enteramos de que se ha llevado a la gran/pequeña pantalla la vida de alguno de estos personajes, debiera ser casi que automática una respuesta, que se traduzca en intriga e interés, por parte de nosotros. La razón: la curiosidad. Que nos hará preguntarnos: ¿Pero cómo se le ocurrió escribir este libro? ¿Qué habrá sido lo que lo/la inspiró para componer esa letra? O, ¿cómo pudo saber que si hacía esto o aquello, se encendería eso que llamamos luz?
La cuestión, en definitiva, es que Joanne Rowling no solo escribió una serie libros de un personaje que la volvería multimillonaria, sino que además serían el material perfecto para explotar a lo largo de, no siete, sino ocho películas, llenándola a ella, tanto como a Hollywood, de varios millones de dólares. Es aquí cuando empieza uno a interesarse por este tipo de personas.
Pero yendo, estrictamente a la película, debo resaltar, lamentablemente, que no cuenta con tantos pros, como contras. Es decir: una vez que uno haya terminado de verla, indudablemente se habrá quitado un montón de dudas. Una vez aparecidos los créditos finales, uno conocerá, con más precisión, el complicado mundo laboral/sentimental que fue envolviendo a la escritora mientras craneaba lo que sería la historia de su mago favorito. Sin embargo, el gran problema de esta cinta viene en su corta duración, ya que es completamente imposible describir con profundidad suficiente una vida que contó con tantos giros y matices, en apenas 85 minutos. En Magia… su director hace un recorrido de tipo flash, de los principales hechos trascendentales que conducirían a Joanne a convertirse en una exitosa novelista. No obstante, la información que se nos brinda en cada escena, va cayendo toda junta y demasiado deprisa. En líneas generales, el objetivo de la película de “darnos a conocer sobre Joanne”, en efecto, se cumple parcialmente. Aunque poco es lo que llegamos a saber sobre cómo Joanne llegó a construir a Harry, a sus amigos y a todo ese mundo fantástico en su cabeza. Apenas se nos concede algunas respuestas.
Igualmente, también es positivo valorar los mensajes que la película nunca se olvida de transmitirnos. Si bien es cierto que algunas de las cosas que se dicen o se muestran, podrían entrar en discrepancia con lo que es el mundo real, duro y bastante negro.
No se pierde ni un segundo en abordarse la idea de que es importante que todo niño use su imaginación para divertirse. Y esto, más allá de que vaya o no, a ser uno/a novelista en un futuro. También se concede un papel crucial a Anne Rowling (Janet Kidder), madre de Joanne y una mujer ejemplar, quien nunca deja de insistirle a su hija sobre que ella debe seguir sus propios sueños. Aquí es en donde también aparece el padre, Pete Rowling (Paul McGillion), un hombre bien intencionado, pero quien al querer lo mejor para su hija, no pretende otra cosa que decirle las verdades en la cara.
Luego, mientras Joanne se aproxima sin saberlo, hacia la cumbre del estrellato y del éxito económico, hay una muy interesante escena en la que ella misma dice que no escribe pensando en plata, sino por el hecho mismo de escribir. Y bueno… En cierta media, su filosofía es perfectamente válida. A pesar de que ella misma tendrá, luego, que reconocer, que a veces incluso las mayores pasiones de uno tienen, sí o sí que explotarse, pero para poner comida en el plato y pagar las cuentas. Pero una cosa no quita a la otra.
En conclusión, Magia Más Allá de las Palabras… me animaría a afirmar que funciona como una correcta fuente de respuestas sobre el antes del éxito de Joanne Rowling (o como se la dio a conocer en sus libros: J. K. Rowling), pero algo me dice que en una película de mayor duración, se hubieran podido abarcar aún más aspectos de su vida, que ni yo mismo conozco.

Mi puntaje: 5/10


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domingo, 25 de diciembre de 2011

"Hablale a mi mano"

Título: The Beaver (El Castor)
Año: 2011
Género:Drama
Director: Jodie Foster
Guión: Kyle Killen
Duración: 91min
Reparto: Mel Gibson, Jodie Foster, Anton Yelchin
Produc.: Summit Entertainmet, Participant Media, Imagenation Abu Dhabi FZ, Anonymous Content
Presup.: $21 millones aprox.

En El Castor, Walter Black (Mel Gibson) es un hombre depresivo, quien tras mudarse de la casa en la que vivía con su familia, encuentra un títere de castor, el cuál empleará para comunicarse con la gente que lo rodea.
Walter, excelentemente interpretado por Mel Gibson, padece una depresión severa, de la que ningún tipo de ayuda ha podido liberarlo. Si bien en la película no se revelan detalles médicos, está claro que basta con que entendamos que los trastornos psicológicos de Walter son tales que, es absolutamente incapaz de llevar adelante el rol de padre de familia. De ahí que, cuando Meredith consigue que se vaya a vivir solo, el mayor de sus hijos, Porter (Anton Yelchin), se muestra satisfecho ante la idea de no tener que ver más a ese “perdedor”. Ya por las suyas, una noche en la que Walter acaba de comprarse unas cuantas botellas de alcohol, abre la valija de su auto, mira en su interior y decide deshacerse de algunas cosas. Justo hay un contenedor de basura, a pocos metros. Walter arroja allí algunas pertenencias y es, entonces, cuando se topa con un castor de peluche. Curioso hallazgo que en un principio parecería no llamarle la atención, pero en seguida vemos, que la realidad es distinta. De vuelta tras su vehículo, Walter contempla el contenedor para, solo segundos después, acercarse a recoger el peluche. Una vez en sus manos, Walter mira al castor a los ojos, con la expresión de alguien que se pregunta qué hará una cosa como esa entre tanta porquería. En la escena siguiente, comprobamos la magnitud del dolor que siente Walter, quien incapaz de soportar su situación, se rinde a la bebida mientras lloriquea, con una botella en una mano y el castor enfundado en la otra. Pero eso no es todo. Walter usa su corbata para ahorcarse con el  caño de la ducha. Salvo que, por su peso, caño y cortina caen con él en la bañera, como si su baño quisiera decirle que el suicidio no es aceptable. Su última alternativa es probar con algo que no pueda fallar. Walter, castor en mano (caño y cortina al cuello), sube al muro de su balcón... Y de pronto escucha la voz del “castor”.
Ante la sorpresa, Walter se tambalea hacia atrás, entrando a su cuarto a los tropezones, cayendo al suelo, llevándose al televisor consigo y quedando inconsciente.
Cuando, rato más tarde, Walter despierte, él ya no se comportará de la misma forma.
Luego, cuando Meredith va a buscar a Henry Black (Riley Thomas Stewart) al colegio, le dicen que ya ha ido a buscarlo el padre. Asustada, Meredith conduce a su casa para encontrarse con un hombre, que se comunica con su hijo por intermedio de un títere. Es así que, ante una Meredith confundida, Walter le entrega, rápidamente, una tarjeta en la que reza: “La persona que le entregó esta tarjeta está bajo el cuidado de un títere preescrito, designado para crear una distancia psicológica entre él y los aspectos negativos de su personalidad”.
Al principio, vivir con un padre/marido que se comunica con el mundo a través de un peluche parlante, en cierta medida llega a tener lo suyo, ya que, por primera vez en mucho tiempo, Walter parece feliz y hasta es un tipo gracioso. Solo que las apariencias engañan.
A medida que uno avanza con la película, puede verse como Walter ha vuelto a funcionar a la par de todos, pero debido a un títere que, si bien, escena a escena pareciera tratarse de su terapeuta personal, es en realidad su manera de distanciarse del mundo. En cuanto a su castor, resulta tan divertido y simpático, además, con su aire intelectual y su acento británico, que es increíble pensar que, ni siquiera tenga vida propia y que no sea uno más de los intérpretes de la cinta. El problema es, sin embargo, que ningún ser humano puede pasarse la vida hablando con un títere en la mano.
En El Castor se combinan una muy buena fotografía, la gran labor, sobre todo de Mel Gibson (cómico, al que nunca vimos tan triste), sumadas a un guión excelente, en donde, inteligentemente se nos muestra, cómo cada miembro de la familia Black digiere y reacciona, todo lo que le ocurre al padre. Esto permite que nos adentremos con interés y curiosidad, en los conflictos internos de un perturbado Walter Black.

Mi puntaje: 9/10


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