sábado, 9 de junio de 2012

"Hasta que la memoria los separe"

Título: The Vow (Votos de Amor)
Año: 2012
Género: Drama, Romántica
Director: Michael Sucsy
Guión: Jason Katims, Abby Kohn y Marc Silverstein (escrita por), Stuart Sendler (historia)
Duración: 104min
Reparto: Rachel McAdams, Channing Tatum, Sam Neill, Jessica Lange, Scott Speedman
Produc.: Screen Gems, Spyglass Entertainment
Presup.: $30 millones aprox.

En Votos de Amor, Leo (Channing Tatum) y Paige (Rachel McAdams) son una joven pareja, felizmente casada, hasta que una noche, a causa de un accidente automovilístico Paige pierde la memoria y es incapaz de reconocer a su marido. Desde ese momento, Leo deberá hacer todo lo que tenga a su alcance para lograr que ella lo recuerde y volver así a tener lo que habían construido.
Fuera de ser de la típica película romántica, Votos de Amor trata de lo que podría significar para una persona, que por circunstancias ajenas a uno, de pronto fueses, para tu media naranja, alguien completamente desconocido. Que esa persona con la que te habías decidido a compartirlo todo, en un abrir y cerrar de ojos te hiciera a un costado, pero por causas que fueran más allá de su propio entendimiento.
La película me recordó bastante a Como si fuera la primera vez (2004), con lo que no estoy diciendo que me pareciera una copia de esta, ya que los problemas de memoria sufridos en cada caso son muy distintos. Es la idea del novio y/o marido que debe volver a enamorar a su pareja, lo que comparten, y que en ambas se maneja de forma magnífica.
Una noche, Leo y Paige, recién salidos del cine se suban a su auto. Rumbo a casa, se entretienen bromeando, hasta que Leo se detiene en un semáforo. Allí Paige se  pone cariñosa y Leo se entusiasma. Pero de pronto, un camión fuera de control impacta con ellos desde atrás y Rachel sale despedida a través del parabrisas, lo que vemos en cámara lenta y que permite que apreciemos la brutalidad de su golpe. Uno ya hasta puede irse anticipando a lo que está por venirse, incluso mientras la ve volar por el aire, entre fragmentos de vidrio astillado.
El director, sin embargo, opta por otro camino. Dejándonos con la interrogante por algunos minutos más, usa un flashback para contarnos cómo es que Leo y Paige se habían conocido y congeniado, para luego casarse y leer, cada uno sus votos, durante una ceremonia en un museo. A todo ese antecedente, en lo personal lo habría omitido, con excepción de la parte del casamiento, que hubiera incluido, aunque más adelante. Para empezar, porque tras tenernos en suspenso y con hasta imágenes ralentizadas del accidente, lo que uno querría sería pasar directamente a todo el “post – choque”,  con la internación en el sanatorio y las malas noticias. Michael Sucsy prefiere alargarnos la espera, colando todo un contexto excesivamente romanticón, que no viene al caso y que seguramente aburra mucho al sector masculino. Porque, en realidad, ¿cómo es que ha acabado Paige?, es lo que uno querría saber, no, cómo terminaron juntos.
La otra razón responde a un tema de reiteración. A lo largo de la película Leo se está esforzando continuamente por ayudarla. Con dicho objetivo es que le deja a la vista cierto material clasificado como "evidencia" de que realmente se querían. No obstante, cuando Paige se sienta a ver el video, básicamente es la misma boda que ya nos mostraron, pero ahora desde el punto de vista de la cámara de uno de sus amigos. 
Paige despierta del coma y es el momento de la verdad. Leo la pone al día sobre lo que ha pasado, a lo que luego Paige lo confunde con su doctor. Sucede que ella ha olvidado los últimos cinco años de su vida. Leo ya había sido advertido por la Dra. Fishman (Wendy Crewson), sobre esta posibilidad, de pérdida total o parcial de memoria, y que podría a su vez reflejarse, a corto o largo plazo. Todo dependiendo de la gravedad del daño cerebral.
La lesión sufrida por Paige significa, increíblemente, no sólo que ha perdido todo recuerdo de su matrimonio y de cualquier aspecto en general sobre ese período de su vida. Conjuntamente conserva en su cabeza, y vívidamente, todo recuerdo de su pasado en casa de sus padres, anterior a su partida, además de acordarse de estar comprometida con Jeremy (Scott Speedman), su antiguo novio.
En definitiva, la pérdida de memoria podría distanciarla de la persona a la que más amaba hasta hacía solo un rato y funcionar a la inversa con respecto a unos padres que, habiendo perdido contacto con su hija, planean recuperarla. Bill y Rita Thornton (Sam Neill y Jessica Lange), con quienes estaba peleada hasta antes del accidente y no se hablaba. Pero Paige ni siquiera recuerda haberse marchado de la casa. En el caso de Jeremy (Scott Speedman), por otra parte, sus recuerdos de esa relación están ahora más frescos que nunca.
Que Paige no reconozca a Leo equivale a que para ella, quien le asegura ser su marido sea un completo desconocido. Y ¿cómo se supone que, de pronto te despiertes, para que alguien a quien asegurás nunca haber visto, te diga estar unido a ti en el más fuerte de los lazos? Encima, cuando te dan de alta, esa misma persona pretende llevarte consigo.
Con Bill, Rita y Jeremy en el medio, Votos de Amor se vuelve un complicado entrecruce de dilemas existenciales y amorosos, y la lucha de intereses entre un pobre joven desgraciado y tres despiadados oponentes. Ambas partes desean ganarse la confianza y el afecto de una Paige confundida, que no tiene ni idea de hacia qué lado agarrar.
En cuanto a Paige, el hecho de tener que asumir que ya no es la chica de la que se acuerda, la que, en su cabeza aún vive con sus padres y quiere estudiar derecho, resulta otro fuerte golpe. Al habérsele borrado todo acerca de su matrimonio, le es muy difícil preocuparse por no herir a Leo, cuando él la ama, y en cambio ella, una y otra vez, no puede serle recíproca. Parece que se tratara de un acto constante de egoísmo, pero no es así. Lo que ocurre es que en su mente todo está confuso y necesita pensar.
Aunque Paige es quien ha sufrido la peor suerte en el impacto, en realidad se hace más fácil compadecer con Leo, y no, con ella. Porque Paige perdió la memoria, pero Leo, a su compañera. Para Paige podría hasta llegar a ser todo tan simple como volver con sus padres y retomar en donde antes dejara. Pero para Leo eso equivaldría a hacer borrón y cuenta nueva y empezar desde cero.
Votos e amor nos invita a reflexionar, si es que ya no lo hemos hecho, sobre cuál es, realmente, el significado de decir que sí a esa unión legal, pero más que nada, sentimental, que es el matrimonio, tanto en las buenas como en las malas, pero sobre todo en las malas, sea en el ámbito que fuese y aunque el otro no sepa quién eres.
Por todo esto es que no veo correcto decir que está película sea una más del montón. Es cierto que, de alguna manera sí cumple con la misma estructura general de cualquier filme romántico, si bien su desarrollo, diría yo, plantea un conflicto que no tiene nada de tonto y que amerita seguir de cerca.

Mi puntaje: 7/10


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viernes, 1 de junio de 2012

"Aplicando políticas de exterminio"

Título: God bless America (Dios bendiga a América)
Año: 2011
Género: Comedia, Crimen
Director: Bobcat Goldthwait
Guión: Bobcat Goldthwait
Duración: 105min
Reparto: Joel Murray, Tara Lynne Barr, Mackenzie Brook Smith, Melinda Page Hamilton, Rich McDonald
Produc.: Darko Entertainment

En Dios bendiga a América, Frank (Joel Murray), un desempleado inadaptado, y Roxy (Tara Lynnne Barr), una rebelde adolescente, se unen para llevar a cabo lo que ambos creen EEUU ha estado necesitando desde hace ya algún tiempo: acabar con toda la inmundicia.
Probablemente muchos vean en esta película un respiro con respecto al típico cine de entretenimiento. Dios bendiga a América parece ser la obra de algún director realmente enojado con los estadounidenses. Para ser más exactos estamos hablando del Sr. Robert Francis Goldthwait, mejor conocido como Bobcat Goldthwait, nacido el 26 de mayo de 1962, nada más ni nada menos que en Syracuse, “Estados Unidos”. Lo que lleva a que uno se pregunte qué sentirá él, exactamente, por su país. Podríamos asumir que lo avergüenza. 
En Dios bendiga a América se nos revelan, precisamente, varias de las razones por las cuales cualquier lúcido residente norteamericano podría pensar: “Dios maldiga a este país, repleto de ignorantes, materialistas y egocéntricos”. La cinta representa, lisa y llanamente, la crítica a una sociedad en la que ciertos sectores no han tardado en caer en la peor de las decadencias, y esto, por ejemplo, manifestado a través del consumismo, del ciudadano irrespetuoso y de los programas televisivos, que mas que incentivar el buen crecimiento individual, podríamos asumir que se han propuesto acabar con todo posible indicio de seres pensantes. Bobcat no desperdicia ni un solo minuto y aborda algunos de los defectos que ve en su gente, sin andarse con vueltas. 
Frank es un empleado de oficina divorciado, que ronda en los cincuenta años, cuya ex esposa es una mujer de pocas luces, su hija, una niña malcriada y sus vecinos, una pareja de subnormales, incapaces de callar a un bebé que se la pasa llorando. Todo este panorama no sólo carece de aspectos positivos, sino que ha convertido a Frank en una bomba de tiempo. La sociedad entera está repleta de ineptos y alguien debería tomar manos en el asunto. 
Ya en la primera escena Frank, se ve muy lejos de estar distendido. Mientras mira la tele (con toda la porquería que hay en sus canales) debe soportar a los, ya mencionados, mal nacidos de al lado, quienes se encuentran del otro lado de la pared de su living. Frank sólo quiere un rato de paz, antes de retornar, al día siguiente, a su cubículo, rodeado de más idiotas. 
Bobcat aprovecha esta maravillosa oportunidad para que veamos qué es lo que le está sucediendo a Frank, internamente. De pronto ha entrado armado a la casa de sus vecinos, para hacerle un bien a la humanidad y acabar, tanto con ellos como con su bebé, de una manera radical, a punta de escopeta. Por suerte, tan pronto como vimos la situación, salimos de la misma, para estarnos tranquilos de que todo ha sido un montaje construido en sus fantasías. 
Resulta sumamente atractiva la manera en que el director nos describe, valiéndose de la “caja boba”, la pérdida de valores y el lamentable rumbo que ha tomado esta sociedad. Todo lo que Frank tiene ante sus ojos puede resumirse a actos de vandalismo, burlas a la política, discriminación, pautas publicitarias que exponen la basura que se vende hoy en el mercado, y lo más asombroso de la nueva era televisiva, destructivos reality shows. De esos que cuentan con el poder de reducirnos el raciocinio a las dimensiones de una avellana. 
Frank, que padece jaquecas, visita a un médico para que le digan que tiene un tumor y que le queda poco. Tras la noticia, la opción más inmediata es el suicidio. Es que la sociedad entera se ha ido al demonio y, dado lo que le espera, ya no ve razones para aplazar más su muerte. 
Pero, de pronto, un programa logra captar su atención. El punto de giro ocurre, precisamente, cuando a través de un reality show Frank comprueba que aún existen motivos por los cuales demorar su propia partida. En este reality en particular, una tal Chloe (Maddie Hasson), una adolescente rubia y atractiva, de cuerpo bien cuidado, pero de carácter horrendo, demuestra tal falta de cerebro, que hasta hace visible cuando dice: ”Mi nombre es Chloe, vivo en Virginia Beach y todo el mundo me quiere porque soy tan linda”. Luego vemos a sus padres y comprendemos que, “de tal palo, tal astilla”. Frank, por cierto, ya ha tenido suficiente. 
Si hubo alguna vez un ciudadano que se animara a decir en voz alta “Dios bendiga a América”, entonces, una de dos: o estaba loco de remate, o acaso habría dado con personas cuerdas y decentes, pero que luego habían quedado reducidas ante una amplia mayoría de energúmenos. Errónea o no, esta frase, Frank está dispuesto a darle sentido y su primer objetivo será esa chica tan bonita. 
De aquí en más, y por intermedio del humor negro, es que se entremezclan algunos de los mejores ejemplos de una realidad diaria, con la que muchos, seguramente, se sientan identificados. 
Al poco, Frank conoce a Roxy, una joven con quien comparte, en muchos aspectos, su visión general de las cosas, con la salvedad de que hay en Roxy una postura mucho más resuelta. Él quiere escoger a sus víctimas y limitarse a acabarlas, y en cambio ella, pretende moverse más deprisa e ir ya mismo a sembrar el pánico, deseosa de adrenalina, para matar y luego celebrarlo. 
Roxy no duda en unírsele en lo que será una matanza al más puro estilo de Bonny y Clyde, salvo que, sin los bancos. Ambos van incluso vestidos con gorros parecidos a los de su antecesor, dúo criminal. Más tarde en un motel, Frank adquiere mejor armamento, pasándose de una pistola a una escopeta. Y ahora, sí… Empieza la verdadera diversión. 
Bobcath Goldthwait crea, en definitiva, a dos personajes que sean capaces de representar de manera perfecta la idiotez humana. Frank, quien tiene sus problemas, tanto de salud, como el de ser un inadaptado, y a quien no se le ha ocurrido nada mejor que, antes de morirse, salir a los escopetazos. Y Roxy, quien está tan mal del coco que, para empezar, ha huido de dos padres que la querían y sufren su ausencia, argumentando con que en su casa abusaban de ella. O sea que, los mismos que se han propuesto ha limpiar la escoria, no son más que una parte misma del problema. 
Una vez que la película llega a su fin hemos conocido a un director que no ha perdonado a nadie, y que pretendiera llamar la atención a aquellos que tuvieran la fortuna de no formar parte de esa mayoría con capacidades limitadas. 
Por mi parte, no residiendo en los Estados Unidos, ni siendo tampoco de origen norteamericano, poco es en realidad lo que me corresponde opinar al respecto. Es muy fácil, a veces, opinar o criticar desde afuera, pero muy preferible, no hacerlo. Bobcat, en su lectura es muy claro, pero en principio lo tomo como sólo eso, una lectura. 

Mi puntaje: 7/10


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"El sinsentido en su máxima expresión"

Título: The Tree of Life (El Árbol de la Vida)
Año: 2011
Género: Drama
Director: Terrence Malick
Guión: Terrence Malick
Duración: 139min
Reparto: Brad Pitt, Jessica Chastain, Hunter McCracken, Sean Penn
Produc.: Brave Cove Productions, Cottonwood Pictures, Plan B Entertainment, River Road Entertainment
Presup.: $32 millones aprox.

En El Árbol de la Vida conocemos a los O’Brien, una familia de los años 50, en donde la Sra. O’Brien (Jessica Chastain) es la madre afectuosa y el Sr. O’Brien (Brad Pit), un duro padre que cría a sus hijos de una manera muy estricta y discutible. Jack (Hunter McCracken), uno de esos hijos, que tras pasar por esa infancia, una vez adulto (interpretado por Sean Penn) ya no podrá olvidarse de esos momentos tan lejanos, que cambiaron su vida para siempre.
Luego de seis años de ausencia tras las cámaras, Terrence Malick ha vuelto a ocupar la silla del director. Esta vez para dedicarse a una película, cuyo argumento resulta más sencillo que su ejecución.
Hay quienes aseguran haberla entendido perfectamente y haber quedado cautivados por su despliegue, sobre todo, en lo visual. Otros, por el contrario, dicen no haber entendido nada, y esto es, en parte, comprensible.
Lo que en ella se subraya, es la clara necesidad de mirarla, con los sentidos bien agudos. Es que, es casi seguro que si uno estuviera pensando en otra cosa, terminaría dejando escapar algunos elementos indispensables de su hilo conductor.
Algo que me llamó la atención, incluso, antes de haberla visto, fue el toparme en Internet, con críticas que iban desde aquellos que la habían amado, hasta aquellos que la habían odiado. Este curioso hecho me hizo ponerme más analítico. Teniendo en cuenta que El Árbol de la Vida no es fácil de digerir y que el propio Malick se ha encargado de complicarnos la existencia, diría que, no es raro, que muchos se sintieran confundidos y contrariados (y hasta, un poquito calientes con este hombre) y se preguntaran qué demonios pretendió con este singular cóctel de imágenes.
Varios cientos de personas que pasaron por un antes y un después de esta experiencia, decidieron, sin siquiera notarlo, unirse a dos distintas corrientes de opiniones, bastante extremistas, cada una de las cuales era completamente opuesta a la otra. Por un lado estarían los adoradores de Malick, a quienes el veterano director había sabido transmitir sensaciones muy fuertes y tocarlos muy por dentro y, que por consiguiente, veían en la película la excelencia de un cineasta, cuya sensibilidad era extraordinaria.
Por el otro lado estarían los que, sintiéndose insultados, serían capaces de arrojarla al wáter y tirar de la cisterna. El Árbol de la Vida ni siquiera calificaría como producto consumible, a ojos de sus miembros, sino como el indiferente montaje, sin sentido, de varias secuencias, tomadas y entremezcladas por un hombre sin demasiada claridad de ideas.
Al final, me quedaron algunas interrogantes. Por ejemplo, si quienes decían haber captada el mensaje sin dificultad, lo habían, realmente, conseguido. O, si acaso, no habría jugado un rol fundamental el nivel de entendimiento de uno. Es decir, si quizás para sintonizar con Malick en su tan complicada odisea, no habría sido imprescindible ser, o muy inteligente, o poseer un alto nivel de “cultura cinéfila” incorporada.
Todas estas, supondría válidas variantes. Aunque creo que muchos de quienes tuvieran el descaro de decir que captaron todo en ella en seguida, no han sido sinceros, ni consigo mismos. Existen personas, que cuanto más complicada e inteligible es una película, más les fascina, quién sabe porqué, y que son capaces de buscarle la quinta pata al gato, en donde a veces, en realidad, no hay nada. A estos bichos raros, que disfrutan haciéndose los iluminados, consumidores del “buen cine”, uno podría oírlos mencionar bajo el calificativo de snobs, aunque este sea incorrecto.
Otro factor a considerar, responde a la facilidad que tienen algunas personas al momento de elogiar a ciertas películas por sobre otras. Supongamos que Malick la hubiera abordado de una manera distinta, con la narrativa tradicional, con un principio, un desarrollo y un final, todos bien definidos. La pregunta que me surge es, si esos intelectuales, amantes de lo raro, se atreverían, ante dicha propuesta, a destacarla con el mismo entusiasmo. O quizás, el tener entre manos una cinta de contenido demasiado lineal, les llevase a poner en tela de juicio su aparente calidad narrativa.
Con ya unas cuantas películas en mi haber, algunas, más sencillas, y otras, no tanto, algunas más lineales, y otras, menos, creo haberme entrenado, relativamente bien, a la hora de saber juzgar cuándo una ha sobresalido por su buen uso de las expresión cinematográfica, y no creo que abordar una idea de un modo sencillo, lineal, que se entienda y sin demasiadas complicaciones, pueda muchas veces, significar otra cosa que, que se ha dado con el o los realizadores correctos. Porque “simpleza” no debe confundirse con “pobreza”. Erróneo sería pensar que, por contarnos un relato a través del más directo de los lenguajes, se estuviera pecando por falta del “sello artístico”. Dicho lenguaje, traducido en un esfuerzo por hacernos razonar y no querernos dar la información servida en un plato, para que nos estrujáramos el cerebro.
Cualquier buen realizador debería ser capaz de llegarle al público masivo sin caer en la sencillez ridícula y ofensiva. Luego, que un director quisiese filmar algo sólo para él, de tres horas y pico, en cine mudo, y contada, por ejemplo, en un único plano fijo y frontal, también sería admisible, ¿por qué no? Pero, eso sí. Mejor olvidarse de exponerla a un público amplio, porque los caprichos personales de un cineasta, son sólo asunto suyo y de nadie más. De lo contrario, que se despierte y deje de lado sus absurdas fantasías, deje de lado las pavadas y produzca algo por lo cual nadie vaya a querer ahorcarlo.
Creo que un director, más o menos lúcido, sería aquel que, más allá de sus intereses artísticos y/o financieros, se preocupase por atraer, y no, repeler, a su audiencia. No veo que haya nada más agradable y reconfortante, que saber que cuando expongas tu trabajo, las salas de los cines van a ser bastante o muy concurridos, y que de esta forma, fueras a poder transmitir a tus espectadores una determinada percepción tuya propia de algo que te importa. Partiendo de esta base, si luego estos empezaran a dormirse o a levantarse de las butacas, me sonaría a excusa barata, argumentar que haya sido a causa de un planteo excesivamente complicado y que no estaba al alcance de la mayoría. Porque, de ocurrir lo primero, no habría fallado el público, sino, el realizador.
Si cineastas como Clint Eastwood o Martin Scorsese han sabido contar sus historias sin enredarnos, y de igual manera se los califica de genios, ¿qué sentido tendría, presentar a una familia con planos en donde casi nunca se hablase, en donde importara, más que nada, lo expresivos o inexpresivos que fueran sus rostros, y en donde se escucharan, repetidas veces, las voces en off de algunos de estos personajes, a modo de pensamientos? Encima, luego de la introducción, el director nos sale con la ocurrencia de montar un sinnúmero de imágenes dignas del Discovery Channel, para que veamos desde el Big Bang, a los primeros días de la Tierra, la aparición de los dinosaurios y, nuevamente, el uso de la voz en off, tirándonos frases sueltas. El problema surge cuando uno se percata de que, todo eso a lo que Malick ha dedicado cerca de media hora, podría habérselo salteado, o reducido a cinco minutos para no aburrirnos. Es posible que Malick quisiera llegarnos por intermedio de los sentidos, buscando algo distinto, a eso a lo que estábamos acostumbrados. Igual de cierto es que el cine siempre ha existido para abordarse de muchas maneras, siendo muy bien visto innovar. Sin embargo, Malick acá lo ha sido todo, menos realista, dirigiendo una película sólo para los fanáticos de las rarezas. Siempre lo ha sido y seguirá siendo admitido, que cada quien dirija sus proyectos como se le dé la gana, en tanto cuente con los medios. El tema es que Malick se pasó de la raya. De la misma manera en que nos ha hecho ver planos del universo, de planetas, de volcanes, y hasta planos submarinos, perfectamente hubiera agregado dos eternos minutos de un paneo en una playa desierta y ya habría salido alguno que se pusiera a explicarnos su significado, como todo un filósofo griego.
Por último, veo importante señalar que, si partiéramos de la idea de que en el cine todo se vale, entonces, hoy tenemos a Malick con esta (lo digo otra vez) “rareza”. Pero, imaginémonos que mañana se empezasen a distribuir tres o cuatro películas parecidas a esta. ¿Qué haríamos los espectadores, en dicho caso? ¿Cuál sería el punto de referencia para definir entre una película buena y otra mala, entre una entretenida y otra aburrida? si luego estamos diciendo que todo esto es parte del mismo objetivo por comunicarnos algo, sólo que, variando las estructuras. Porque, si viéramos otra como esta, dijéramos que no nos gustó, y a lo que luego aparecieran al contraataque los ofendidos que opinaran que tendríamos que abrirnos más a nuevas cosas, en lugar de criticarla, ¿en dónde quedaría postulado nuestro “cine lineal y con sentido”? Si viniera otro a refutar nuestros comentarios negativos, argumentando: “¿Porqué decís qué es lenta? Capaz que eso es lo que quiso el director. ¿Porqué decís tal cosa? Capaz que lo que Malick quiso, fue tal otra”.
De modo que no importa, qué tipo de defectos le viéramos a una película extremadamente rara y complicada, o rara y aburrida, para todo tendríamos a alguno haciéndose el abogado defensor. Para toda negativa que la tirara abajo, habría una respuesta, para subirla de nuevo al podio. Lo mismo que decir que, ya no importa seguir con ningún tipo de criterio. Todo se vale.

Mi puntaje: 1/10


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miércoles, 9 de mayo de 2012

"Las armas las carga el diablo y las descarga el estúpido""

Título: 96 Minutes (96 Minutos)
Año: 2011
Género: Drama, Thriller
Director: Aimee Lagos
Guión: Aimee Lagos
Duración: 93min
Reparto: Brittany Snow, Christian Serratos, Evan Ross, Jonathan Michael Trautmann, David Oyelowo
Produc.: First Point Entertainment, Katonah Pictures, Perfect Weekend
  
Inspirada en hechos reales, 96 Minutos es una muy bien lograda película, que se preocupa, más que nada, de mostrarnos la sociedad que hemos llegado a construir. Recreando los hechos que llevarían a cuatro personas, pertenecientes a dos mundos muy distintos, a pasar una situación estresante que los cambiaría para siempre, la directora Aimee Lagos se toma el trabajo de llamarnos la atención, para que recordemos que todos somos, aunque no nos guste, parte de una sociedad que se está yendo cada vez, más a pique.
Uno puede que nazca en un lugar de privilegio, en una familia con altas o medianas posibilidades financieras y con un nivel cultural enriquecido. Esto probablemente implique que se saldrá más favorecido al momento de tomar ciertas decisiones que vayan por buen rumbo. O en el caso de que no lo fuesen, es de suponer que se estará siempre a tiempo de volver sobre los pasos y probar por otro camino. Se trata de la suerte de quienes hayan nacido en “cuna de oro”, pero que son un grupo reducido. Para estos privilegiados, encontrarse con alguien del sector más marginado podría acabar con sus alegrías.
Carley y Lena (Brittany Snow y Christian Serratos) son dos inteligentes, chicas universitarias. En el caso de Carley se lo deja bien en claro, cuando se la ve en plena acción con su grupo de debate, en donde, enfrentados a sus contrincantes, intercambian, con posiciones firmes, sus distintos puntos de vista sobre el trato que debería concederse a los criminales. Luego, en el caso de Lena, se la muestra en otro tipo de circunstancias, sufriendo por un novio infiel.
Del lado contrario tenemos a Dre (Evan Ross) y a Kevin (Jonathan Michael Trautmann), dos chicos nacidos bajo condiciones complicadas y a quienes cuesta, terriblemente, distinguir la fina línea que separa a la buena conducta de la mala.
A Dre lo conocemos como un chico que asiste a clases, es decir, que se esfuerza por hacerse un futuro. Hoy, precisamente, cuando va a recibir una importante y alentadora alta calificación, algo de lo que sentirse orgulloso. Tras la buena noticia Dre se encuentra con su novia, a quien pone al día, pero cuando ella le habla sobre verse más tarde, Dre le dice que no puede porque ha quedado con sus amigos. Kisha (Jamila Thompson) intenta disuadirlo de juntarse con esa gente, a lo que Dre, aparentemente seguro de sus argumentos, insiste en saber, exactamente, lo que él hace.
Pese a su actitud desacertada, Andre tampoco termina siendo del todo, la persona de quien deberíamos preocuparnos. Kevin, sin embargo, es acá la bomba de tiempo.
Kevin es de los personajes, el que las tiene más feas. Con un trasfondo que deja mucho que desear, el pobre no tiene idea de lo que hace, ni de en qué se está metiendo. Su diaria consiste en manejarse impulsivamente, creyendo que puede hacer lo que se le de la gana. Con todo, acaba dejándose manipular por la peor de las influencias, una pandilla de tipos con muy mala pinta, individuos carentes del sentido del comportamiento civilizado.
El hecho de que antes describiera a Kevin con el adjetivo de “pobre”, puede que para muchos suene equivocado, y más, si se tiene en cuenta, las atrocidades que está por cometer. Lo que ocurre es que, si uno se detuviera a pensarlo, quizás entendiera que este chico no es lo que vemos, porque así lo haya querido siempre. Con el tipo de existencia que lleva con, por ejemplo, una madre que es golpeada, estamos hablando de un muchacho cuyos modelos a seguir no son los más provechosos. Decir además, que Kevin tiene como objetivo ser aceptado por la pandilla, tener acceso total a las armas y disparar a muerte a quien él quiera, es lo mismo que apuntar a que Kevin está perdido, no tiene idea de en qué se mete, ni tampoco, de  lo que es cometer un crimen. Kevin está enojado, quién sabe si con alguien e particular, o si con todos, por el entorno tan jorobado al que le ha tocado llamar “hogar”.
Se hace de noche y Carley y Lena van a divertirse a un boliche. Allí, Lena ve de lejos a su novio y eso la angustia. Lena ahora quiere marcharse, cuando la fiesta recién está empezando, pero por suerte, la muy dulce de Carley se ofrece a llevarla  de vuelta.
Desafortunadamente, a veces sin que nos demos cuenta, estamos tomando una decisión en el momento menos indicado. Carley y Lena salen rumbo a su vehículo, justo cuando otros dos chicos están por la vuelta (Dre y Kevin), uno de los cuales se halla en su peor momento (Kevin) de la jornada. Entonces, los destinos de estas cuatro personas, de dos realidades opuestas, se cruzan y viene el desastre.
Carley y Lena son, en su propio auto, prisioneras de un desconocido, y Lena ha sido herida gravemente. Dre, que es quien está al volante y quien ya podría ser procesado por asalto y secuestro, empieza a manejar sin un rumbo fijo, aunque su objetivo es llegar a un hospital. Su compañero de asiento, consciente de lo que pasa, pero aterrado y enojado, sabe que irá a la cárcel y prefiere su libertad a que la chica sobreviva. Por consiguiente, ningún centro de asistencia médica es una opción.
Dre intenta pensar. El estúpido de Kevin, que no para de hablar, no se lo permite, y para colmo enciende la radio, para distraerse con su maldita música. Nada bueno puede salir de todo eso.
96 minutos es de esas películas en las que todo va de mal en peor, pero que tiene una gran enseñanza, que nos dice que seamos conscientes de quiénes somos, de con quiénes coexistimos y de que a veces "sí tenemos" opciones, y usarlas sólo depende de nosotros.
Gracias a un muy buen trabajo de cámara en mano y a un reparto bien elegido, ha sido que Aimee Lagos se las ingeniara para mostrarnos, lo más de cerca posible y de la manera, también, más realista, cómo es que transcurre un conflicto que parece un infierno.

Mi puntaje: 8/10


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jueves, 3 de mayo de 2012

"Un gran poder, significa una gran responsabilidad"

Título: Chronicle (Poder sin Límites)
Año: 2012
Género: Drama, C. Ficción, Thriller
Director: Josh Trank
Guión: Max Landis (escrito por), Max Landis y Josh Trank (historia)
Duración: 84min
Reparto: Dane DeHaan, Alex Russell, Michael B. Jordan, Michael Kelly, Ashley Hinshaw
Produc.: Davis Entertainment, Adam Schroeder Productions, Film Afrika Worldwide
Presup.: $12 millones aprox.

En Poder sin Límites, tres amigos se ven expuestos a una extraña sustancia que encuentran en un bosque. A partir de ese momento empezarán a experimentar el poder de la telequinesis.
Andrew Detmer (Dane DeHann) y Matt Garetty (Alex Russell) son primos. Sin embargo, la relación de íntima amistad que mantenían en su infancia, ya no existe. Andrew, por su parte, es un joven tímido, nada popular y quien consigue sentirse cómodo en una fiesta al llevar consigo una cámara de video, la cual, también, le trae problemas. Andrew termina saliendo de la fiesta, golpeado y sentándose a la intemperie.
Pronto, otro muchacho, su nombre Steve Montgomery (Michael B. Jordan), se acerca a Andrew por un favor. Él y Matt han descubierto algo y quieren que Andrew lo registre. Andrew sigue a Steve hasta el lugar de los hechos, el cual podría describirse como un curioso agujero en la tierra. Dentro de este, hallan algo inexplicable, una sustancia nunca antes vista, que hace ruidos muy agudos y emite colores, y que los dota de un poder que es, quizás, demasiado grande como para que puedan controlarlo. Luego, ambos primos experimentan juntos, acortando nuevamente las distancias.
Poder sin Límites es una de las primeras novedades del 2012, en la línea de El Proyecto Blair Witch (1999), Trollhunter (2010), Actividad Paranormal (2007) o Fenómeno Siniestro (2011), en un momento en el que el subgénero de películas de tipo “falso documental” o “material encontrado” se ha convertido en la nueva moda.
Acá tenemos, obviamente, al típico chico que carga con su cámara para todos lados y sin importar lo que ocurra, lo cual sirve de excusa para que podamos apreciar, casi que, de primera mano, todo lo que pasa. La mayor de las diferencias que presenta respecto a productos similares es que, mientras en Fenómeno Siniestro o El Proyecto Blair Witch estábamos expectantes a la aparición de fantasmas, monstruos o demonios, el centro de interés en este caso son los propios protagonistas, de quienes estamos siempre esperando que muevan o rompan alguna cosa, o hagan algo que nos sorprenda. Cada escena es otra ocasión para ir descubriendo que tan lejos pueden llegar, desde divertirse haciendo travesuras inofensivas, hasta cometer errores casi fatales. Esto último, que conduce a Matt a ver necesario establecer ciertas normas.
Es muy posible que algunos le vean cierto parecido con Carrie (1976) de Brian De Palma. Sobre esto, sólo puedo decir que Poder sin Límites dista mucho de ser una copia del clásico de los 70s, ya sea por su punto de partido, que es otro completamente distinto, o por el enfoque dado a sus personajes, de la mano del tipo de puesta en escena.
De tanto en tanto, las distintas circunstancias paranormales son puestas a un lado para que se aborde la complicada situación familiar de Matt. El chico vive bajo el mismo techo que su madre enferma, quien está siempre en cama, y que su discapacitado padre ex bombero, un hombre aterrado por la enfermedad de su esposa y que sólo sabe expresarse mediante la reprimenda.
La película nos va llevando a través de ese universo repleto de posibilidades, que implica el poder manipular los objetos, casi sin importar, la cantidad o los tamaños y sin tener que mover un solo dedo. Desde jugar con las piezas de un Lego, hasta arrastrar un auto, o incluso volar a lo Peter Pan, por entre las nubes. Empero, algo que estos muchachos nunca deberían de haber olvidado es de la enorme responsabilidad que significa contar con algo tan descomunal. Porque Matt es un tipo inteligente y lúcido, lo mismo podemos decir de Steve, pero no, de Andrew.
Andrew no es un mal muchacho ni tiene malos sentimientos, pero ni el mayor de los poderes ha podido evadirlo del peso de una madre que agoniza, o de un padre que sólo sabe gritarle o cuestionar lo que él hace y con quién anda.
Afortunadamente, en Poder sin Límites han sido capaces de ofrecernos un concepto que fuera más allá del volar y mover cosas. Se aborda la problemática de un muchacho que, incapaz de detenerse a razonar, se  ve obligado a ir al extremo, para desconfiar de todos, verlos como enemigos y sentir que deben ser castigados. Andrew acaba convirtiéndose en una suerte de Carrie, en versión masculina, sólo que sus posibilidades de acción y destrucción, son mucho mayores y más catastróficas.
Con las andanzas de estos muchachos se nos va revelando cómo cada uno disfruta de su capacidad sobre humana, para que luego veamos, sobre el cierre, el verdadero despliegue de efectos visuales. Ahí es donde la acción inunda la pantalla, con extras, vehículos y vidrios volando por todas partes, por culpa de un chico perturbado. Todo lo que vemos constituye la sumatoria de un trabajo de pirotecnia, amplio uso del croma (pantalla verde) y una gran variedad de añadidos digitales. En este mismo cierre es donde la película pierde parte importante de su dimensión dramática, para que todo se convierta en algo meramente entretenido, similar al combate entre súper héroes y villanos. Fuera de eso, esta nueva sucesora del El Proyecto Blair Witch vale, ciertamente, la pena, y no es, una mas del montón.

Mi puntaje: 7/10 
 

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sábado, 28 de abril de 2012

"Scorsese en la cuna del cine"

Título: Hugo (La Invención de Hugo)
Año: 2011
Género: Aventura, Drama, Familia
Director: Martin Scorsese
Guión: John Logan (escrito por), Brian Selznick (libro)
Duración: 126min
Reparto: Asa Butterfield, Chloë Grace Moretz, Ben Kingsley, Sacha Baron Cohen, Ray Winston
Produc.: Paramount Pictures, GK Films, Infinitum Nihil
Presup.: $170 millones aprox.

En La Invención de Hugo se nos ubica en el París de los años 30, en donde Hugo Cabret (Asa Butterfield) es un niño huérfano que vive escondido en una estación de trenes y cuya especialidad es reparar artefactos. Hugo lleva una existencia solitaria, con un tutor ausente, su alcohólico tío Claud (Ray Winston), un bueno para nada, incapaz de cuidarlo o de arreglar los relojes de la terminal, labor del que se ocupa su sobrino.
Entre sus pertenencias Hugo cuenta con un autómata, una máquina que imita la figura y movimientos de un ser animado y que constituye el mayor legado dejado por su padre. Él sabe que este artilugio ha sido diseñado para expresar algo en papel, ya sea una frase, un dibujo o algún tipo de mensaje. Sin embargo, su autómata no está completo y Hugo debe de hallar ciertos elementos para facilitar el funcionamiento de su mecanismo. Así, un día en que Hugo se encuentra activo en sus cosas, se topa con Georges Méliès (Ben Kingsley), un vendedor de juguetes de la estación, que no le tiene ninguna simpatía, además de llamarlo ladrón. Furioso, Méliès le arrebata otra de sus más preciadas posesiones: un libro, para el niño, de crucial importancia y sin el cual va a sentirse perdido. Para colmo, su presencia misma en la estación no es nada bien vista, en donde, a ojos del inspector, él no es más que un fugitivo. Lo que significa que Hugo ha de acercarse al negocio de Méliès para recuperar lo que es suyo pero, sin ser, en el acto, detenido. Poco más tarde Hugo conocerá a Isabelle, niña ahijada de Méliès, a quien pedirá que le ayude a recuperar su libro y con quien descubrirán un secreto maravilloso. 
Tras muchos años hablándonos de tipos duros (Buenos Muchachos 1990, Casino 1995, Pandillas de Nueva York 2002 o Los Infiltrados 2006), Martin Scorsese ha decidido pasarse hacia un relato que, por fin, niños y adultos puedan disfrutar a la par, y en donde no se escuche ni una sola injuria a lo largo de toda la película. Scorsese deja el mundo de la corrupción y la violencia para tratar de brindarle su sello personal al libro de Brian Selznick, concediéndose la posibilidad de hacer homenaje a uno de los momentos claves del surgimiento de ese mundo del espectáculo que le abrió a él sus puertas. 
Brian Selznick había abordado antes esa historia, mostrando en imágenes las circunstancias que rodearan a Georges Méliès, ilusionista y, posteriormente, cineasta. Méliès era un hombre que en una feria, tras conocer a los hermanos Lumiere y a su intrigante proyector cinematográfico, había quedado fascinado y, querido, luego, comprárselos. Pero los hermanos se habían rehusado a venderlo y al final Méliès había diseñado su propia versión del mismo aparato. 
En el libro, Selznick inventaba, por otra parte, a Hugo, un niño hábil con las manos y quien nos vincularía a nosotros con el señor Méliès. 
Respecto a la película, Scorsese nos muestra quién es Hugo y qué es lo que él busca, valiéndose de flashbacks que lo expliquen mejor. El niño vive enteramente por las suyas y en una realidad que le es ajena al resto. Ahora, cuando Hugo ve cómo la injusticia o la mala suerte lo vuelven a acompañar, se hace muy difícil sentir su sufrimiento desde afuera, ya que en todo momento se le ve con, exactamente, la misma expresión en el rostro, lo cual habla de un trabajo no muy bueno en la dirección de actores. Si uno pusiese la película, mirase a Hugo detenidamente en tres o cuatro escenas y luego acelerase la cinta unos cuarenta minutos, se sorprendería por encontrarse con los mismos gestos exactos, ineficaces al momento de transmitir lo que el niño siente o piensa. Tratándose, entonces, de una película cuya temática es en efecto, interesante, fácil de entender, muy bien fotografiada y excelentemente recreada, en términos de reconstrucción histórica, el perfecto toque final hubiera sido una actuación más convincente y quebradora de corazones, que ciertamente no vemos nunca. 
Por otro lado, debe destacarse la calidad de Scorsese al hacerle un breve repaso a la propia historia del cine, cuyo origen estuviera, precisamente, en Francia. Sirviéndose de Georges Méliès, como motor desencadenante, el director nos da un pantallazo sobre el cine primitivo y en donde nos señala cómo fue que empezó todo y cómo surgieron los efectos especiales, a partir de los primeros cientos de metros de celuloide. 
Creo que lo peor que podría suceder a estas alturas, sería que el espectador fuera ajeno a dichas circunstancias. Quienes conozcan los detalles históricos más elementales sobre los inicios de este arte, quizás se vean emocionados y hasta erizados, frente a este segmento. Quienes, en cambio, no conozcan nada, seguramente crean que se trata de un muy entretenido cuentito, pero inventado. A los de este segundo grupo les recomiendo La Verdadera Historia del Cine (1995) de Peter Jackson.

Mi puntaje: 7/10


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miércoles, 25 de abril de 2012

"Atrapado, por un secreto"

Título: Brake  
Año: 2012
Género: Crimen, Thriller
Director: Gabe Torres
Guión: Timmothy Mannion
Duración: 92min 
Reparto: Stephen Dorff, Chyler Leigh, JR Bourne, Tom Berenger
Produc.: Walking West Entertainment, La Costa Productions

En Brake, Jeremy Reins (Stephen Dorff) despierta, de pronto, para darse cuenta de que se haya atrapado en una extraña caja de cristal, iluminado por una luz roja y, que, sin importar hacia donde mire, todo es completamente oscuro y desconocido. Jeremy tampoco sabe cuál es su ubicación en el mapa o cómo ha llegado hasta allí.
Hace dos años pude ver Enterrado (2010), del director español Rodrigo Cortés y protagonizada por Ryan Reynolds. En ella, Reynolds era Paul Conroy, un inocente ciudadano, quien necesitado de dinero, había tomado el trabajo de conductor de camiones en territorio Iraquí, para transportar a los soldados, no involucrándolo esto a él en la batalla. Pese a todo, las cosas habían terminado saliéndole mal y ahora despertaba en un ataúd de madera, quién sabe dónde, con un celular como único recurso.
Viniendo ahora al presente, ayer pude deleitarme con otra propuesta muy parecida, pero para mi gusto, muy superior a nivel argumental. En Brake, Stephen Dorff cuenta con un mayor abanico de herramientas y, si bien su imagen es lo que predomina en la pantalla en el 99% del tiempo, la acción, el suspenso y el drama que se construyen en torno a su figura son tales, que uno carece de tiempo, como para aburrirse.
En principio, la idea es exactamente la misma que en su predecesora. Un tipo que ha sido encerrado en un espacio muy reducido y que trata de escapar, y un lenguaje presentado bajo la única alternativa de mostrar al personaje y a su claustrofóbica prisión, desde todos los ángulos de interés posibles. Algo, ya, nada novedoso, sin pensamos en Enlace Mortal (2002) o en 127 horas (2010). Sin embargo, a diferencia de su antecesora más directa, acá los ritmos resultan mucho mejor logrados y no hay escena que se haga demasiado lenta. Todo hecho que acontece en los alrededores, repercute de alguna manera dentro de la caja, de modo que sepamos que Jeremy, aún desde su encierro, también la sufre por los líos que hay afuera. Incluso cuando se produce un tiroteo, una bala perdida atraviesa el cristal y lo hiere en una pierna.
Uno podría encontrarle cierto parecido, también, con cualquier de las entregas de la popular franquicia de terror El Juego del Miedo (2004), si bien en este caso el uso del reloj nunca llega, tampoco, a estar fuera de lugar. No bien Jeremy despierta, en seguida se percata de la existencia de un contador, ubicado por fuera de los cristales, justo encima de él. Más luego encuentra a un costado (pero, de su lado), una radio con intercomunicador. No le será difícil constatar que, cada vez que la cuenta numérica llegue al cero, significa que algo distinto va a sucederle y que con cada cuenta regresiva, nuevas posibilidades de comunicación se ponen a su alcance. Lo que Jeremy ha de hacer, es dar con una frecuencia que lo ponga con la persona indicada, si es que desea salir con vida. Mientras tanto, tendrá que discernir porqué motivo lo están torturando así.
En un momento Jeremy consigue la respuesta a su mayor interrogante, pero no por eso las cosas dejan de complicarse. Ahora se enfrenta a ciertas trabas que le impiden cumplir con lo que le piden, lo que lleva a que sean aún más los conflictos que debe resolver.
Por último, ya hablando del final, sólo puedo decir que pocas veces he visto algo parecido. Cuando uno se espera que ocurra una cosa y termina sucediendo otra, aún más sorprendente y original, es cuando uno, más se da cuenta, del valor de un buen argumento.

Mi puntaje: 8/10


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